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EP050: Girls

girls hbo¿Quién no se ha aventado series completitas de televisión en maratones de toda la noche, o de todo el día, o mejor aún, de varios días? Ok, cuando es una sola temporada de 8 a 10 episodios no es tan dramático el asunto, aún cuando son de 60 minutos de duración cada uno.  Lo inquietante inicia cuando se trata de varias temporadas de la misma serie en el mismo maratón. Llega un punto en el que te sientes casi hasta irresponsable de estar ahí sentado viendo personajes y escenarios cuyos destinos desconoces y quizás por momentos ya ni te acuerdes porqué te importaban.  Para cuando el reloj marca las 4:00 am estás convencido y sin dudas acerca de tu síndrome de Estocolmo televisivo. Eso me pasó con “The Sopranos” (86 episodios de una hora cada uno), con “Breaking Bad” (62 episodios de una hora), con “Six Feet Under” (63 episodios de una hora), con “Downton Abbey” (52 episodios de una hora) y la más reciente, “Girls” (62 episiodios de media hora cada uno).  Me quiero concentrar en ésta última que no sólo la tengo más fresca en la mente, sino que también deja una ristra de lecciones del entorno actual, de la manera en que se escribe hoy un guión y de cómo se hace televisión hoy en día.

Debo reconocer que el anzuelo que me hizo siquiera empezar fue mi idea de que esto sería una nostalgia de “Sex and the city”. Mi idea no podía ser más errónea de lo que el show realmente es. Quizás las únicas dos cosas que se parecen es que se trata de cuatro amigas mujeres blancas viviendo en Nueva York.  Hasta ahí.  Aquí no hay glamour, los bares trendy, los nightclubes chic, los restaurantes fashion y los escenarios románticos de New York City que vieran Sarah Jessica Parker y su séquito fueron en “Girls” totalmente sustituidos por departamentos diminutos y semi-decorados, cafés burdos y hipsters, cafeterías oscuras con asientos de vinilo y callejones desolados de Brooklyn. Así, de hecho, son los personajes de esta serie. Personas fascinantemente falladas, en las que se busca amarlos a pesar de o por sus defectos, pero que al final y sin remedio, resulta difícil no detestarlos.  Concurrente y quizás atrevidamente, todos los personajes de esta serie son millenials (o muy cercanos a serlo).

Lena Dunham, creadora y co-escritora de este show ha dicho que ella misma aprendió mucho de esta experiencia como por ejemplo, no volver a hacer una serie sobre cuatro amigas blancas (debería haber al menos una amiga étnica en el grupo).  Bueno, hay de aprendizajes a aprendizajes, supongo. Para mi, haber visto un retrato de seis años de vida de este grupo de millenials es sinónimo de fisgonería, hay escenas sexuales que parecen de pronto soft porn pero cuyo impacto inherente es la gran carga psicológica que llevan colgada: sexo de auto boicot, sexo roba novios, sexo fetichista, sexo denigratorio, sexo violento, sexo de consolación, sexo de falsa conciliación, etc. No hay límite para mostrarnos  innumerables excusas del porqué los humanos tenemos sexo y del porqué queremos lo que queremos, especialmente cuando del sexo se trata.

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Al mostrarnos Lena Dunham la historia a través de su personaje, Hannah, podemos darnos cuenta de que este show no se tratará de los amigos incondicionales de “Friends”, no se tratará de las BFF de “Sex and the city” ni mucho menos de la camaradería simbiótica de “Will and Grace”.  Aquí todos luchan por ser alguien, hay una verdadera carencia de altos valores, todo en aras del narcisismo y la egolatría, de obtener una experiencia qué contar y forjarse así personalidades más interesantes.  Aquí los personajes pueden ver o al menos inconscientemente percibir que su amistad es un freno a sus vidas, que permanecer unidos en relaciones amistosas tan tóxicas sólo por las vivencias que tuvieron en otra etapa de sus vidas no es suficiente.  El vínculo de amistad debe ser algo más que recuerdos del pasado, porque las personas van cambiando y la evolución de una amistad puede desarrollarse en crecimiento, o en estancamiento o ¿porqué no? en distanciamiento. Vemos a Marnie, una de las chicas, siempre abogar por la unión del grupo pero cuando trata proactivamente de hacer algo para juntarlas siempre terminan en mordaces discusiones con comentarios tan hirientes que uno se pregunta cómo siquiera pueden haber reconciliaciones entre ellas.  Eventualmente Marnie levanta la mano para demostrarle a su amiga Hannah que ella es su mejor amiga al irse a vivir con ella para ayudarle con su nuevo bebé en una casa al norte de Nueva York. Francamente, cuando uno se entera que ella ha sido evacuada de su casa por no pagar la renta y está literalmente en la calle, su proyección de solidaridad entra en conflicto.  Lena Dunham nos quiere comunicar a través de sus chicas de “Girls” que a veces un grupo es tan unido que su único destino es la separación.

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Siempre en toda serie existe un episodio en alguna temporada donde toman a dos o tres personajes, los ponen en un cuarto y les desarrollan una historia aislada de todo lo demás.  Por ejemplo, aquel episodio de la mosca en “Breaking Bad”, o el episodio del velorio en “La maldición de Hill House” en Netflix.  La verdad es que estos episodios se dan cuando la producción tiene problemas de presupuesto y tratan de llenar ese espacio con algo que ya está pagado. Debido precisamente a los pocos recursos, estos episodios recaen en guiones geniales y profundos.  “Girls” tuvo el suyo en su última temporada, capítulo 3: “American Bitch”.  Creo que de toda la serie es este episodio el más potente, crudo y altamente importante. Lleno de áreas grises para disecar en interminables argumentos, reta por completo al espectador, en especial al que pertenezca no al segmento de “girls” sino al de “boys”.  En este episodio, Hannah visita para entrevistar a un escritor muy famoso a quien ella en algún escrito acusó de coerción sexual basada en testimonios de algunas de sus víctimas.  Al llegar a su departamento, la entrevista se torna álgida cuando Hannah continúa en sus indagaciones y el personaje del autor defendiendo su punto. Estamos con la aprehensión andando por saber en qué terminará esta batalla verbal y es casi indeterminable ya que él se está conduciendo adorablemente con ella, incluso le ofrece regarle un libro de Philip Roth, (conspicuamente un autor veneradísimo en su literatura pero que seguramente estaría hoy señalado por el movimiento #metoo al ser considerado en general como un misógino).  La historia nos va haciendo testigos del proceso por el que ella pasará con este hombre quien al mostrarle su lado de vulnerabilidad masculina al sentirse tan atacado y mermado de su prestigio debido a todas estas acusaciones, termina conmoviendo a Hannah llevándola a aceptar recostarse a su lado en la cama (vestidos). A pesar de que Hannah titubea un momento para tomar esa decisión, quizás haya accedido porque él está girado hacia el lado opuesto.  Cuando charlan un poco ahí, él se voltea hacia ella y resulta que trae su pene en erección expuesto y lo coloca sobre el regazo de Hannah.  Ella reacciona agarrándolo con su mano, como algo automático y sin pensar. Inmediatamente se da cuenta de que acaba de hacer lo que prueba el punto del depredador y sale disparada de ahí pero en la puerta es detenida por la hija de su entrevistado quien llega de su clase de música y ofrece tocar la flauta para ellos dos. El insiste en que Hannah se quede y ella, no tan renuentemente, acepta.  ¿Qué hacemos de todo esto? Fue una manera tan inteligente de hacernos ver todo el espectro de consecuencias de este movimiento enfocándose en esas áreas grises. La diferencia entre coerción y abuso sexual, las trampas tendidas por depredadores al momento de leer la facilidad de su interlocutora, la controversial duda sobre el consenso de la víctima en un aproximamiento así y sobre todo, cuándo serán o no las acusaciones infundadas y cómo sufrirá la carrera y prestigio del señalado, especialmente si son falsas o se encuentras en estas áreas grises. Pensé mucho en ese debate de amar el arte pero despreciar al artista.

“Girls” retrata un grupo de chicas rebeldes que buscan sobresalir, que viven situaciones con frecuencia extremas y que tienen una sexualidad agresiva pero fallida. Lo que pude ver es que esos desatinos sexuales tienen mucho que ver con su afán por complacer al hombre con el que están, a pesar de toda su libertad y feminismo, continúan complaciendo hombres antes que a ellas mismas. Aparecen destellos de verdadera independencia en el personaje de Shoshana cuando al final del show decide emanciparse de sus amigas y casarse con el hombre que ella quiere y no con el hombre que la quiere para él.   Este show está plagado de personajes que uno ama odiar, así como amigos entrañables o familiares, uno los quiere pero a veces lo hacen tan difícil que terminamos alejándonos por un tiempo para inevitablemente regresar a la calidez que añoramos de su amistad.

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Con todas estas libertades y todos los errores que van cometiendo con ellas mismas y sistemáticamente con toda aquella persona que entra en sus vidas, después de tantos episodios y temporadas, valiéndome del ejemplo de Hannah, ella debió aceptar al final que no era ella la voz de su generación, sino tan sólo una voz de su generación. Eventualmente todo el triunfalismo generacional, el marketing hiperbólico de los millenials hacia su imagen, su autopromoción como “influencers”  termina en lo mismo: también ellos crecerán para pagar tarjetas de crédito, para pedir préstamos, para comprar coches en arrendamiento, criar bebés, pagar colegiaturas y pues sí, trabajar como sea para costearlo. Como todos lo hacemos.  Nadie tiene el monopolio de las angustias y todos al final caemos en el aro de esta llamada vida. Supongo que lo importante es esa lucha día tras día y decisión tras decisión por pequeña que sea de no encontrarse un día preguntándose a sí mismo: “¿qué me pasó, cómo llegué a esto?”

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EP049: Disco!

Bueno pues al término de septiembre me tocó ir a ese baile que hacen una vez al mes en Monterrey llamado “Rolando los Años”. Diseñado para personas que gustan de la música disco principalmente con algunos toques de ochentas y noventas ocasionales. Se lleva a cabo en un local super amplio en el que cualquier quinceañera o novia le gustaría su evento sucediera.

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Soy un fan confeso de este placer culposo desde hace varios años ya, la música Disco es mi debilidad y con todo y rodilla en recuperación no pude resistirme a “ponerle fuego a la pista” como se decía antes en aquel programa llamado “Fiebre del 2” con Fito Girón y Chela Braniff. Este era de alguna manera el “Soul Train” mexicano y sucedía en un estudio que simulaba la pista de baile del “Odissey” en la cual Tony Manero nos mostraba sus mejores pasitos disco.

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Aunque yo tenía tan sólo 8 años de edad cuando la música Disco estaba en su apogeo y por ende no podía visitar ningún lugar así, o incluso ver la película de “Fiebre de Sábado por la Noche” en el cine, yo veía de pronto imágenes y escuchaba la música y mi mente viajaba en total imaginación infantil y magia musical. El disco LP de esa película fue de mis primeras posesiones individuales de niño y fue comprado TRES veces a lo largo de mi vida: dos veces en vinyl y una en CD. El primero lo puse tantas veces que al final tan pronto ponía yo la aguja de la tornamesa encima del disco y se corría toda hasta el final del lado ya del desgaste de esos surcos. Ese disco venía en formato doble y era un álbum, o sea, se podía abrir para desplegar todas las fotos alusivas a la película. Era un viaje mental para un chavito como yo que sólo podía imaginar cómo sería bailar ahí. En verdad no pensaba uno para nada en el factor alcohol, drogas o sexo inherente al movimiento musical que el Disco representaba. Yo sólo quería estar ahí, ver esas luces en el techo y sobre todo en la pista, caminar en esas luces como si flotara en una extravagancia escénica y siempre con Donna Summer cantando “Last Dance” o “Bad Girls”. Ese fue mi sueño nunca hecho realidad en un local así. Yo no vi “Fiebre de Sábado por la Noche” sino hasta que tuve unos 15 años y tuve que ir a verla a un cine de esos que sólo tenían una pantalla de proyección y por ende, ya no existen. Al día de hoy la he visto unas 20 veces sin duda. Así que cuando he ido a este baile que comento, pues simplemente la música se apodera de mi, no me importa si hay o no alcohol para beber, yo sólo quiero bailar. Pocas veces he ido acompañado, pero a quienes les ha tocado ir conmigo no me dejarán mentir al decir que simplemente no paro de brincar y bailar toda la noche. Y de pronto creo que ya no se puede poner mejor y ¡zas! otra rolita aún mejor me quita mi momento de descanso.

En algún momento tuve un álbum doble salido de una grabación en directo desde el mismísimo Studio 54. Era un mix non-stop y tenía las canciones que se me quedaron para siempre en la médula: “Instant Replay” de Dan Hartman, “In the Bush” de Musique, “I love the Night Life” de Alicia Bridges (que siempre pensé que era negra, ¡qué voz!), “Ring my Bell” de Anita Ward y claro, “I will survive” de la fabulosa Gloria Gaynor. Así que tuve en total 4 álbumes de los que disfrutaba cada canción y todas sus imágenes en el interior: Los ya mencionados “Fiebre de sábado por la noche” (el cual incluye mi canción favorita de la época, la inigualable “If I can’t have you” de Ivonne Elliman) y “A night at Studio 54” y también el de las películas “Thank God it’s Friday” y “Vaselina”, que aunque este último no era música Disco, era igualmente bailable y divertido.

Cómo me gustaría que hoy fuera así de nuevo, música alegre y desenfadada. Lo que veo hoy son cosas que buscan o hacer enojar o hacer brotar deseo sexual artificial. Pero bueno, supongo que de eso se trata el cambio de los tiempos y como en esa película y su track homónimo de presentación, gracias a Dios es viernes cuando Rolando los Años sucede porque así todo el día sueño y me preparo y me recargo de energía y vaya que vale la pena cada minuto. Me encanta que la gente que asiste no va a ahí a juzgar a nadie, sólo a divertirse y a pasarla bien. Nunca he presenciado una sola bronca o situación inusual porque todos estamos o bailando o viendo bailar.

Para mi, las canciones que siempre serán parte de mi soundtrack personal de esta época: “I’m coming out” de Diana Ross, “I feel love” de Donna Summer, “Fever Night” de los BeeGees, “Heaven must have sent you” de Bonnie Pointer, “Heart of Glass” de Blondie, “Your Love” de Lime, “Hit ‘N Run Lover” de Carol Jiani y “Designer Music” de Lipps Inc.; entre muchas otras. Pero eso sí, cada que las escucho obtengo una sonrisa instantánea. Todos mis LP’s de colección que tenía fueron un día regalados sin mi consentimiento un inadvertido día lo cual me entristeció muchísimo pero al menos esa nostalgia prevalece al escuchar mis CD’s o el Spotify con todos mis éxitos preferidos. Supongo que frecuentemente la vida se trata de sentir nostalgia y luego alegría de los bellos recuerdos que conforman tu copyright personal, con derechos muy, pero muy reservados.

Dedicado para mis aliados Disco Lovers, you know who you are…

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EP048: ¡Ya llegó el Mariachi!

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No me acuerdo bien desde cuándo pero de repente como que me empezó a gustar la música de mariachi. ¿Rupturas amorosas y desencantos? ¿Enamoramientos y amarres? Qué sé yo, sin embargo, sospecho que tiene que ver un poco con ser mexicano. En serio, ¿qué hace que de pronto estas canciones nos lleguen tan fuerte y directo?

No tengo una respuesta específica pero de que el amor y el desamor tienen mucho que ver, eso que ni qué. Yo normalmente catalogo las canciones como de Lado A y de Lado B. Canciones Lado A son aquéllas que incitan, son una invitación provocadora a vivir una delicia, canciones que justifican la idea de que la tentación se quita nada más cayendo en ella. Puedo citar como ejemplo de canciones Lado A algunas como “Vieras cuántas ganas tengo”, “Si nos dejan”, “Entrega Total”, “Mujeres Divinas”, “Hermoso Cariño”, “Por Amor”.

En las canciones Lado B es donde la tristeza y el despecho encuentran su hogar. En estas composiciones el engañado, el desplazado, el mal herido encuentra su resguardo, casi siempre acompañado de una botella. Es interesante ver cómo las canciones Lado B son más abundantes que las de Lado A. El desamor tiende a proliferar y pocos le cantan a la júbilo de sentirse enamorados. Mientras tanto, la desgracia de un amor mal pagado tiene más frecuencia que los accidentes de glorieta. En el Lado B nos encontramos dos modalidades: las canciones de odio y despecho que encierran mucha ira, mucho rencor y todo el odio jarocho que un amante pueda juntar en su corazón al ser desplazado o maltratado. Prácticamente todo el repertorio de Lupita D’Alessio o Paquita La del Barrio representan perfecto esta idea. La otra categoría de canciones Lado B son aquéllas que te adentran en una profunda tristeza y melancolía que simplemente impiden que el alma herida acepte la realidad a consecuencia de sus propios errores o peor aún, de la maldita indiferencia. Aquí se pone buena la cosa porque los ejemplos de esta modalidad son en extremo llegadores a su simple mención, no digamos a su escucha: “La Diferencia”, “Se me olvidó otra vez”, “De un mundo raro”, “No discutamos”, y mejor ahí lo dejo porque se me va el escrito a mil palabras. Yo creo que José Alfredo Jiménez se emborrachaba al escuchar sus propias canciones. Es más, seguro cada composición era una excusa para tomar más.

A todo esto, debo decir que ser mexicano te permite absorber una canción Lado A o Lado B indistintamente de una manera innata, casi automática. Aún si el alma no está pasando por ninguna pena siempre e inequívocamente habrá conmoción al escuchar una buena interpretación de una de estas canciones. Existe un tercer tipo de canción vernácula que más alejada del tema de los quereres y es aquélla que celebra la nacionalidad mexicana, que da harto orgullo de nuestro país y de haber nacido aquí. Siempre me he preguntado si este tipo de canción tiene un efecto más potente en los que aquí vivimos o en los que se fueron al norte. De cualquier manera, ya sea que causen júbilo o que causen nostalgia, el verde, blanco y rojo siempre nos ponen un brinco en el corazón y cuando se escucha de un buen mariachi y en vivo hasta se pone la carne de gallina y se revientan los botones de la camisa de puritito orgullo. Esto lo sentí cuando me di el regalo de ver al Mariachi Vargas de Tecatitlán acompañado de la Orquesta Sinfónica así como del balet regional ambos del ITESM. ¡Qué espectáculo! Y las canciones que seleccionaron, simplemente una delicia. En verdad nuestra música vernácula es un tesoro que deberíamos crecer. No sé porqué no hay ya nuevas composiciones de este género musical, de pronto se extinguieron. Como si se hubieran ido al cielo todos los compositores junto con Juan Gabriel. Necesitamos nuevas canciones Lado A y Lado B, necesitamos nuevos talentos que nos hagan sentir esa montaña rusa emocional al interpretarlas y no refritos cansados de lo mismo una y otra vez que sólo nos obligan a compararlos con los originales.

Ojalá hubiera tenido una voz privilegiada para ser mariachi cantor, eso hubiera sido yo. Pero no. Así como muchos, me gusta cantar pero tengo muy mala voz, así que bueno, mi estudio de grabación imaginario es por ahora una regadera. Pero eso sí, ¡VIVA MEXICO, CABRONES!

— Quienes me conocen saben bien porqué se me ocurrió el Lado A y el Lado B.

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EP047: Gracias Totales

¡Nada como saber vender! Esa actividad que a muchos les causa pavor y pánico a otros acelera y da motivo para levantarse y salir de casa por la mañana. Creo que vender fue una actividad que desde niño me salía natural. Eso sí, admito que conforme crecí se fue haciendo más complicada. No sé si haya sido por la sofisticación de los mercados, por la proliferación de competidores en todas las industrias y ramos, o porque los estándares de servicio se han elevado con los años a niveles insospechados.

He vendido categorías de productos y servicios algo variados: materias primas, electrónicos de consumo, enseres domésticos, maquinaria industrial, recubrimientos cerámicos, seguros y fianzas y en algún momento hasta chicharrones (!!!). Honestamente diré que de todo esto, las categorías más intrincadas y retadoras de venta han sido los aires acondicionados y los seguros. La estacionalidad de los primeros trae demasiada presión en los fabricantes ya que el canal de retail sabe muy bien como sacar provecho de ello y aquéllos que son poderosos en su participación de mercado siempre buscarán retrasar su decisión de compra lo más posible. Esto con el fin de presionar y obtener “espontáneamente” mejores propuestas económicas de parte de las marcas productoras que sólo buscan ejercer su plan de venta y producción que se plantearon antes de la temporada fuerte. Ese juego ahí es un estira y afloja de millones y millones de pesos donde el gallina será el que pierda más. Alto estrés, muy alto para todas las partes.

Por otro lado, en seguros la venta es algo compleja pero por otras razones. Una de las más frecuentes es la desinformación del consumidor en estos temas. Es igual que las membresías de gimnasio, que las consultas de nutriólogo: sabemos que es por nuestro bien, pero nunca parece ser buen momento para empezar. Nos cuesta mucho discernir entre bienestar y placer. Esto complica mucho la labor de venta de un plan de ahorro o de retiro. El hecho de ser intangible y a largo plazo causa mucha ansiedad a los consumidores mexicanos. En Estados Unidos, la gente sabe que debe tener este tipo de herramientas vigentes en sus vidas y prácticamente tres de cada cinco personas tiene una forma de cobertura en vida. En gastos médicos, después del Affordable Care Act, mejor conocido por su alias “Obama Care”, el que no tenga un seguro médico terminará pagando multas al Tío Sam. En Europa, prácticamente todos tienen una cobertura y muy en especial los que tienen dependientes económicos. Es algo que ni siquiera se cuestionan, ahí la conversación se trata más bien de cuánto asignar del ingreso anual al ahorro.

En México, sólo 1 de cada 10 mexicanos tiene seguro de gastos médicos y apenas un 23% tiene alguna forma de ahorro para el retiro. Es alarmante que ni siquiera el 30% del parque vehicular circula con póliza de seguro. Al parecer la mitad piensa que al no traer póliza el problema de incurrir en un siniestro será de la otra persona. O que nunca envejeceremos y siempre tendremos quién vea por nosotros. O que nunca nos enfermaremos, al menos de forma grave. Este pensamiento obstaculiza la labor de venta pero si a eso agregamos el abuso de parte de bancos que utilizan call centers para empujar todo tipo de cargos fijos en tarjetas de crédito, tenemos que la tolerancia de los consumidores se ha visto muy afectada. Este telemarketing tan intrusivo ha desvirtuado mucho el medio de acercamiento para asesoría genuina y legítima de cobertura financiera dejando al cliente potencial con alto grado de renuencia y escepticismo respecto al producto.

¿Me han llegado a colgar el teléfono? Sí. Un par de veces al menos. ¿He tenido que suspender una junta y retirarme? También. Dos veces. Pero ¿sabes? este lado oscuro de las ventas es precisamente el que le da más luz a mi labor. Es cuando uno siente que está haciendo algo trascendente. Eventualmente, conforme pasa el tiempo en el mismo negocio, empiezo a enfocarme más en cómo seré recordado por mis clientes que en el beneficio económico de la venta. Hay una máxima en el medio asegurador que aprendí en la convención MDRT: “A la gente no le importa qué tanto sabes, les importa cuánto te importan ellos a ti.” Pues sí, es verdad. La gente no se acuerda de lo que dijiste o quién seas, se acuerdan de cómo los hiciste sentir. El día de mañana cumplo once años en esta industria, con mi negocio. Así que puedo decir con toda confianza que en estos años de actividad no todos mis amigos se convirtieron en mis clientes, sin embargo, todos mis clientes se convirtieron en mis amigos. Para mi es agradecer cada día de que hayan más asegurados con una mentalidad de acción a protegerse a sí mismos y a los suyos. Más aún, por haberme dado la oportunidad de hacerlos sentirse más satisfechos de sus decisiones y que me recomienden para continuar mi labor. Es el raro momento en que convergen humildad y orgullo, uno que me da tremenda motivación a seguir adelante.

Nunca duré más de cuatro años trabajando para una empresa por un sueldo. Siempre pensé cuando recibía mi quincena que si creía que ese sueldo me representaba estaría totalmente equivocado. Sabía perfectamente y con gran convicción de que mi sueldo no era yo. Y aún así y como todo mundo seguía yo en la contienda de dar el kilo y demostrar capacidad. Las cosas no han cambiado mucho en ese sentido, lo que sí es distinto es que ahora los logros y las batallas ganadas no son anónimos o adjudicados a una enorme corporación. Ahora sí tienen nombre y apellido. Nunca me cansaré de agradecer a mis clientes por haberme dado la oportunidad de servirles ni de reconocer que sin ellos, mis primeros once años de agente no habrían sucedido. Como dijera alguien a quien admiro y extraño: ¡GRACIAS TOTALES!

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EP046: Janzu/Renacer

Mi último día de vacaciones en Puerto Vallarta.  Lo que fuera hace unos 30 años un pueblito pintoresco, ahora es de todo: un importante puerto, uno de los principales destinos turísticos de México, un desarrollo enorme de resorts y espacios para convenciones, una oferta gastronómica del más alto calibre y ahora, una reunión de spas con todo tipo de técnicas e instalaciones especializadas.

Cuando salgo de vacaciones, soy de los que siempre están buscando gimnasios y spas, para mi es muy importante la relajación y poder sentir que realmente me estoy desenganchando del negocio lo cual, en mi caso al menos, debe de ir en nivel mente así como en cuerpo.  Frecuento Vallarta en promedio una vez por año y he sido testigo en los últimos 24 años de cómo ha crecido la oferta de spas y masajistas locales.  Creo que actualmente se está viviendo su mejor momento ya que no sólo hay spas independientes en la ciudad, sino que también los grandes hoteles han invertido en espacios tan sofisticados que no le piden nada a instalaciones en Las Vegas, Bangkok o Miami.

En esta ocasión estuve en el Hotel Sheraton Buganvilias y su spa “Maiavé” tiene unos dos años de apertura. ¿Qué les puedo decir? Es fantástico, en verdad me ha parecido impecable no sólo en limpieza e instalaciones, sino también en el trato del personal.  Las atenciones recibidas realmente te hacen sentir que estás en un espacio protegido, ajeno al mundo exterior.  El año pasado pude tener un tratamiento aquí y quedé tan complacido que repetir esta vez era un anhelo desde semanas antes de llegar.  Sin embargo, ahora en su menú de servicios me ofrecieron una nueva terapia acuática llamada “Janzu”. Yo había escuchado una conversación en el pasado acerca del “Watsu” (Water + Shiatsu), pero al parecer esto era totalmente distinto.  Así que de inmediato les dije ok e hice mi reserva.

Hace unas horas que recibí mi Janzu y fue tal mi experiencia que ahora estoy escribiendo al respecto. Para empezar, el Janzu es una técnica terapéutica de origen hindú  y su esencia yace en el poder curativo del agua. Se tiene que hacer en una alberca climatizada a una temperatura de unos 30 a 32 grados celsius. En algunos lugares del mundo lo hacen al aire libre en lagos o ríos (!!!).  Debe de ser desempeñado por un terapeuta entrenado el cual te guiará en una serie de movimientos rítmicos y de trayectoria a lo largo de la alberca. Durante el proceso, deberá haber una sincronía colaborativa del cliente con el terapeuta en cuestión de movimiento y respiración ya que una buena parte de la sesión será llevada a cabo sumergido. (Te proporcionan un clip para la nariz).

Debo admitir que al inicio del ciclo me desconcerté un poco sobre la dinámica que seguiría, pero eventualmente pude agarrar literalmente “la onda” y fluir en el tratamiento.  Mi terapeuta se llama Arturo Aguilar y él fue entrenado por uno de los colaboradores de quien originalmente trajera esta técnica desde la India a México, Juan  Pathik Villatoro.  Arturo me pudo dar una inducción de lo que se busca lograr con el Janzu (palabra que en chino significa “río pacífico”) y simbólicamente te exhorta a desconectarte de tus preocupaciones en el agua, como una metáfora de “limpieza interior”, a la par que incentiva el pensamiento reflexivo en un efecto de regresión al lugar donde no hay problemas, no hay prejuicios, no hay nada más que la calidez y el cuidado de una madre; su vientre.  Por esta razón, el efecto del Janzu puede ser desde terapéutico en función de dolor y tensión muscular, migrañas y stress; hasta una experiencia genuinamente liberadora y transformadora.

Sin duda mi experiencia fue una de resultados holísticos; pude llegar en medio de los movimientos, la temperatura del agua y la iluminación en la alberca a un nivel de introspección y de meditación profunda.  Creo que el hecho de que yo tenga años de practicar la natación ayudó muchísimo a elevar el resultado ya que en lugar de estar distraído con la respiración,  yo estaba más bien arribando a un momento de consciencia que pocas veces he sentido.  En momentos de la sesión me encontraba levitando en el vacío, sujeto tan sólo de los tobillos por Arturo y pensando en las cosas de las que puedo prescindir en la vida, ya que me di cuenta de que son ésas las que determinan el verdadero lujo/confort y no las que poseo, como nos han enseñado a pensar.

Al término de la sesión, yo me sentía revitalizado, en mis pensamientos y en mis músculos. Rejuvenecido y alerta gracias al espíritu del agua. Ahora entiendo porqué le llaman al Janzu la terapia del renacimiento. No sé si sea algo universal, pero decididamente creo que debería de ser algo que todos tratemos al menos una vez.  Le agradezco a Arturo su indispensable participación en mi experiencia Janzu y espero que pueda repetirla en el futuro muy próximo.

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EP045: El Soundtrack 49

Pues llegó el día. El día en que me coloco en la antepuerta del quinto piso como edad cronológica, aunque internamente, aseguraría que mi edad enegética es de 23 y de chingas vividas, de 60. De hecho, es verdad que así como dicen que algunos días son mejores que otros, lo mismo va para los años. Puedo dar fe de dos de mis mejores años: 1993 y 2010. Ambos años tienen todo que ver con el resurgimiento, con la esperanza y el optimismo de presenciar nuevas etapas, nueva vida. 2019 ha sido un año diferente, por primera vez mis retos han sido de índole física y de recuperación. Sin embargo, el año también ha sido de inicios increíbles y un precursor definitivo de nuevos puentes con la gente y con el negocio. En estos momentos, me siento acelerado y vibrante, y como de costumbre, reflexivo. Creo que mi beat, mi evolución actual como resultado de mis decisiones pasadas trae una banda sonora que decididamente incluirá los siguientes tracks:

1.- Here comes the rain again, Eurythmics. Puedo contar con los dedos de una mano mis cumpleaños en los que no ha llovido. Siempre me dicen que la lluvia es signo de abundancia, quizás por eso la danza de la lluvia o los “rainmakers” son tan venerados. Pues bueno, el verano fue un interminable horno pero tan pronto inició septiembre y enseguida las lluvias llegaron. Nunca he tenido una fiesta de cumpleaños en la que la lluvia no sea un factor modificante. OK pues venga, que llueva y llueva, ya era necesario.

2.- Está allá, Laura Pausini. ¿Está el vaso medio lleno o medio vacío? ¡A quién le importa! Si te alejas un poco del vaso podrás ver una jarra llena de agua o una llave lista para llenar cualquier recipiente. Los límites existen y saber dónde, cuándo y para quién van drigidos a veces más bien te liberan y te catapultan, ahora más que nunca entiendo que la canción es uno mismo y la vida es el danzante; es ir llevando el verano en el corazón… ¡a estallar nuestra luz!

3.- For you, Rita Ora/Liam Payne. Se me eriza la piel cuando escucho esta rola. Todo el tiempo perdido pensando que el amor se encontraba en alguien más, que la felicidad depende de mi persona pero estando con otra. Todo lo que esta canción dice, todo lo que comunica me llegó profundo al momento que entendí que el mensaje que tanto me llegaba se trataba de mi. Esperándome una vida a mi mismo, nunca en busca de mi propio amor, de sentirme menos merecedor hasta que entendí que ese nuevo valor que le asignan a la fama y al pseudo liderazgo es una ilusión salida de un miniteclado o de una videocam. La verdadera realidad, la total conciencia reside en la medida en que vas dedicando tu energía y tiempo a lo que más amas tú. Feliz de tu vehículo de expresión y de experiencia: tu cuerpo. Celebrando tu medio de percepción de la naturaleza: tu espíritu. Honesto en tu conector humano: tu voz.

4.- Praise you, Hannah Grace Mucho han pasado juntos, mi cuerpo y mi corazón. Es hora de reciprocarlos con placer y con gozo. Así que escuchar más a mis necesidades físicas y afectivas es ir agradeciendo el sistema de apoyo que me brindan quienes me aman y me rodean cada día con su calidez y honesto cariño. Ahora sí, a comer más chocolate y si es acompañado, ¡pues qué mejor!

5.- Animal, Hello Seahorse! Exclama Denisse: “¡Ay qué tristeza!”. Seguir atacándose así, mantener las heridas abiertas, perdida la calma original, afilando los colmillos, sacando maestría para castigar… nadie ganará. Como un animal, de padres a hijos, de amantes a amantes. Dejando pedazos de gente regados por todos lados. Por años y años. Esto debe y va a parar ya. Ni de aquí pa’afuera ni de afuera pa’acá dentro. El animal que lame sus heridas es el que viene del combate, así como el animal más bello es el que habita libre en su reino y no disecado en propiedad de alguien.

6.- Calma antes de la tormenta, Soraya Segunda parte a la lluvia que cada año bautiza este día. Constantemente me llega el escalofrío de que la(s) persona(s) que más amo se despida(n), desaparezca(n). ¿Porqué? Porque así lo he vivido. Mi primer crush cuando tenía 18 años un día fue y se quitó la vida. Viví una tormenta interior, no sabía ni qué hacer, en total desconcierto y soledad tuve que afrontarlo ya que era algo muy secreto. Poco sabía que esta situación se iba a repetir una y otra vez a lo largo de los años. No en la muerte física tal cual, pero sí en la muerte del amor y el dolor de que una persona con la que tuviste tanta cercanía, tanta intimidad, de un día para otro se convierte en un total extraño. Entiendo ahora que las personas entran a tu vida para enseñarte lecciones sobre ti mismo y sobre el mundo que te rodea; sobre la ternura y la fragilidad e igualmente sobre el carácter y la crueldad. Recuerdo un regalo que me hiciera mi madre un día en un cumpleaños previo: era un corazón rojo, muy rojo en relieve metálico y me escribió una nota en la que me decía cómo desearía que yo tuviera un corazón así, flamante y brillante… intacto. Pero sabiendo ella que eso era virtualmente imposible, me recomendó que lo mejor era verlo como si fuera una foto, sabiendo que ese mismo corazón está aquí, que es el mismo que hoy tengo pero así como un rostro, él ha cambiado con el tiempo.

Así que en este punto, supongo es cuando esta gran aspiración me llega más fuerte y directa: Cuando no tienes nada de qué avergonzarte, cuando sabes perfectamente quién eres y conoces tus verdaderas convicciones, entonces estarás situado en sabiduría.

¡Bienvenidos 49! Sin nada qué demostrar y todo por vivir. Con mi cuerpo como una franca invitación a tener lo mejor que la vida ofrece y el corazón latiendo y listo para cualquier tormenta, por más cruda que sea. Al final, supongo que a quien realmente amas y quien realmente te ama sólo estará en tu coincidencia de tiempo y espacio limitadamente, pero después de aquí, después de Tierra, tengo fe de que seguro habrá una nueva reunión. Mientras tanto, los mejores momentos al lado de mis almas gemelas serán vividos y serán recordados mientras mi mente y corazón tengan el gran privilegio de la lucidez.

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Experiencias de vida, Sobrenatural, sociedad

EP044: Ouija board

He visto unas cuantas películas donde hacen uso de la ouija para desatar todo tipo de terrores en los personajes y por supuesto, en los espectadores.  Desde que era niño me llamaba la atención este artefacto (y las cosas de índole sobrenatural para este efecto) pero un buen día me topé con una ouija frente a frente. Era de una vecinita que juntó a otros dos amiguitos y nos dio una introducción a la conexión supernatural con el más allá.  Supongo que hasta risa da de solo imaginar a los cuatro huerquitos ahí sentados con el tablero ese en medio y concentrados en invocar algún espíritu perdido a que hablara con nosotros.  No necesito escribir que a pesar de nuestros esfuerzos nada de eso sucedió.  En ese momento al menos…

Yo le pedí a la vecina que me prestara su ouija para tenerla en casa.  No estaba satisfecho con el decepcionante resultado y quería ver si en verdad eso iba a funcionar o era una broma.  En aquel entonces yo tendría como trece años.  Así que me la llevé a casa, la escondí entre mi ropa y al día siguiente, cuando por fin estuve solo la saqué y empecé con el ritual.  Estaba yo con la tabla y con mis manos sobre el cursor preguntando al aire si había alguien aparte de mi en mi habitación.  Silencio. Nada.  Mientras que es cierto que estaba yo solo haciendo este experimento en la casa, también debo admitir que de pronto ya no sentí que estuviera del todo solo,  tanto que suspendí para ir hasta la cocina a ver si no había nadie, ya que seguro percibí que alguien estaba moviendo vasijas allá.  La casa de mis padres es una construcción de un piso en un terreno doble, así que cuando estaba niño yo sentía como si hubiera un kilómetro de distancia entre las recámaras y la cocina. A veces, mientras estábamos viendo la tele en la noche, a mi papá se le ocurría que quería que le trajera una naranja de la cocina y yo no podía negarme así que en medio de la oscuridad iba por ella pero claro que ya de regreso hasta le corría para evitar “encuentros” con algo o alguien, qué sé yo.

Pues bueno, el tema de la ouija ya no prosperó más porque yo no quise ya moverle. Fui con mi vecina y le regresé todo el kit al mero día siguiente.  El problema está en que después de esto, ese sentimiento, esa premonición de que cuando estaba yo solo en esa casa en realidad no lo estaba.  Y la casa se encargó de demostrármelo: una vez que mis papás habían salido a una cena, me quedé solo y estaba yo en su recámara viendo la tele mientras cenaba un cereal en la cama.  La puerta estaba a un lado de donde la tele y la única luz que se podía sentir en toda la casa era precisamente la de la televisión.  Estaba viendo el programa del Crucero del Amor o La isla de la Fantasía o una cosa así cuando de pronto vi dos luces aparecer; eran dos ojos viéndome fijo y como con curiosidad justo al filo de la puerta.  Como en el Exorcista, me enderecé súbitamente en gran susto para poder constatar qué era esa visión en realidad y en medio de la oscuridad vi que era un gato. Sí, parecía ser un gatito. Nada más que nosotros no teníamos mascota y estaba seguro de que la casa estaba completamente cerrada.  Brinqué de inmediato de la cama para acercarme al gato que no se movía y me veía, no podía ver mucho de su cuerpo, tan solo su cara pero sus ojos eran brillantes como luciérnagas.  Cuando el gato vio mi intención, se dio la vuelta y salió corriendo.  Yo estaba algo conmocionado, por no decir muerto de miedo, pero la misma adrenalina me obligó a perseguirlo.  Iba entre lento y rápido por cada habitación prendiendo focos a mi paso y preguntándome a la vez porqué diablos era tan grande esa casa.

El momento llegó en que todas y cada una de las luces de la casa estaban ya encendidas.  Yo estaba buscando frenéticamente por todos lados, abajo de sillones, de mesas, detrás de cortinas, quitando cojines de sofás.  No todos los cuartos contaban con puerta así que sólo una tercera parte de la casa pude cancelar a mi paso después de ser revisada.  La alacena, el librero, la estufa, el sofá de la sala, los baños, las regaderas. Nada.  Nunca salió ese gato.  Llegaron mis papás pero no quise decir nada porque entonces habría tenido que contarles de mi episodio con la ouija y por alguna razón yo sentía que eso que hice era algo que no recibirían muy bien.  Esa noche dormí con puerta cerrada y tapado con la sábana hasta la cabeza. Yo no sé si ese gato sería verdadero pero lo que sí sabía era que si en medio de la noche se hubiera subido a mi cama a mi me habrían tenido que internar en un psiquiátrico.

Nunca más volví a ver apariciones de ese gato, pero siempre sentí ciertas presencias en esa casa y posteriormente, al paso de los años, al salir de casa de mis padres, seguí de vez en cuando percibiendo cosas así.  En hoteles, en oficinas, en estacionamientos y una vez en un carro de renta.  Estoy seguro que llevaba un copiloto conmigo, simplemente lo podía sentir.  En sueños, frecuentemente se me presentan situaciones con gente ya fallecida que parecen tan reales que me resulta casi imposible despertar. Nunca han sido estas experiencias mal intencionadas, nunca he sentido amenaza o mala energía. Es más, la última vez que tuve algo así, estaba en presencia de dos amigas.  Estábamos en una oficina que compartíamos en una casa antigua.  Yo había comprado para mi oficina algunos juguetes de escritorio: puzzles, pelotitas y una marimba miniatura.  Una tarde, al finalizar el día, estábamos reunidos en la sala de juntas tomando un café y platicando del desempeño de la semana en general cuando de pronto, la puerta que comunicaba uno de los despachos a la sala se abrió sola.  Los tres nos quedamos como de “¡uy!” pero asumimos que probablemente se trataba de una corriente de aire por alguna ventana semi abierta o algo así.  Sin embargo, fue después de esto que seguíamos platicando cuando de repente, los tres lo escuchamos, sonó la marimba de mi oficina.  Eso fue lo que hizo que terminara el día y saliéramos de ahí cuanto antes.  ¿Qué pasó? ¿Qué fue eso? No lo sabré jamás pero recordé las palabras de alguien que una vez me dijo: “no hay espíritus buenos, solamente débiles”.

Esa oficina quedó atrás hace unos años ya, pero bueno, me quedo con la inquietud… ¿habrá alguna conexión con esa sesión de ouija a pesar del montón de años transcurridos?  No lo sabré de inmediato, pero algo sí sé de cierto: no pienso volver a acercarme a un experimento de esos en el futuro.  Después de todo esto, me he preguntado si ese concepto del ángel de la guarda será tan benévolo como solemos idealizar….