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EP046: Janzu/Renacer

Mi último día de vacaciones en Puerto Vallarta.  Lo que fuera hace unos 30 años un pueblito pintoresco, ahora es de todo: un importante puerto, uno de los principales destinos turísticos de México, un desarrollo enorme de resorts y espacios para convenciones, una oferta gastronómica del más alto calibre y ahora, una reunión de spas con todo tipo de técnicas e instalaciones especializadas.

Cuando salgo de vacaciones, soy de los que siempre están buscando gimnasios y spas, para mi es muy importante la relajación y poder sentir que realmente me estoy desenganchando del negocio lo cual, en mi caso al menos, debe de ir en nivel mente así como en cuerpo.  Frecuento Vallarta en promedio una vez por año y he sido testigo en los últimos 24 años de cómo ha crecido la oferta de spas y masajistas locales.  Creo que actualmente se está viviendo su mejor momento ya que no sólo hay spas independientes en la ciudad, sino que también los grandes hoteles han invertido en espacios tan sofisticados que no le piden nada a instalaciones en Las Vegas, Bangkok o Miami.

En esta ocasión estuve en el Hotel Sheraton Buganvilias y su spa “Maiavé” tiene unos dos años de apertura. ¿Qué les puedo decir? Es fantástico, en verdad me ha parecido impecable no sólo en limpieza e instalaciones, sino también en el trato del personal.  Las atenciones recibidas realmente te hacen sentir que estás en un espacio protegido, ajeno al mundo exterior.  El año pasado pude tener un tratamiento aquí y quedé tan complacido que repetir esta vez era un anhelo desde semanas antes de llegar.  Sin embargo, ahora en su menú de servicios me ofrecieron una nueva terapia acuática llamada “Janzu”. Yo había escuchado una conversación en el pasado acerca del “Watsu” (Water + Shiatsu), pero al parecer esto era totalmente distinto.  Así que de inmediato les dije ok e hice mi reserva.

Hace unas horas que recibí mi Janzu y fue tal mi experiencia que ahora estoy escribiendo al respecto. Para empezar, el Janzu es una técnica terapéutica de origen hindú  y su esencia yace en el poder curativo del agua. Se tiene que hacer en una alberca climatizada a una temperatura de unos 30 a 32 grados celsius. En algunos lugares del mundo lo hacen al aire libre en lagos o ríos (!!!).  Debe de ser desempeñado por un terapeuta entrenado el cual te guiará en una serie de movimientos rítmicos y de trayectoria a lo largo de la alberca. Durante el proceso, deberá haber una sincronía colaborativa del cliente con el terapeuta en cuestión de movimiento y respiración ya que una buena parte de la sesión será llevada a cabo sumergido. (Te proporcionan un clip para la nariz).

Debo admitir que al inicio del ciclo me desconcerté un poco sobre la dinámica que seguiría, pero eventualmente pude agarrar literalmente “la onda” y fluir en el tratamiento.  Mi terapeuta se llama Arturo Aguilar y él fue entrenado por uno de los colaboradores de quien originalmente trajera esta técnica desde la India a México, Juan  Pathik Villatoro.  Arturo me pudo dar una inducción de lo que se busca lograr con el Janzu (palabra que en chino significa “río pacífico”) y simbólicamente te exhorta a desconectarte de tus preocupaciones en el agua, como una metáfora de “limpieza interior”, a la par que incentiva el pensamiento reflexivo en un efecto de regresión al lugar donde no hay problemas, no hay prejuicios, no hay nada más que la calidez y el cuidado de una madre; su vientre.  Por esta razón, el efecto del Janzu puede ser desde terapéutico en función de dolor y tensión muscular, migrañas y stress; hasta una experiencia genuinamente liberadora y transformadora.

Sin duda mi experiencia fue una de resultados holísticos; pude llegar en medio de los movimientos, la temperatura del agua y la iluminación en la alberca a un nivel de introspección y de meditación profunda.  Creo que el hecho de que yo tenga años de practicar la natación ayudó muchísimo a elevar el resultado ya que en lugar de estar distraído con la respiración,  yo estaba más bien arribando a un momento de consciencia que pocas veces he sentido.  En momentos de la sesión me encontraba levitando en el vacío, sujeto tan sólo de los tobillos por Arturo y pensando en las cosas de las que puedo prescindir en la vida, ya que me di cuenta de que son ésas las que determinan el verdadero lujo/confort y no las que poseo, como nos han enseñado a pensar.

Al término de la sesión, yo me sentía revitalizado, en mis pensamientos y en mis músculos. Rejuvenecido y alerta gracias al espíritu del agua. Ahora entiendo porqué le llaman al Janzu la terapia del renacimiento. No sé si sea algo universal, pero decididamente creo que debería de ser algo que todos tratemos al menos una vez.  Le agradezco a Arturo su indispensable participación en mi experiencia Janzu y espero que pueda repetirla en el futuro muy próximo.

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Food 4 Thought

EP032 Pictórico Pletórico

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En un par de días más tendré la gran fortuna de visitar algunos lugares de Europa que hasta hoy son desconocidos por mí: Londres, Bruselas, Brujas y luego un lugar en el que pasé tan sólo un día hace unos 9 años, Amsterdam.

En lo personal yo soy el tipo de turista de museos y monumentos históricos. No tanto del shopping ni de los antros. Disfruto más el silencio que se compra en estos lugares mientras que se aprecia todo tipo de arte. En particular, soy más de museos de arte moderno, contemporáneo, me encantan las instalaciones, y disfruto de los museos dedicados a retratos.  Hay ciertos museos que permanecen en mi predilección íntima: el Munal de Ciudad de México (el edificio mismo es una obra de arte); el Met, la galería Frick y el Guggenheim en Nueva York; el museo Ludwig en Colonia, el Pergammon, la Nueva Galería Nacional y el Gemäldegalerie estos tres en Berlín, el Prado en Madrid, el Art Institute de Chicago, el Museo Nacional de Bangkok, el Museo Van Gogh de Amsterdam y mi favorito de todos, el bellísimo Musée d’Orsay en París.  Se me hace interesante ahora que escribo esto ver que muchas de éstas ciudades (Nueva York, Ciudad de México, París, Berlín) que albergan no sólo cualquier cantidad de los museos más importantes del planeta sino también que ofrecen espectáculos de tipo teatro, ópera y musicales, son el tipo de urbes a las que uno puede visitar varias veces en la vida pero cada vez parecerá una ciudad distinta. Lo vibrante y lo actual de su signo cultural las transforma y uno como turista siente que tiene otra vez poco tiempo para conocerlas de nuevo.  Creo que eso es la base aspiracional de toda ciudad para referencia global: el dinamismo y el latir de su movimiento cultural.  Me apena que mi ciudad sea una donde museos hayan cerrado sus puertas (Museo de Monterrey), o bien, museos se hayan suspendido en su construcción, como los tres museos en proyecto en San Pedro Garza García.

Quedan muchos museos por conocer y otros que no menciono aquí, pero creo que esa lista va a cambiar después de este viaje. Cuando uno ya está ahí, se enfrenta a tantas obras maestras de los más famosos y renombrados artistas. Nada más en el Vaticano o en el Louvre todo a lo que uno está expuesto; hace sentir que somos nosotros los que vamos a rendir tributo y tenemos muy contados los minutos para hacerlo.  Una vez ahí, ¿qué hace que una pintura sea de más impacto que otra? ¿Que la hayamos visto desde niños en libros de estudio y ahora se vuelve realidad? Definitivo me ha pasado. ¿Que de pronto nos cautive su belleza aún sin tener información previa al respecto? Más de una vez que me ha sucedido al igual. ¿Su incalculable valor monetario? Una vez un grupo de niños en el Moma iban con su maestra y de pronto se detuvieron en el Pollock One: Número 31. Los niños no sabían qué tenían enfrente, para ellos era algo que ellos mismos podrían haber hecho pero en una escala mayor. Realmente no prestaban mucha atención a lo que la maestra les explicaba de la pintura, hasta que ella usó la frase mágica: “Un cuadro de este artista muy similar a éste se vendió en 140 millones de dólares”. Ahí fue cuando todo cambió con el grupo y los “WOW!” se dejaron escuchar y entonces sí, decenas de preguntas volaron al aire de niños curiosos y perplejos.

En lo que respecta a las pinturas que habitan en cada museo, a veces, como en el d’Orsay, donde de pronto tienes un Van Gogh y en el mismo cuarto hay uno o varios Degas, Toulousse y Cézanne no sabes ya si es un concurso o cómo reaccionar que al finalizar la visita, si alguien te preguntara cuál fue tu favorito o lo que más te gustó, simplemente dirías que no sabes qué responder.  En efecto, hay obras que me han dejado sin aliento al estar enfrente, totalmente inesperado, al entrar a un recinto y toparte con esa aparición que te arrebata, que te deja con tantas preguntas que inequívocamente serán respondidas por tu propia imaginación.  Ejemplos de ésto para mi:

No podemos saber qué estaría pasando por sus mentes, qué tantos sacrificios tuvieron que hacer para terminarlas, si estarían conscientes de que estaban creando perfección, un legado que llevaría sus nombres hacia el fin de los años.  Me acuerdo de la película de “La muchacha con el arete de perla”, donde vimos a Verneer sufrir y a la modelo otro tanto para poder terminar esa pintura.  ¿Cuál será la historia de cada una de éstas? Por cuáles habrá pasado Picasso para terminar el “Guernica”, o Botticelli para su “Nacimiento de Venus” o “La Anunciación”.

Así que ahora, de lo que he visto, ya estoy algo ansioso de ver esto:

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Estoy algo ansioso porque quisiera que el tiempo alcanzara para no sólo ver todos los museos completitos sino también todos los sitios históricos y monumentos de cada ciudad.  Supongo que de eso se trata la vida, de permanecer siempre hambriento de más.