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Cultura Pop, Experiencias de vida, Food 4 Thought, Self-improvement, sociedad, vida

EP052: El N.R.E.

NRE

No puedes parar de besar. Te encanta hablarle, te encanta más verle. Sus ojos te rasgan y a la vez te enajenan. Se acaban las horas tan rápido y la luz se convierte en noche y a veces la noche nuevamente en luz pero aún así, no es suficiente. Regresas a tu casa sintiendo como si hubieras cometido una travesura. Llevas esa sonrisa que sólo los enamorados tienen, como si fueras el guardián de un pícaro secreto del que todos quieren enterarse. Llegas finalmente y buscas comida en el refrigerador pero sigues enganchado con todo lo que pasó tan sólo un par de horas atrás.  Cae la noche nuevamente y sientes que tu cuerpo se comporta distinto, que necesitas marcar ese número porque te acuerdas y  enseguida dices “¡ay que rico!”.  Noticias para ti: Estás intoxicad@ de amor.

En realidad no tienen mucho de conocerse pero van recién llegando a ese punto en el que las barreras del temor de ser perfectos desconocidos han caído.   Beyoncé trata de explicar este fenómeno en su canción “Drunk in love”.  Dan Savage habla constantemente de este sentimiento en su podcast, Savage Love.  La activista poliamorosa Zhahai Stewart lo acuñó a mediados de los 80, pero hoy estamos conscientemente adictos a este concepto: NRE, New Relationship Energy, en español, ENR o Energía de Nueva Relación.  Me tiene fascinado este tema.  Todos lo hemos vivido y el que no, ¡la que le espera!.

En verdad el ENR no es otra cosa que el “enamoramiento” y sí, en las primeras fases de una relación es cuando nuestros cerebros salen corriendo por la puerta trasera y terminamos haciendo cosas inexplicables, frenéticas y con frecuencia, estúpidas.  Pero todas ellas parecen en su momento ser las mejores ideas que se nos pudieron ocurrir, tienen todo el sentido del mundo y es sin duda que por eso dicen que el amor mueve montañas y pone al mundo de cabeza.  Fisiológicamente el ENR proviene de un estímulo en nuestros neurotransmisores ya que se incrementa la secreción de dopamina, serotonina y noradrenalina, algo así como tomarse una tacha. En consecuencia nos enajenamos y nos volvemos locos y queremos más, mucho más y por una razón: en este trance todo, absolutamente todo de la otra persona es fabuloso y nosotros mismos tratamos de ser maravillosamente ejemplares y ¿qué crees? resulta facilísimo lograrlo ya que la otra persona está flotando igual, suprimiendo todo juicio negativo y viviendo el momento a todo. ¡Qué divino, verdad!

Ahora la incógnita: ¿cuánto dura la ENR? ¿cuánto tiempo para que esté visitando al dealer Tinder nuevamente? Aquí hay muchas respuestas.  Algunos autores dicen que de 1 a 12 semanas, otros sostienen que de 6 hasta 24 meses.  La película aquélla ochentera con Mickey Rourke en su último momento de guapura y la exuberante Kim Basinger ambos viviendo a todo el trance de ENR revela desde su título esta duración: 9 1/2 semanas.  En esta película el personaje de Kim Basinger tenía un prospecto amoroso muy formal y que buscaba un compromiso de largo plazo pero ella lo deja ir por perseguir el ENR del nuevo e impredecible romance con el galán de Rourke, el cual pierde finalmente en ese lapso de tiempo. Sucede en la vida real también, la gente termina dejando relaciones estables y de años por sentir agotado el sentimiento de ENR y conocer a alguien nuevo que ofrece incertidumbre pero más fuerte que nada, emoción.

La generación X ha sufrido mucho con este concepto. No perdonan infidelidades y hasta siquiera un beso puede terminar con un matrimonio. El dogma de la monogamia conserva muchas reglas, la mayoría algo rígidas y casi todas tácitas. Los millenials han venido cambiando este paradigma y le han dado flexibilidad. Saben que la ENR es fortuita pero necesaria para muchos y están dispuestos a dispensar alguna indiscreción de su pareja con tal de conservar la estabilidad de largo plazo de la relación siempre y cuando haya una comunicación totalmente abierta sobre sus escapadas amorosas.  Es más, los verdaderos conflictos al respecto son causados por no mencionar en la cena la experiencia más que por el acto físico de infidelidad en sí.  El engaño sobrepasa al cuerno.  Finalmente vemos los primeros asomos de las incursiones en la arena amorosa de los Gen Next, los Gen Y y los iGen’s en la que el poliamor se propone como una solución al sufrimiento de una traición.  Se desarrollan relaciones abiertas con múltiples amantes sin importar su género. Su bandera es que la sexualidad es un espectro y es uno que se comparte.  También en ellos hay plena comunicación, de hecho es la piedra angular de este tipo de relaciones, con tal de permitirse sentir constantemente el efecto ENR y capitalizarlo al permitirse expandirlo por el resto de las áreas de la personalidad como creatividad, deporte, productividad lo cual, les brinda un empoderamiento y comando de su propio desarrollo personal.  Esto me lleva a pensar que el ENR es, de hecho, algo bueno y muy deseable a pesar de que si es mal manejado debido a su volatilidad, éste podría resultar peor que una cruda de año nuevo.  Todas estas representaciones modernas del amor rompen  profundamente los esquemas que nuestros padres y abuelos jamás imaginaron; es el nuevo rumbo donde sí importa la otra persona pero nunca más que uno mismo.  Es la búsqueda de la supervivencia del corazón, la supresión del dolor y la angustia, es la evasión de la pérdida y el arrepentimiento; en otras palabras, es el escape del enfrentamiento consigo mismo ante el desengaño amoroso.  Brené Brown lo describe perfecto: Al final no somos más que vehículos imperfectos en los que otras personas depositan su amor.

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Pero, ¿es posible mantener el ENR con una misma persona en el largo plazo? Es decir, ¿existe algo como la Energía de Larga Relación o ELR?  Escuché a una mujer en el podcast de Savage Love sostener el argumento de que para conservar el ENR con la misma persona lo que hace es llevar esas relaciones de manera intermitente, o sea, romper con ellos por cuatro a seis meses, mientras salir con otra(s) persona(s) para luego regresar con el mismo de siempre y volver a sentir ese ENR.  Pues eso está muy bien para ella pero me pregunto qué tan difícil será encontrar a alguien que esté dispuesto a algo así.   Otros autores dicen que lo más recomendable es apegarse a las cuatro A’s básicas de las relaciones: Apreciar, Admirar, Adorar y Aceptar.  Hacer cosas juntos, constante comunicación, generar experiencias conjuntas que dejen una huella de recuerdo a la cual recurrir en momentos difíciles tal y como un mapa de la relación, pueden convertirse en un ELR, siempre con las cuatro A’s activas.  Es raro encontrar parejas que lo logren y esto radica en que todos estamos buscando el camino más simple a la felicidad así como todos queremos evitar dolor y sufrimiento.  Lo que sé de cierto es que si en aras de evitar vulnerabilidad y heridas nos convertimos en un condominio de amores, pronto seremos nuestros propios testigos de cómo suprimimos el sentido de compromiso, pero no sólo a una persona sino a todos los aspectos de vida en general.  Porque existen dos tipos de personas: los que buscan compromiso y los que buscan libertad.  Nadie que busca compromiso quiere andar con alguien que desea ser libre. A menos que esté intoxicado de ENR, claro está y es aquí la recomendación generalizada de todos aquéllos que escriben sobre este fenómeno: mientras estés experimentando ENR por el amor de Dios, no firmes nada. No firmes contratos de arrendamiento conjuntos, no firmes membresías conjuntas de gimnasio, no firmes traspasos de dominio ni cesiones de derechos y especialmente, no firmes actas de matrimonio.  Suena casi cómico esto pero pensándolo bien, tiene mucho sentido. ¡Ojalá hubiera leído de esto antes y me habría ahorrado un par de malos tratos en el pasado!

 

Para mi, las relaciones se pueden representar como un triángulo que tiene en cada esquina los siguientes conceptos: Intimidad, Compromiso, Pasión. Un triángulo. Así como una delta, que en matemáticas implica el cambio o diferencial.  Cada esquina tiene un ángulo y dependiendo de cuál de estos conceptos defina más esa relación ese triángulo podrá ser más isósceles o más escaleno.  ¡Qué difícil es hacerlo equilátero, verdad? Pero la perfección es aburrimiento y eso hace propensos a los participantes a buscar o ser susceptibles de ENR, poniendo así en riesgo su relación actual.  Sin embargo, me pregunto si de pronto a tu misma relación le cambias este delta y le incrementas uno de esos componentes, ¿resurgirá entonces un feeling de ENR nuevamente?

Existe una canción que para mi describe perfecto el ENR y se las comparto aquí. Se trata de “High on You” de Survivor en la que el cantante se describe a sí mismo intoxicado, colgado totalmente de la droga del nuevo amor para llegar a su momento más bajo, mendigando esa energía del nuevo amor en medio de la calle.

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EP051: La cuisine mexicaine

Siempre he dicho que cada persona debería saber cocinarse su platillo favorito. Pero también creo que uno debería aprender las mejores recetas de su propia madre. Esas que serán inolvidables, que de seguro extrañaremos en la distancia. Por ejemplo, mi plato mexicano favorito y que me he empeñado en su preparación es el pescado a la veracruzana. Me puse a aprender hasta que lo saqué exacto en el sabor que más me agradó. Lo más difícil fue la salsa, siempre hay algo que falta o sobra. De hecho, yo creo que el secreto de las salsas es algo que siempre dará el extra al éxito en muchas cocinas.

pescado veracruzana
Pescado a la veracruzana

En la comida mexicana, las salsas te pueden levantar unos tacos, unas tostadas, ¡un restaurante! Es el secreto de qué hay en ellas lo que seguramente te hace regresar a un lugar por más. Un día viendo ese show de concurso “Top Chef” les tocaba un reto a los concursantes quienes con ojos vendados debían probar una salsa y tratar de nombrar todos los ingredientes que en ella habían. Quien lograra decir más ganaba la prueba. Una de las salsas resultó ser mole y tocaba el turno a una chef americana con influencia europea. En verdad, si un mexicano saca con ojos vendados que es el sabor del mole, nada más por cultura general se avienta diciendo los ingredientes sin parar y claro que salen hasta 10. Pero ella no logró identificar que se trataba de mole y dudo que aunque hubiera sido así, no habría sabido lo que se incluye en esa salsa: chocolate amargo, chile ancho, chile mulato, chile pasilla, chile chipotle, jitomates, almendras, plátano, nueces, pasas, ajonjolí, clavo, canela, perejil, pimienta, cebolla, ajo, haba, semilla de cilantro y tortillas. 20 ingredientes en total. ¡Es más reto hacerlo que adivinar sus ingredientes!

Enrique Olvera, incluye en su premiado restaurante “Pujol” un platillo que no ha dejado de ser incluido en su menú desde su apertura. La clientela no deja de pedirlo y consiste en un plato plano en el que sirve un espejo de mole oscuro y encima otro más de mole mas claro. Estos elaborados por él con una receta seguramente ultra secreta. Nunca he tenido la suerte de comer en “Pujol” pero puedo imaginar la riqueza de ese platillo para que sólo consista de una salsa. Esto es lo que fascina de la comida mexicana, simplemente no hay fin. Hay platillos regionales pero en todo el país cada quien hace sus versiones del mismo.

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El mole madre de Enrique Olvera en Pujol

Creo que me falta mucho por descubrir de la gastronomía mexicana pero definitivamente tengo mis regiones predilectas: Oaxaca, Puebla, Chiapas y mi favorita de todas, Yucatán. ¿Qué cosas me han fascinado de estas regiones? Es difícil siquiera comenzar pero haré mi mejor esfuerzo:

Oaxaca: En el momento que llegué una mañana al hotel boutique en el que ofrecían desayuno y comida a los huéspedes, percibí un delicioso aroma a especies proveniente de una cocina como la que podría tener mi mamá en su casa y al asomarme pude observar a dos mujeres preparando lo que ofrecerían al mediodía como su menú de comida corrida. Era un olor que compartía una mezcla de chiles secos y caldo de pollo con frutas cítricas, guayaba y piña principalmente. Me felicité de haber elegido este hotel y preferí quedarme y esperar un par de horas hasta que sirvieran la comida. No me arrepentí de mi decisión. Nos sirvieron una delicia, eran unos chilaquiles a partir de tlayuda (tortilla típica de la región) con mole amarillo y cecina. Jamás había yo comido algo así, y de las 13 ó más variedades de moles que hay en el Estado, esta especialidad fue algo que me cautivó en su suave sabor afrutado y ligeramente picante que nunca he vuelto a probar. Después de esta delicia y las que siguieron durante mi viaje aprendí de Oaxaca que una buena parte de la experiencia de disfrutar la comida mexicana radica en la calidez con la que es preparada y servida. En “Como Agua Para Chocolate” el personaje de Tita decía que su secreto para cocinar tan bien era hacerlo con amor. No se equivocaba. La tradición de las familias mexicanas de comer juntos lo que la mamá preparó es muy valiosa, los tiempos modernos tratan de arrebatarlo de nuestra cultura sin misericordia, visitar Oaxaca puede en cierto extento regresarte esa noción de confort que sólo la comida hecha por mamá te entrega.

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Mole amarillo oaxaqueño con carne de cerdo

Puebla: Uno de los más bellos Estados de México. Dicen que en Cholula hay una iglesia para cada día de la semana, no sé si sea verdad pero esto sí me consta: donde sea que te pares podrás contar al menos 5 iglesias a tu alrededor. En Puebla me tocó comer los mixiotes más exquisitos que haya probado. Esto sucedió en la Fonda de Santa Clara y fueron tan deliciosos que regresé durante el mismo viaje a repetir mi comanda. ¿Qué es el mixiote? Es carne enchilada (en este caso era de carnero), se cocina con alguna clase de salsa, normalmente de chiles y hierbas de olor, entre las que destaca la hoja de aguacate, laurel, tomillo, mejorana y orégano cocida al vapor, envuelta en una película que se desprende de la penca del maguey pulquero. Esta película recibe el nombre de mixiote y a ella debe su nombre este platillo. Debo admitir que cada que regreso por alguna razón a Puebla siempre me quedo con las ganas de ir otra vez por un mixiote, no he tenido oportunidad aún pero ya lo puse en mis pendientes de 2020.

Chiapas: Mi Estado más querido y favorito de la República Mexicana sin duda. Caminar por las calles de San Cristóbal de las Casas es un verdadero placer, especialmente por las mañanas cuando sólo se percibe el olor de tierra mojada y café recién hecho. El llegar a una fondita a almorzar es un sentimiento entrañable y al momento de probar ese café de granos chiapanecos el día cobra instantáneamente una cierta alegría para ser vivido. Obvio, si se disfruta con una pieza de pan dulce la experiencia vale por dos. Aunque el desayuno de huevos chiapanecos con frijoles de olla revueltos es una delicia, fue en Chiapa de Corzo que encontré mi amor: el cochito horneado. Se trata de una carne de cerdo horneada y aderezada con una salsa en la que participan varias especias, hierbas aromáticas y el chile ancho. Se acompaña con un caldo llamado recado, lechuga y cebolla. Se supone que es típico de prepararse en el mes de enero para la “Fiesta Grande” del pueblo pero pues ya muchos restaurantes lo sirven todo el año. ¡Qué delicia la verdad! Con unas tortillitas recién hechas y calientitas hasta una lágrima se le sale uno al probar. De esas cosas que te hacen decir: “¡pero volveré!”

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Cochito Horneado

Yucatán: Bueno pues aquí sí que ni mil palabras me van a servir para describir la adoración que siento por la cocina yucateca. ¿Por dónde empiezo? Es aquí donde a mi parecer se encuentra el único antojito mexicano que no se dora: Los papadzules. Son envueltos de huevo duro picado cubiertos en una salsa hecha de pepitas de calabaza con un una leve porción de salsa de tomate rojo encima. Puedo comer una docena de éstos en una sentada. Son los papadzules para mi paladar un verdadero logro culinario. Cada que visito Mérida o Ciudad de México visito el restaurante de “Los Almendros” para darme gusto con esta exquisitez. Adicionalmente, siempre termino degustando el queso relleno, los frijoles con puerco, los increíbles panuchos, los salbutes, la sopa de lima y por supuesto que la cochinita pibil. Los famosos huevos motuleños para iniciar el día son obligadísimos en Yucatán. El achiote siempre será el mejor aliado de la comida yucateca pero no todos los platillos lo utilizan, por ejemplo el pavo en relleno negro, un platillo con presentación algo fuera de lo normal por su color pero delicioso por igual. Se prepara con carne de pavo y “recado negro”, una salsa típica de la región hecha a base de chile rojo seco, epazote y ajo. La verdad, no sé de todo esto cuál elegir como mi más favorito, pero lo que sí sé de cierto es que si yo viviera en Yucatán de seguro pesaría 10 kilos más.

papadzules
¡Los papadzules yucatecos!
cochinita pibil
Taquitos de Cochinita Pibil
panuchos
Los Panuchos Yucatecos
Motulenos eggs breakfast of Mexico
Huevos Motuleños

Aunque el único Estado de México que no tengo aún el placer de conocer es Sinaloa y que con gusto desearía vivir su comida, quisiera también darme una segunda ronda para adentrarme aún más en la experiencia culinaria de cada uno con particular interés en Michoacán, Jalisco, Veracruz e Hidalgo. Quiero particularmente constatar las diferencias entre los tamales y las enchiladas de cada región, platos mexicanos que son ubicuos en todo el país y que no obstante, tienen sus distintas versiones por todo el territorio. Si hay algo que me consta es que mi país podrá estar plagado de problemas, pugnas, inseguridades, pero eso sí, a la hora de la comida y sin importar de qué mesa u hogar se trate, todas las broncas se olvidan porque con nuestra comida ¡pues cómo no!

Así que el estar colocando estas fotografías de todos estos platillos me está dejando con mucho antojo y mas hambre aún, ya me voy a comer y de preferencia algo que tenga tortillas.

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EP050: Girls

girls hbo¿Quién no se ha aventado series completitas de televisión en maratones de toda la noche, o de todo el día, o mejor aún, de varios días? Ok, cuando es una sola temporada de 8 a 10 episodios no es tan dramático el asunto, aún cuando son de 60 minutos de duración cada uno.  Lo inquietante inicia cuando se trata de varias temporadas de la misma serie en el mismo maratón. Llega un punto en el que te sientes casi hasta irresponsable de estar ahí sentado viendo personajes y escenarios cuyos destinos desconoces y quizás por momentos ya ni te acuerdes porqué te importaban.  Para cuando el reloj marca las 4:00 am estás convencido y sin dudas acerca de tu síndrome de Estocolmo televisivo. Eso me pasó con “The Sopranos” (86 episodios de una hora cada uno), con “Breaking Bad” (62 episodios de una hora), con “Six Feet Under” (63 episodios de una hora), con “Downton Abbey” (52 episodios de una hora) y la más reciente, “Girls” (62 episiodios de media hora cada uno).  Me quiero concentrar en ésta última que no sólo la tengo más fresca en la mente, sino que también deja una ristra de lecciones del entorno actual, de la manera en que se escribe hoy un guión y de cómo se hace televisión hoy en día.

Debo reconocer que el anzuelo que me hizo siquiera empezar fue mi idea de que esto sería una nostalgia de “Sex and the city”. Mi idea no podía ser más errónea de lo que el show realmente es. Quizás las únicas dos cosas que se parecen es que se trata de cuatro amigas mujeres blancas viviendo en Nueva York.  Hasta ahí.  Aquí no hay glamour, los bares trendy, los nightclubes chic, los restaurantes fashion y los escenarios románticos de New York City que vieran Sarah Jessica Parker y su séquito fueron en “Girls” totalmente sustituidos por departamentos diminutos y semi-decorados, cafés burdos y hipsters, cafeterías oscuras con asientos de vinilo y callejones desolados de Brooklyn. Así, de hecho, son los personajes de esta serie. Personas fascinantemente falladas, en las que se busca amarlos a pesar de o por sus defectos, pero que al final y sin remedio, resulta difícil no detestarlos.  Concurrente y quizás atrevidamente, todos los personajes de esta serie son millenials (o muy cercanos a serlo).

Lena Dunham, creadora y co-escritora de este show ha dicho que ella misma aprendió mucho de esta experiencia como por ejemplo, no volver a hacer una serie sobre cuatro amigas blancas (debería haber al menos una amiga étnica en el grupo).  Bueno, hay de aprendizajes a aprendizajes, supongo. Para mi, haber visto un retrato de seis años de vida de este grupo de millenials es sinónimo de fisgonería, hay escenas sexuales que parecen de pronto soft porn pero cuyo impacto inherente es la gran carga psicológica que llevan colgada: sexo de auto boicot, sexo roba novios, sexo fetichista, sexo denigratorio, sexo violento, sexo de consolación, sexo de falsa conciliación, etc. No hay límite para mostrarnos  innumerables excusas del porqué los humanos tenemos sexo y del porqué queremos lo que queremos, especialmente cuando del sexo se trata.

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Al mostrarnos Lena Dunham la historia a través de su personaje, Hannah, podemos darnos cuenta de que este show no se tratará de los amigos incondicionales de “Friends”, no se tratará de las BFF de “Sex and the city” ni mucho menos de la camaradería simbiótica de “Will and Grace”.  Aquí todos luchan por ser alguien, hay una verdadera carencia de altos valores, todo en aras del narcisismo y la egolatría, de obtener una experiencia qué contar y forjarse así personalidades más interesantes.  Aquí los personajes pueden ver o al menos inconscientemente percibir que su amistad es un freno a sus vidas, que permanecer unidos en relaciones amistosas tan tóxicas sólo por las vivencias que tuvieron en otra etapa de sus vidas no es suficiente.  El vínculo de amistad debe ser algo más que recuerdos del pasado, porque las personas van cambiando y la evolución de una amistad puede desarrollarse en crecimiento, o en estancamiento o ¿porqué no? en distanciamiento. Vemos a Marnie, una de las chicas, siempre abogar por la unión del grupo pero cuando trata proactivamente de hacer algo para juntarlas siempre terminan en mordaces discusiones con comentarios tan hirientes que uno se pregunta cómo siquiera pueden haber reconciliaciones entre ellas.  Eventualmente Marnie levanta la mano para demostrarle a su amiga Hannah que ella es su mejor amiga al irse a vivir con ella para ayudarle con su nuevo bebé en una casa al norte de Nueva York. Francamente, cuando uno se entera que ella ha sido evacuada de su casa por no pagar la renta y está literalmente en la calle, su proyección de solidaridad entra en conflicto.  Lena Dunham nos quiere comunicar a través de sus chicas de “Girls” que a veces un grupo es tan unido que su único destino es la separación.

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Siempre en toda serie existe un episodio en alguna temporada donde toman a dos o tres personajes, los ponen en un cuarto y les desarrollan una historia aislada de todo lo demás.  Por ejemplo, aquel episodio de la mosca en “Breaking Bad”, o el episodio del velorio en “La maldición de Hill House” en Netflix.  La verdad es que estos episodios se dan cuando la producción tiene problemas de presupuesto y tratan de llenar ese espacio con algo que ya está pagado. Debido precisamente a los pocos recursos, estos episodios recaen en guiones geniales y profundos.  “Girls” tuvo el suyo en su última temporada, capítulo 3: “American Bitch”.  Creo que de toda la serie es este episodio el más potente, crudo y altamente importante. Lleno de áreas grises para disecar en interminables argumentos, reta por completo al espectador, en especial al que pertenezca no al segmento de “girls” sino al de “boys”.  En este episodio, Hannah visita para entrevistar a un escritor muy famoso a quien ella en algún escrito acusó de coerción sexual basada en testimonios de algunas de sus víctimas.  Al llegar a su departamento, la entrevista se torna álgida cuando Hannah continúa en sus indagaciones y el personaje del autor defendiendo su punto. Estamos con la aprehensión andando por saber en qué terminará esta batalla verbal y es casi indeterminable ya que él se está conduciendo adorablemente con ella, incluso le ofrece regarle un libro de Philip Roth, (conspicuamente un autor veneradísimo en su literatura pero que seguramente estaría hoy señalado por el movimiento #metoo al ser considerado en general como un misógino).  La historia nos va haciendo testigos del proceso por el que ella pasará con este hombre quien al mostrarle su lado de vulnerabilidad masculina al sentirse tan atacado y mermado de su prestigio debido a todas estas acusaciones, termina conmoviendo a Hannah llevándola a aceptar recostarse a su lado en la cama (vestidos). A pesar de que Hannah titubea un momento para tomar esa decisión, quizás haya accedido porque él está girado hacia el lado opuesto.  Cuando charlan un poco ahí, él se voltea hacia ella y resulta que trae su pene en erección expuesto y lo coloca sobre el regazo de Hannah.  Ella reacciona agarrándolo con su mano, como algo automático y sin pensar. Inmediatamente se da cuenta de que acaba de hacer lo que prueba el punto del depredador y sale disparada de ahí pero en la puerta es detenida por la hija de su entrevistado quien llega de su clase de música y ofrece tocar la flauta para ellos dos. El insiste en que Hannah se quede y ella, no tan renuentemente, acepta.  ¿Qué hacemos de todo esto? Fue una manera tan inteligente de hacernos ver todo el espectro de consecuencias de este movimiento enfocándose en esas áreas grises. La diferencia entre coerción y abuso sexual, las trampas tendidas por depredadores al momento de leer la facilidad de su interlocutora, la controversial duda sobre el consenso de la víctima en un aproximamiento así y sobre todo, cuándo serán o no las acusaciones infundadas y cómo sufrirá la carrera y prestigio del señalado, especialmente si son falsas o se encuentras en estas áreas grises. Pensé mucho en ese debate de amar el arte pero despreciar al artista.

“Girls” retrata un grupo de chicas rebeldes que buscan sobresalir, que viven situaciones con frecuencia extremas y que tienen una sexualidad agresiva pero fallida. Lo que pude ver es que esos desatinos sexuales tienen mucho que ver con su afán por complacer al hombre con el que están, a pesar de toda su libertad y feminismo, continúan complaciendo hombres antes que a ellas mismas. Aparecen destellos de verdadera independencia en el personaje de Shoshana cuando al final del show decide emanciparse de sus amigas y casarse con el hombre que ella quiere y no con el hombre que la quiere para él.   Este show está plagado de personajes que uno ama odiar, así como amigos entrañables o familiares, uno los quiere pero a veces lo hacen tan difícil que terminamos alejándonos por un tiempo para inevitablemente regresar a la calidez que añoramos de su amistad.

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Con todas estas libertades y todos los errores que van cometiendo con ellas mismas y sistemáticamente con toda aquella persona que entra en sus vidas, después de tantos episodios y temporadas, valiéndome del ejemplo de Hannah, ella debió aceptar al final que no era ella la voz de su generación, sino tan sólo una voz de su generación. Eventualmente todo el triunfalismo generacional, el marketing hiperbólico de los millenials hacia su imagen, su autopromoción como “influencers”  termina en lo mismo: también ellos crecerán para pagar tarjetas de crédito, para pedir préstamos, para comprar coches en arrendamiento, criar bebés, pagar colegiaturas y pues sí, trabajar como sea para costearlo. Como todos lo hacemos.  Nadie tiene el monopolio de las angustias y todos al final caemos en el aro de esta llamada vida. Supongo que lo importante es esa lucha día tras día y decisión tras decisión por pequeña que sea de no encontrarse un día preguntándose a sí mismo: “¿qué me pasó, cómo llegué a esto?”

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EP049: Disco!

Bueno pues al término de septiembre me tocó ir a ese baile que hacen una vez al mes en Monterrey llamado “Rolando los Años”. Diseñado para personas que gustan de la música disco principalmente con algunos toques de ochentas y noventas ocasionales. Se lleva a cabo en un local super amplio en el que cualquier quinceañera o novia le gustaría su evento sucediera.

rolando los años

Soy un fan confeso de este placer culposo desde hace varios años ya, la música Disco es mi debilidad y con todo y rodilla en recuperación no pude resistirme a “ponerle fuego a la pista” como se decía antes en aquel programa llamado “Fiebre del 2” con Fito Girón y Chela Braniff. Este era de alguna manera el “Soul Train” mexicano y sucedía en un estudio que simulaba la pista de baile del “Odissey” en la cual Tony Manero nos mostraba sus mejores pasitos disco.

fever night

fiebre del dos

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Aunque yo tenía tan sólo 8 años de edad cuando la música Disco estaba en su apogeo y por ende no podía visitar ningún lugar así, o incluso ver la película de “Fiebre de Sábado por la Noche” en el cine, yo veía de pronto imágenes y escuchaba la música y mi mente viajaba en total imaginación infantil y magia musical. El disco LP de esa película fue de mis primeras posesiones individuales de niño y fue comprado TRES veces a lo largo de mi vida: dos veces en vinyl y una en CD. El primero lo puse tantas veces que al final tan pronto ponía yo la aguja de la tornamesa encima del disco y se corría toda hasta el final del lado ya del desgaste de esos surcos. Ese disco venía en formato doble y era un álbum, o sea, se podía abrir para desplegar todas las fotos alusivas a la película. Era un viaje mental para un chavito como yo que sólo podía imaginar cómo sería bailar ahí. En verdad no pensaba uno para nada en el factor alcohol, drogas o sexo inherente al movimiento musical que el Disco representaba. Yo sólo quería estar ahí, ver esas luces en el techo y sobre todo en la pista, caminar en esas luces como si flotara en una extravagancia escénica y siempre con Donna Summer cantando “Last Dance” o “Bad Girls”. Ese fue mi sueño nunca hecho realidad en un local así. Yo no vi “Fiebre de Sábado por la Noche” sino hasta que tuve unos 15 años y tuve que ir a verla a un cine de esos que sólo tenían una pantalla de proyección y por ende, ya no existen. Al día de hoy la he visto unas 20 veces sin duda. Así que cuando he ido a este baile que comento, pues simplemente la música se apodera de mi, no me importa si hay o no alcohol para beber, yo sólo quiero bailar. Pocas veces he ido acompañado, pero a quienes les ha tocado ir conmigo no me dejarán mentir al decir que simplemente no paro de brincar y bailar toda la noche. Y de pronto creo que ya no se puede poner mejor y ¡zas! otra rolita aún mejor me quita mi momento de descanso.

En algún momento tuve un álbum doble salido de una grabación en directo desde el mismísimo Studio 54. Era un mix non-stop y tenía las canciones que se me quedaron para siempre en la médula: “Instant Replay” de Dan Hartman, “In the Bush” de Musique, “I love the Night Life” de Alicia Bridges (que siempre pensé que era negra, ¡qué voz!), “Ring my Bell” de Anita Ward y claro, “I will survive” de la fabulosa Gloria Gaynor. Así que tuve en total 4 álbumes de los que disfrutaba cada canción y todas sus imágenes en el interior: Los ya mencionados “Fiebre de sábado por la noche” (el cual incluye mi canción favorita de la época, la inigualable “If I can’t have you” de Ivonne Elliman) y “A night at Studio 54” y también el de las películas “Thank God it’s Friday” y “Vaselina”, que aunque este último no era música Disco, era igualmente bailable y divertido.

Cómo me gustaría que hoy fuera así de nuevo, música alegre y desenfadada. Lo que veo hoy son cosas que buscan o hacer enojar o hacer brotar deseo sexual artificial. Pero bueno, supongo que de eso se trata el cambio de los tiempos y como en esa película y su track homónimo de presentación, gracias a Dios es viernes cuando Rolando los Años sucede porque así todo el día sueño y me preparo y me recargo de energía y vaya que vale la pena cada minuto. Me encanta que la gente que asiste no va a ahí a juzgar a nadie, sólo a divertirse y a pasarla bien. Nunca he presenciado una sola bronca o situación inusual porque todos estamos o bailando o viendo bailar.

Para mi, las canciones que siempre serán parte de mi soundtrack personal de esta época: “I’m coming out” de Diana Ross, “I feel love” de Donna Summer, “Fever Night” de los BeeGees, “Heaven must have sent you” de Bonnie Pointer, “Heart of Glass” de Blondie, “Your Love” de Lime, “Hit ‘N Run Lover” de Carol Jiani y “Designer Music” de Lipps Inc.; entre muchas otras. Pero eso sí, cada que las escucho obtengo una sonrisa instantánea. Todos mis LP’s de colección que tenía fueron un día regalados sin mi consentimiento un inadvertido día lo cual me entristeció muchísimo pero al menos esa nostalgia prevalece al escuchar mis CD’s o el Spotify con todos mis éxitos preferidos. Supongo que frecuentemente la vida se trata de sentir nostalgia y luego alegría de los bellos recuerdos que conforman tu copyright personal, con derechos muy, pero muy reservados.

Dedicado para mis aliados Disco Lovers, you know who you are…

diana ross

beegees

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EP048: ¡Ya llegó el Mariachi!

MARIACHI VARGAS1

No me acuerdo bien desde cuándo pero de repente como que me empezó a gustar la música de mariachi. ¿Rupturas amorosas y desencantos? ¿Enamoramientos y amarres? Qué sé yo, sin embargo, sospecho que tiene que ver un poco con ser mexicano. En serio, ¿qué hace que de pronto estas canciones nos lleguen tan fuerte y directo?

No tengo una respuesta específica pero de que el amor y el desamor tienen mucho que ver, eso que ni qué. Yo normalmente catalogo las canciones como de Lado A y de Lado B. Canciones Lado A son aquéllas que incitan, son una invitación provocadora a vivir una delicia, canciones que justifican la idea de que la tentación se quita nada más cayendo en ella. Puedo citar como ejemplo de canciones Lado A algunas como “Vieras cuántas ganas tengo”, “Si nos dejan”, “Entrega Total”, “Mujeres Divinas”, “Hermoso Cariño”, “Por Amor”.

En las canciones Lado B es donde la tristeza y el despecho encuentran su hogar. En estas composiciones el engañado, el desplazado, el mal herido encuentra su resguardo, casi siempre acompañado de una botella. Es interesante ver cómo las canciones Lado B son más abundantes que las de Lado A. El desamor tiende a proliferar y pocos le cantan a la júbilo de sentirse enamorados. Mientras tanto, la desgracia de un amor mal pagado tiene más frecuencia que los accidentes de glorieta. En el Lado B nos encontramos dos modalidades: las canciones de odio y despecho que encierran mucha ira, mucho rencor y todo el odio jarocho que un amante pueda juntar en su corazón al ser desplazado o maltratado. Prácticamente todo el repertorio de Lupita D’Alessio o Paquita La del Barrio representan perfecto esta idea. La otra categoría de canciones Lado B son aquéllas que te adentran en una profunda tristeza y melancolía que simplemente impiden que el alma herida acepte la realidad a consecuencia de sus propios errores o peor aún, de la maldita indiferencia. Aquí se pone buena la cosa porque los ejemplos de esta modalidad son en extremo llegadores a su simple mención, no digamos a su escucha: “La Diferencia”, “Se me olvidó otra vez”, “De un mundo raro”, “No discutamos”, y mejor ahí lo dejo porque se me va el escrito a mil palabras. Yo creo que José Alfredo Jiménez se emborrachaba al escuchar sus propias canciones. Es más, seguro cada composición era una excusa para tomar más.

A todo esto, debo decir que ser mexicano te permite absorber una canción Lado A o Lado B indistintamente de una manera innata, casi automática. Aún si el alma no está pasando por ninguna pena siempre e inequívocamente habrá conmoción al escuchar una buena interpretación de una de estas canciones. Existe un tercer tipo de canción vernácula que más alejada del tema de los quereres y es aquélla que celebra la nacionalidad mexicana, que da harto orgullo de nuestro país y de haber nacido aquí. Siempre me he preguntado si este tipo de canción tiene un efecto más potente en los que aquí vivimos o en los que se fueron al norte. De cualquier manera, ya sea que causen júbilo o que causen nostalgia, el verde, blanco y rojo siempre nos ponen un brinco en el corazón y cuando se escucha de un buen mariachi y en vivo hasta se pone la carne de gallina y se revientan los botones de la camisa de puritito orgullo. Esto lo sentí cuando me di el regalo de ver al Mariachi Vargas de Tecatitlán acompañado de la Orquesta Sinfónica así como del balet regional ambos del ITESM. ¡Qué espectáculo! Y las canciones que seleccionaron, simplemente una delicia. En verdad nuestra música vernácula es un tesoro que deberíamos crecer. No sé porqué no hay ya nuevas composiciones de este género musical, de pronto se extinguieron. Como si se hubieran ido al cielo todos los compositores junto con Juan Gabriel. Necesitamos nuevas canciones Lado A y Lado B, necesitamos nuevos talentos que nos hagan sentir esa montaña rusa emocional al interpretarlas y no refritos cansados de lo mismo una y otra vez que sólo nos obligan a compararlos con los originales.

Ojalá hubiera tenido una voz privilegiada para ser mariachi cantor, eso hubiera sido yo. Pero no. Así como muchos, me gusta cantar pero tengo muy mala voz, así que bueno, mi estudio de grabación imaginario es por ahora una regadera. Pero eso sí, ¡VIVA MEXICO, CABRONES!

— Quienes me conocen saben bien porqué se me ocurrió el Lado A y el Lado B.

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EP047: Gracias Totales

¡Nada como saber vender! Esa actividad que a muchos les causa pavor y pánico a otros acelera y da motivo para levantarse y salir de casa por la mañana. Creo que vender fue una actividad que desde niño me salía natural. Eso sí, admito que conforme crecí se fue haciendo más complicada. No sé si haya sido por la sofisticación de los mercados, por la proliferación de competidores en todas las industrias y ramos, o porque los estándares de servicio se han elevado con los años a niveles insospechados.

He vendido categorías de productos y servicios algo variados: materias primas, electrónicos de consumo, enseres domésticos, maquinaria industrial, recubrimientos cerámicos, seguros y fianzas y en algún momento hasta chicharrones (!!!). Honestamente diré que de todo esto, las categorías más intrincadas y retadoras de venta han sido los aires acondicionados y los seguros. La estacionalidad de los primeros trae demasiada presión en los fabricantes ya que el canal de retail sabe muy bien como sacar provecho de ello y aquéllos que son poderosos en su participación de mercado siempre buscarán retrasar su decisión de compra lo más posible. Esto con el fin de presionar y obtener “espontáneamente” mejores propuestas económicas de parte de las marcas productoras que sólo buscan ejercer su plan de venta y producción que se plantearon antes de la temporada fuerte. Ese juego ahí es un estira y afloja de millones y millones de pesos donde el gallina será el que pierda más. Alto estrés, muy alto para todas las partes.

Por otro lado, en seguros la venta es algo compleja pero por otras razones. Una de las más frecuentes es la desinformación del consumidor en estos temas. Es igual que las membresías de gimnasio, que las consultas de nutriólogo: sabemos que es por nuestro bien, pero nunca parece ser buen momento para empezar. Nos cuesta mucho discernir entre bienestar y placer. Esto complica mucho la labor de venta de un plan de ahorro o de retiro. El hecho de ser intangible y a largo plazo causa mucha ansiedad a los consumidores mexicanos. En Estados Unidos, la gente sabe que debe tener este tipo de herramientas vigentes en sus vidas y prácticamente tres de cada cinco personas tiene una forma de cobertura en vida. En gastos médicos, después del Affordable Care Act, mejor conocido por su alias “Obama Care”, el que no tenga un seguro médico terminará pagando multas al Tío Sam. En Europa, prácticamente todos tienen una cobertura y muy en especial los que tienen dependientes económicos. Es algo que ni siquiera se cuestionan, ahí la conversación se trata más bien de cuánto asignar del ingreso anual al ahorro.

En México, sólo 1 de cada 10 mexicanos tiene seguro de gastos médicos y apenas un 23% tiene alguna forma de ahorro para el retiro. Es alarmante que ni siquiera el 30% del parque vehicular circula con póliza de seguro. Al parecer la mitad piensa que al no traer póliza el problema de incurrir en un siniestro será de la otra persona. O que nunca envejeceremos y siempre tendremos quién vea por nosotros. O que nunca nos enfermaremos, al menos de forma grave. Este pensamiento obstaculiza la labor de venta pero si a eso agregamos el abuso de parte de bancos que utilizan call centers para empujar todo tipo de cargos fijos en tarjetas de crédito, tenemos que la tolerancia de los consumidores se ha visto muy afectada. Este telemarketing tan intrusivo ha desvirtuado mucho el medio de acercamiento para asesoría genuina y legítima de cobertura financiera dejando al cliente potencial con alto grado de renuencia y escepticismo respecto al producto.

¿Me han llegado a colgar el teléfono? Sí. Un par de veces al menos. ¿He tenido que suspender una junta y retirarme? También. Dos veces. Pero ¿sabes? este lado oscuro de las ventas es precisamente el que le da más luz a mi labor. Es cuando uno siente que está haciendo algo trascendente. Eventualmente, conforme pasa el tiempo en el mismo negocio, empiezo a enfocarme más en cómo seré recordado por mis clientes que en el beneficio económico de la venta. Hay una máxima en el medio asegurador que aprendí en la convención MDRT: “A la gente no le importa qué tanto sabes, les importa cuánto te importan ellos a ti.” Pues sí, es verdad. La gente no se acuerda de lo que dijiste o quién seas, se acuerdan de cómo los hiciste sentir. El día de mañana cumplo once años en esta industria, con mi negocio. Así que puedo decir con toda confianza que en estos años de actividad no todos mis amigos se convirtieron en mis clientes, sin embargo, todos mis clientes se convirtieron en mis amigos. Para mi es agradecer cada día de que hayan más asegurados con una mentalidad de acción a protegerse a sí mismos y a los suyos. Más aún, por haberme dado la oportunidad de hacerlos sentirse más satisfechos de sus decisiones y que me recomienden para continuar mi labor. Es el raro momento en que convergen humildad y orgullo, uno que me da tremenda motivación a seguir adelante.

Nunca duré más de cuatro años trabajando para una empresa por un sueldo. Siempre pensé cuando recibía mi quincena que si creía que ese sueldo me representaba estaría totalmente equivocado. Sabía perfectamente y con gran convicción de que mi sueldo no era yo. Y aún así y como todo mundo seguía yo en la contienda de dar el kilo y demostrar capacidad. Las cosas no han cambiado mucho en ese sentido, lo que sí es distinto es que ahora los logros y las batallas ganadas no son anónimos o adjudicados a una enorme corporación. Ahora sí tienen nombre y apellido. Nunca me cansaré de agradecer a mis clientes por haberme dado la oportunidad de servirles ni de reconocer que sin ellos, mis primeros once años de agente no habrían sucedido. Como dijera alguien a quien admiro y extraño: ¡GRACIAS TOTALES!

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EP046: Janzu/Renacer

Mi último día de vacaciones en Puerto Vallarta.  Lo que fuera hace unos 30 años un pueblito pintoresco, ahora es de todo: un importante puerto, uno de los principales destinos turísticos de México, un desarrollo enorme de resorts y espacios para convenciones, una oferta gastronómica del más alto calibre y ahora, una reunión de spas con todo tipo de técnicas e instalaciones especializadas.

Cuando salgo de vacaciones, soy de los que siempre están buscando gimnasios y spas, para mi es muy importante la relajación y poder sentir que realmente me estoy desenganchando del negocio lo cual, en mi caso al menos, debe de ir en nivel mente así como en cuerpo.  Frecuento Vallarta en promedio una vez por año y he sido testigo en los últimos 24 años de cómo ha crecido la oferta de spas y masajistas locales.  Creo que actualmente se está viviendo su mejor momento ya que no sólo hay spas independientes en la ciudad, sino que también los grandes hoteles han invertido en espacios tan sofisticados que no le piden nada a instalaciones en Las Vegas, Bangkok o Miami.

En esta ocasión estuve en el Hotel Sheraton Buganvilias y su spa “Maiavé” tiene unos dos años de apertura. ¿Qué les puedo decir? Es fantástico, en verdad me ha parecido impecable no sólo en limpieza e instalaciones, sino también en el trato del personal.  Las atenciones recibidas realmente te hacen sentir que estás en un espacio protegido, ajeno al mundo exterior.  El año pasado pude tener un tratamiento aquí y quedé tan complacido que repetir esta vez era un anhelo desde semanas antes de llegar.  Sin embargo, ahora en su menú de servicios me ofrecieron una nueva terapia acuática llamada “Janzu”. Yo había escuchado una conversación en el pasado acerca del “Watsu” (Water + Shiatsu), pero al parecer esto era totalmente distinto.  Así que de inmediato les dije ok e hice mi reserva.

Hace unas horas que recibí mi Janzu y fue tal mi experiencia que ahora estoy escribiendo al respecto. Para empezar, el Janzu es una técnica terapéutica de origen hindú  y su esencia yace en el poder curativo del agua. Se tiene que hacer en una alberca climatizada a una temperatura de unos 30 a 32 grados celsius. En algunos lugares del mundo lo hacen al aire libre en lagos o ríos (!!!).  Debe de ser desempeñado por un terapeuta entrenado el cual te guiará en una serie de movimientos rítmicos y de trayectoria a lo largo de la alberca. Durante el proceso, deberá haber una sincronía colaborativa del cliente con el terapeuta en cuestión de movimiento y respiración ya que una buena parte de la sesión será llevada a cabo sumergido. (Te proporcionan un clip para la nariz).

Debo admitir que al inicio del ciclo me desconcerté un poco sobre la dinámica que seguiría, pero eventualmente pude agarrar literalmente “la onda” y fluir en el tratamiento.  Mi terapeuta se llama Arturo Aguilar y él fue entrenado por uno de los colaboradores de quien originalmente trajera esta técnica desde la India a México, Juan  Pathik Villatoro.  Arturo me pudo dar una inducción de lo que se busca lograr con el Janzu (palabra que en chino significa “río pacífico”) y simbólicamente te exhorta a desconectarte de tus preocupaciones en el agua, como una metáfora de “limpieza interior”, a la par que incentiva el pensamiento reflexivo en un efecto de regresión al lugar donde no hay problemas, no hay prejuicios, no hay nada más que la calidez y el cuidado de una madre; su vientre.  Por esta razón, el efecto del Janzu puede ser desde terapéutico en función de dolor y tensión muscular, migrañas y stress; hasta una experiencia genuinamente liberadora y transformadora.

Sin duda mi experiencia fue una de resultados holísticos; pude llegar en medio de los movimientos, la temperatura del agua y la iluminación en la alberca a un nivel de introspección y de meditación profunda.  Creo que el hecho de que yo tenga años de practicar la natación ayudó muchísimo a elevar el resultado ya que en lugar de estar distraído con la respiración,  yo estaba más bien arribando a un momento de consciencia que pocas veces he sentido.  En momentos de la sesión me encontraba levitando en el vacío, sujeto tan sólo de los tobillos por Arturo y pensando en las cosas de las que puedo prescindir en la vida, ya que me di cuenta de que son ésas las que determinan el verdadero lujo/confort y no las que poseo, como nos han enseñado a pensar.

Al término de la sesión, yo me sentía revitalizado, en mis pensamientos y en mis músculos. Rejuvenecido y alerta gracias al espíritu del agua. Ahora entiendo porqué le llaman al Janzu la terapia del renacimiento. No sé si sea algo universal, pero decididamente creo que debería de ser algo que todos tratemos al menos una vez.  Le agradezco a Arturo su indispensable participación en mi experiencia Janzu y espero que pueda repetirla en el futuro muy próximo.

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