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Experiencias de vida, Sobrenatural, sociedad

EP044: Ouija board

He visto unas cuantas películas donde hacen uso de la ouija para desatar todo tipo de terrores en los personajes y por supuesto, en los espectadores.  Desde que era niño me llamaba la atención este artefacto (y las cosas de índole sobrenatural para este efecto) pero un buen día me topé con una ouija frente a frente. Era de una vecinita que juntó a otros dos amiguitos y nos dio una introducción a la conexión supernatural con el más allá.  Supongo que hasta risa da de solo imaginar a los cuatro huerquitos ahí sentados con el tablero ese en medio y concentrados en invocar algún espíritu perdido a que hablara con nosotros.  No necesito escribir que a pesar de nuestros esfuerzos nada de eso sucedió.  En ese momento al menos…

Yo le pedí a la vecina que me prestara su ouija para tenerla en casa.  No estaba satisfecho con el decepcionante resultado y quería ver si en verdad eso iba a funcionar o era una broma.  En aquel entonces yo tendría como trece años.  Así que me la llevé a casa, la escondí entre mi ropa y al día siguiente, cuando por fin estuve solo la saqué y empecé con el ritual.  Estaba yo con la tabla y con mis manos sobre el cursor preguntando al aire si había alguien aparte de mi en mi habitación.  Silencio. Nada.  Mientras que es cierto que estaba yo solo haciendo este experimento en la casa, también debo admitir que de pronto ya no sentí que estuviera del todo solo,  tanto que suspendí para ir hasta la cocina a ver si no había nadie, ya que seguro percibí que alguien estaba moviendo vasijas allá.  La casa de mis padres es una construcción de un piso en un terreno doble, así que cuando estaba niño yo sentía como si hubiera un kilómetro de distancia entre las recámaras y la cocina. A veces, mientras estábamos viendo la tele en la noche, a mi papá se le ocurría que quería que le trajera una naranja de la cocina y yo no podía negarme así que en medio de la oscuridad iba por ella pero claro que ya de regreso hasta le corría para evitar “encuentros” con algo o alguien, qué sé yo.

Pues bueno, el tema de la ouija ya no prosperó más porque yo no quise ya moverle. Fui con mi vecina y le regresé todo el kit al mero día siguiente.  El problema está en que después de esto, ese sentimiento, esa premonición de que cuando estaba yo solo en esa casa en realidad no lo estaba.  Y la casa se encargó de demostrármelo: una vez que mis papás habían salido a una cena, me quedé solo y estaba yo en su recámara viendo la tele mientras cenaba un cereal en la cama.  La puerta estaba a un lado de donde la tele y la única luz que se podía sentir en toda la casa era precisamente la de la televisión.  Estaba viendo el programa del Crucero del Amor o La isla de la Fantasía o una cosa así cuando de pronto vi dos luces aparecer; eran dos ojos viéndome fijo y como con curiosidad justo al filo de la puerta.  Como en el Exorcista, me enderecé súbitamente en gran susto para poder constatar qué era esa visión en realidad y en medio de la oscuridad vi que era un gato. Sí, parecía ser un gatito. Nada más que nosotros no teníamos mascota y estaba seguro de que la casa estaba completamente cerrada.  Brinqué de inmediato de la cama para acercarme al gato que no se movía y me veía, no podía ver mucho de su cuerpo, tan solo su cara pero sus ojos eran brillantes como luciérnagas.  Cuando el gato vio mi intención, se dio la vuelta y salió corriendo.  Yo estaba algo conmocionado, por no decir muerto de miedo, pero la misma adrenalina me obligó a perseguirlo.  Iba entre lento y rápido por cada habitación prendiendo focos a mi paso y preguntándome a la vez porqué diablos era tan grande esa casa.

El momento llegó en que todas y cada una de las luces de la casa estaban ya encendidas.  Yo estaba buscando frenéticamente por todos lados, abajo de sillones, de mesas, detrás de cortinas, quitando cojines de sofás.  No todos los cuartos contaban con puerta así que sólo una tercera parte de la casa pude cancelar a mi paso después de ser revisada.  La alacena, el librero, la estufa, el sofá de la sala, los baños, las regaderas. Nada.  Nunca salió ese gato.  Llegaron mis papás pero no quise decir nada porque entonces habría tenido que contarles de mi episodio con la ouija y por alguna razón yo sentía que eso que hice era algo que no recibirían muy bien.  Esa noche dormí con puerta cerrada y tapado con la sábana hasta la cabeza. Yo no sé si ese gato sería verdadero pero lo que sí sabía era que si en medio de la noche se hubiera subido a mi cama a mi me habrían tenido que internar en un psiquiátrico.

Nunca más volví a ver apariciones de ese gato, pero siempre sentí ciertas presencias en esa casa y posteriormente, al paso de los años, al salir de casa de mis padres, seguí de vez en cuando percibiendo cosas así.  En hoteles, en oficinas, en estacionamientos y una vez en un carro de renta.  Estoy seguro que llevaba un copiloto conmigo, simplemente lo podía sentir.  En sueños, frecuentemente se me presentan situaciones con gente ya fallecida que parecen tan reales que me resulta casi imposible despertar. Nunca han sido estas experiencias mal intencionadas, nunca he sentido amenaza o mala energía. Es más, la última vez que tuve algo así, estaba en presencia de dos amigas.  Estábamos en una oficina que compartíamos en una casa antigua.  Yo había comprado para mi oficina algunos juguetes de escritorio: puzzles, pelotitas y una marimba miniatura.  Una tarde, al finalizar el día, estábamos reunidos en la sala de juntas tomando un café y platicando del desempeño de la semana en general cuando de pronto, la puerta que comunicaba uno de los despachos a la sala se abrió sola.  Los tres nos quedamos como de “¡uy!” pero asumimos que probablemente se trataba de una corriente de aire por alguna ventana semi abierta o algo así.  Sin embargo, fue después de esto que seguíamos platicando cuando de repente, los tres lo escuchamos, sonó la marimba de mi oficina.  Eso fue lo que hizo que terminara el día y saliéramos de ahí cuanto antes.  ¿Qué pasó? ¿Qué fue eso? No lo sabré jamás pero recordé las palabras de alguien que una vez me dijo: “no hay espíritus buenos, solamente débiles”.

Esa oficina quedó atrás hace unos años ya, pero bueno, me quedo con la inquietud… ¿habrá alguna conexión con esa sesión de ouija a pesar del montón de años transcurridos?  No lo sabré de inmediato, pero algo sí sé de cierto: no pienso volver a acercarme a un experimento de esos en el futuro.  Después de todo esto, me he preguntado si ese concepto del ángel de la guarda será tan benévolo como solemos idealizar….

desarrollo personal, Food 4 Thought, Life Adventure, vida

EP:043 Lo que más me cuenta.

Estaba leyendo un texto y me topé con esta frase: El punto de hacerse viejo es cambiar. Quiero ahondar en esta frase más adelante, pero algo que sí me dejó pensando fue el hecho de que a medida que pasan los años uno va conociéndose más y sobre todo, algo de lo que me había estado olvidando, va consintiéndose más. Se van haciendo más claras las cosas que uno disfruta, las cosas que lo transportan, las cosas que conmueven.

Estas son las cosas que uno va reconociendo como aquéllas que lo mantienen a flote, que lo hacen ir, buscarlas y vivirlas. En el pasado me he saltado muchas de estas cosas y hasta hace poco empecé a reconocerlas y debo decir que ahora es más sencillo acceder a ellas que antes. Quiero encontrar esas cosas que me traen total impacto de vida, creo que puedo enumerar aquí unas 15:

1.- Cocinar algo especial, mientras más ingredientes mejor. Me encanta el proceso y luego comprobar el resultado. Si habrán invitados a comer, ¡mucho mejor!

2.- Tomar un café mientras escribo, si el clima es lluvioso, mejor aún.

3.- 60 minutos nadando me hacen el día, es mi momento alto de cualquier día.

4.- Ver una película que me saque fuertes carcajadas o verdaderas lágrimas. Y no me da pena admitir que lloro en el cine, de hecho, mis compañeros de cine deberían cumplir este requisito, ahora que lo pienso.

5.- Cada vez que aseguro a una familia o a una persona siento el mismo rush que la primera vez que conecté un negocio así. Para mí es de lo más gratificante y satisfactorio que mi vida profesional me ha ofrecido, especialmente cuando veo que un niño tendrá su educación asegurada, que una familia no tendrá un declive si falta su proveedor principal o que un padre o madre en definitiva dejarán una herencia a sus descendientes.

6.- Subirme a un avión que me llevará a un destino nunca antes visitado por mi. La aventura de conocer un lugar fantástico y diverso sigue siendo un gran motivante en mi vida.

7.- Disfrutar un buen postre. No hablo del típico brownie con nieve de vainilla. No. Me refiero a algo verdaderamente único y delicioso. Frecuentemente encuentro que en restaurantes (sobre todo los gringos) los postres tienden a ser presentados de una forma tan grotesca que hasta el hambre se me va. Para mi en postres, menos es más, y si no es realmente bueno, mejor lo dejo.

8.- Hacer una playlist en el Spotify me mata. Me encanta pensar canciones, buscar canciones. Esta dinámica me hace inequívocamente descubrir nuevos intérpretes y nuevas canciones. No necesito decir la cantidad de playlists que tengo ahí ya. La música y yo somos muy amigos ¡y ya tenemos mucho rato!

9.- Comprar y ponerme ropa deportiva. El gimnasio es uno de mis lugares favoritos. Ahí sudar no sólo es permitido, es solicitado. Nunca me siento bien sudando con ropa normal, lo cual es muy común en mí. Entonces, qué mejor que ir a sudar in fashion. Mi marca favorita: Adidas.

10.- Bailar mis canciones favoritas. Solo o acompañado, siempre será un placer primal en mi vida, espero poder hacerlo lo más que pueda. Mi rodilla estaba en recuperación pero aún así lo hice y sigo.

11.- Hacer un arreglo de Ikebana, desde ir a conseguir los elementos hasta diseñar cómo los dispondré. La belleza puede ser tan abstracta como las flores mismas.

12.- Conducir en carretera. Solo aún mejor. Con un café, la música preferida y el aire acondicionado encendido. Ver los paisajes, sentirme parte y sobre todo, agradecido del mundo que pude percibir completo, cuando hoy, a pedazos lo estamos terminando.

13. No soy una persona que acostumbra dormir durante el día, pero cuando las condiciones son propicias en mi cansancio, el momento y la tranquilidad alrededor, nada como una buena siesta a media tarde, de esas que duran entre 60 y 90 minutos. A gusto.

14.- El silencio. Es tan difícil de conseguir ya. Sería capaz de pagar por él.

15.- Un masaje relajante bien dado. Estoy agradecido de que me haya el cosmos puesto en mi camino desde hace más de 20 años a Pedro, mi fisioterapeuta personal y quien me ayuda a recuperarme y ponerme de pie cuando mi cuerpo duele más de lo normal y mi mente se encuentra aplanada de estrés.

¿Cuáles son la cosas que a ti te cuentan más?

Food 4 Thought, vida

EP042: In memoriam

Esta semana falleció mi tía Maricela, prima hermana de mi mamá. Mi tía fue una mujer que vivió el gran reto de luchar, de guardar entereza y sobre todo, de estoicamente demostrarnos a todos ese gozo de vida que sólo se ve en las personas trabajadoras, llenas de logros e historias. Recuerdo que ella le entraba a todo: inició su propio negocio, jugaba tennis, pintaba, club de jardinería, cultivo de bonsais y de todo esto, lo que compartía conmigo y mis papás eran estas sesiones en las que jugábamos canasta por horas y horas. Me encantaban esas reuniones, nunca encontré después de ella algún grupo de personas con quienes jugar y vaya que disfruto ese juego.

Durante el sepelio, me quedé un rato sentado frente a su féretro acordándome de todas las cosas que la hicieron esta persona, tuve memorias tan claras de mi niñez en las que ella estaba presente, relatos de mi madre de cuando ellas eran estudiantes y compañeras de cuarto. Todo era tan vívido que me fue increíble comprender o aceptar el terrible dolor físico por el que tuvo que pasar en sus últimos días. Sigo sin entender porqué Dios puede someternos a semejantes pruebas, pruebas tan duras y tan difíciles que hasta morimos por ellas. Noté en mi madre mucha consternación, ella siempre viste de colores brillantes pero ese día venía completamente de negro. Su aflicción era interna, sin embargo, no manifestó su tristeza a mis primos, al contrario, fue cálida y muy empática con ellos. Quisimos recordarles momentos de alegría y episodios de absoluta determinación de mi tía.

Durante el velorio, cuando pude ver el hecho de que para mi tía haya tantas personas que siempre la recordarán y hablarán de ella por sus días de vida y no por su día de muerte; me queda claro el porqué vivir así vale la pena. Aparentan vidas normales, regulares pero en realidad están llenas de sacrificios y de hazañas ejemplares día tras día. Ella vivió como madre, como hermana, como esposa, como viuda, como amiga, como artista, como abuela y cada una de estas capas de su vida fue llevada con mucha altura, con toda dignidad.

Estamos en un momento tan crucial en nuestras sociedades, en nuestra humanidad, en el que las personas de valores fuertes se nos están yendo, se están despidiendo y nos están dejando esta encrucijada en las que las cosas simples de la vida se desestiman tanto. Quiero encontrar gente como mi tía Maricela, que saque dicha hasta de un juego de cartas y que nos contagie de esa alegría hasta sin darse cuenta. Quiero rodearme de personas que elijan la plenitud de la sencillez y que cuando las saludas se les nota en sus rostros el gusto de verte. Así de fácil, que lo que nos brinden sean ellos mismos. Muy cierto eso que dicen por ahí que para morirse, primero hay que vivir.

Dedicado por completo a mi Tía Maricela, Q.E.P.D. Siempre la recordaré con muchísimo cariño y como un gran ejemplo.

Cultura Pop, Food 4 Thought, Life Adventure, People, sociedad

EP:042 Infidelidad ver 2.0

Phone sex, sexting, instant messaging, chat rooms, live web cams, sitios online de ligue, mundos virtuales en línea, intercambio de fotos y videos en vivo, sin mencionar Skype, Facebook, Instagram, Twitter— no hay fin a la lista de los nuevos retos que enfrentan las parejas desde hace una docena de años.  Ahora que existen todas estas variantes, hombres y mujeres por igual navegan el internet en busca de un escape de sus relaciones maritales o noviazgos.  No tienen que tocarse, pero pueden estar horas y horas de muchos días metidos en un conversaciones o video llamadas hasta virtualmente olvidarse de que tienen una pareja en el mundo real.  No es de extrañarse porqué las relaciones de hoy son tan frágiles, tan listas al quiebre.

Muchos de los transgresores se defienden con el argumento de que “no creen que sea poner los cuernos ya que no ha habido contacto físico”, y en efecto, las leyes no contemplan esto todavía de forma rigurosa.  En Estados Unidos dicen que este tipo de conductas no serán consideradas como adulterio a menos que se demuestre que hayan determinado la causa principal del divorcio.  Para echar más leña al fuego, se ha visto que el número de mujeres cometiendo estas infidelidades ha aumentado de tal forma que ya es igual de probable que cualquier parte se vea causando el fin de una relación.

Se han creado nuevas apps como el Snapchat, en las que los mensajes, fotos y videos se borran después de haber sido vistos, aunque, no estarán borrados del todo ya que si existiera una orden judicial, la app estaría obligada a mostrarlos para un litigio puesto que sí los tiene en sus archivos.  Aparte de esto, la app permite tomar screenshots o pantallazos de lo que se está mostrando, lo cual implica un nivel de riesgo también en cuanto a dejar rastros concierne.  Viendo estas limitantes del Snapchat, el mismísimo panelista del Shark Tank, el millonario Mark Cuban, mandó desarrollar una app similar llamada CyberDust, con la diferencia que en ésta los contenidos sí son de hecho permanentemente borrados de todo lugar y aunque sí permite tomar un screenshot, la app notificará al que envía si esto es algo que su interlocutor hizo.  Al parecer la secrecía y anonimatos de quienes comunican contenidos sensibles es algo que la tecnología se está tomando muy en serio, y el show no se detiene ahí:

Estaba leyendo un artículo que describe cómo en el futuro, la tecnología estará ofreciendo métodos para que pueda existir la estimulación física que hoy falta en el ciber-adulterio.  Se está desarrollando un producto llamado “Mojowijo”, el cual es un juguete sexual con control remoto el cual permite a una persona generar estimulación en el órgano sexual de otra desde una locación distinta.  Este dispositivo tendrá versiones para cada género.  Asimismo, se encuentran en etapas experimentales otros tipos de estimuladores remotos, como sábanas y artículos de ropa que tendrán una función similar al Mojowijo.

Así que el futuro se ve brillante para los infieles y para los abogados de lo familiar por igual, puesto que estas barreras del no-contacto serán derribadas y habrán aún más recursos legales para proceder las demandas de divorcios con causa.  Sin embargo, mucha gente se sigue preguntando si más allá de lo legal, estoy hablando ahora del terreno moral, la ciber infidelidad constituye una falta a su compromiso de pareja, partiendo claro está, de que nunca haya habido ese contacto físico.  La verdad de las cosas es que lo que se ha visto con frecuencia en parejas que enfrentan esta problemática es que si bien no hay ese contacto, a veces los engañados hubieran preferido que sus parejas tuvieran un acostón de una noche que terminara esa tentación a cambio de la infinidad de horas de ausencia emocional y física que vivieron durante esta experiencia.  También notaron que la actividad sexual de su relación disminuía considerablemente ya que ésta se estaba llevando a cabo frente a una webcam.  Finalmente, era casi una constante que quienes tenían una ciber relación de infidelidad terminan tarde o temprano haciendo contacto físico con la otra persona, no importa qué tan lejos vivan uno del otro.

Supongo que si alguien se pregunta si está cometiendo una falta o un adulterio al engancharse en una relación ciber sexual debería dejar de preguntárselo a sí mismo y más bien consultarlo con su pareja, preguntarle a su pareja qué piensa al respecto.  Si el navegar sitios de porno, de ligue, de video chats con o sin costo, sería considerado por su pareja como una falta a la relación.  Y bueno, ya en esos menesteres, creo que aparte de esa consulta la otra debería ser a sí mismo y figurar cuál sería su propia respuesta suponiendo que su pareja viniera a hacerle la misma pregunta.  Es tan real ya lo que virtualmente sucede y es tan amplio el campo de área gris que en verdad me pregunto si durante las etapas de dating o dentro de los inicios de la relación deberían platicarlo las parejas creo que casi con un checklist de lo que consideran una falta porque el espectro que hay es bastante amplio.  Personas se molestan porque alguien acepta amistades nuevas en el facebook, porque tiene cuentas en más de una red social, o el pecado mortal: tiene más de una cuenta en una sola red social a la vez.  Otros consideran que subir selfies es una invitación, otros fiscalizan los participantes o lugares de imágenes compartidas en las que sus parejas aparecen o peor aún, se etiquetan.  Así que como dicen, si no quieres arrepentimientos pues que no hayan promesas porque quien acepta los celos es porque quiere los celos.

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Food 4 Thought, politica, sociedad

EP041: Nada

Nada qué escribir.  Nada qué hacer.  Sin ánimos de nada.  Nada parece ser el tema de hoy.  Que nadie diga nada.  Que nada se haga en contra de nada.  Pero luego, al ir escribiendo sobre la nada, queda una duda, la duda de que nada es algo.  La ausencia de algo.  Algo que deseo que esté o algo que agradezco que no esté.  Últimamente, he agradecido más la aparición de la nada que la abundancia de otras cosas.  Ah! y sobre la abundancia, ¿qué es exactamente lo que hará a algo abundante? Porque el que tiene nada se convertirá en un detector de abundancia al menor asomo de un par de algos.  Para el que está acostumbrado a la abundancia, lo abundante será aquéllo que tiene al doble, al triple… a la N!.  Esto me refiere de inmediato a una buena parte de nuestros políticos y para ellos hay abundancia de insultos en todos niveles; sin embargo, me pregunto si serán el doble o el triple que hace diez o veinte o cincuenta años.  De que han tenido abundancia de insultos eso es innegable, pero ante tanta abundancia histórica de groserías, supongo que los insultos actuales han de estar lejos de siquiera ser notados. Así como su dinero.

Nadie tiene el monopolio de la abundancia ya que al parecer todos van tras de él.  Pero todo aquél que lo persigue sentirá cada día que nada tiene, que nada ha conseguido.   Leí el otro día que hay una diferencia entre el dolor y el sufrimiento.  El segundo se refiere al dolor, sí, pero equivale más bien al dolor que se experimenta cuando lo es por algo trascendente, de importancia. El primero en cambio, ese es sólo dolor.  Nada que valga la pena irá libre de sufrimiento, pero, ¿cuál será el punto de sufrir cuando se lucha por algo que ya se tiene?  Ese es el dilema que no entiendo de la gente que está acostumbrada a la abundancia… pero luego, cuando uno dice “esa gente” entonces ¿se está admitiendo ausencia de abundancia o es acaso que más bien es uno, en su propio contexto, el que está acostumbrado a la abundancia?

Creo que como hace años dijera el autor Gary Zukav en su libro “The Seat of the Soul”: el poder externo constituye todo aquello que te puede ser retirado. Dinero, joyas, riquezas, carros, puestos corporativos, círculos de amistades, etc.  El poder interno que él más bien llama “el poder auténtico” es el que nadie te puede quitar.  Conocimiento, personalidad, educación, formación, espiritualidad, amor. Todas esas cosas que antes eran tan aspiracionales y que hoy, no sé bien porqué razón, la mayoría los considera como NADA.

Esta es la entrada más corta que escrito en el eco personal a este día y es porque creo que en los temas de hoy, la gente dice todo y hace nada. Cuántos se quejan del entorno y parecen hasta desear que todo fracase y se vaya al cuerno para poder gritar “se los dije!”, sin embargo, una vez que eso suceda, esos mismos que hoy hablan…¿pasarán de quejas a más bien no hacer nada?  ¿Qué hay después del colapso?  Bueno, punto y aparte, al menos puedo decir que tuve unos 30 años de noticieros aburridos, de una vida tranquila casi ingenua llena de nada, o sea, de paz en nuestros entornos; porque lo que es ahora es un shit show diario lleno de sorpresas frecuentemente incómodas, de shock e incluso macabras.  Cerrar los ojos, cerrar los oídos a la abundancia de malas noticias para que así por amor de Dios, conservemos todavía el privilegio del shock en lugar de tomar todo este maligno caos COMO SI NADA.

caos

deporte, desarrollo personal, Food 4 Thought, Self-improvement

EP040 Salvavidas

No recuerdo haber tenido nunca durante mi infancia problemas de sobrepeso. Yo siempre fui un niño robusto sí, pero saludable; nunca fui realmente delgado ni obeso, ni siquiera cercano a gordo. No sino hasta que tuve 13 años y en un verano me fui a pasar una visita extendida con mi tía a Ciudad de México que vivía por allá del rumbo de Indios Verdes. Fue en ese viaje que descubrí los tianguis de mercado y por ende, la garnacha. Bendito antojito mexicano, fue mi fuente de placer ese verano cada día de mis dos meses de estancia. Los tacos de pastor, las memelas, el huarache, los sopes, las flautas; Dios mío, me la pasé comiendo fritangas a más no poder hasta que llegó el momento de mi regreso y pues sí, regresé a casa con una apariencia algo distinta de como me fui. Mi madre fue la primera en notarlo; bueno, gritarlo más bien dicho. Obvio no paré ahí, entre el gozo de la comida y en el darle la contra a mi mamá, me fui desbocando hasta llegar a mis 107 kilitos de peso a los apenas 15 años. Aunque me miraba bien bonito yo, ese peso permaneció un ultra secreto por años. Sufría con la ropa pero logré comprar cosas tan holgadas (gracias ochentas) que no se notaba mucho el problema. No sólo comencé con un régimen de dieta, sino que también tuve que buscar alguna forma de ejercicio físico para deshacerme de todo eso. Elegí la natación. Inicié lento pero le fui agarrando gusto y poco a poco empezaba a sentir que se movía un poco de esa garnacha atrapada. Para cuando cumplí 17 años y terminé la prepa, fui enviado a Estados Unidos, específicamente Fayetteville, Arkansas, a hacer el último año de high school. Mis anfitriones durante ese año fueron mis tíos Alfredo y Rosanne, a quienes les debo el haberme ayudado a seguir con este deporte. Mi primo Stevan, menor que yo y cursando junior high en ese entonces, nadaba competitivamente. Un día lo vi nadar y simplemente me pregunté si algún día iba yo a poder nadar así.

Eventualmente me inscribí en el equipo de natación y comencé mis prácticas con ellos. En verdad creo que fueron de los mejores días de mi vida en el deporte. Conocí a gente increíble y llegar cada día a nadar en equipo era algo que nunca había vivido antes. El compañerismo, la presión previa a las competencias, la emoción al estar ya en ellas y la celebración posterior de todo el equipo en alguna pizzería no los cambio por nada. La sensación de la adrenalina en las competencias, la magnitud del reto físico que al principio en mi cabeza radicaba en saber no si ganaría, sino más bien de si tendría la fuerza y condición para terminar todas las pruebas! Eventualmente descubrimos que lo mío eran los eventos de rendimiento más que los de velocidad: 200 y 400 metros combinados, 400 libres, 100 mariposa, 200 libres y por el estilo. Esto le ponía más presión al asunto ya que eran tremendamente demandantes, recuerdo terminar algunos de ellos con mis piernas y brazos temblando. Poco a poco mejoré y finalmente llegó ese punto donde contábamos el tiempo en que terminaba cada prueba y comparábamos con los tiempos registrados de otros estudiantes de otras escuelas. La juventud estaba a mi favor y yo sentía que nada que me propusiera estaba fuera de mi alcance. Creo que el deporte en general, al hacerse competitivo así, se convierte en una adicción, la adrenalina en una droga; lo innegable es que ningún deporte me hace sentir al término de un entrenamiento como la natación.

Seguí en ese deporte al graduarme y regresar a Monterrey. Al ingresar al ITESM inscribirme en el equipo representativo fue de las primeras cosas que hice. El coach se llamaba José Urueta. Iba con grandes sueños y los entrenamientos eran duros y largos. Dos veces al día: a las 6am nadábamos 5000 metros y a la 1:30pm, corríamos o hacíamos pesas. Pero un buen día, la desilusión llegó: me cortaron del equipo. Nadaba mejor que otros ahí pero como era de primer año, el coach pensó que podíamos esperar para ingresarnos ya que habían más nadadores de lo que podían entretener. Yo salí ese día disparado de ahí en total ira. Me dirigí al club deportivo de mis papás y me metí en esa piscina a nadar toda mi furia hasta que se disipó. No quise esperar a nada. Nunca regresé al equipo del Tec. Sin embargo, no me detuve de nadar y de seguir compitiendo. Ingresé al programa de Masters y empecé a competir para clubes privados. Esto lo hice hasta cumplir 38 años. Hoy, de alguna manera agradezco a Pepe Urueta de haberme cortado, fue una de las primeras lecciones de vida que tuve para poder encontrar fuerza en la decepción, a darme cuenta de que la ira puede ser aventar la toalla o puede ser también armarse de mucha determinación y simplemente hacerlo sin mirar atrás.

La natación me salvó la vida, si no hubiera yo tomado ese deporte, quizás hubiera seguido en mi espiral de obesidad pero más que eso, jamás habría aprendido lo que es la disciplina, la perseverancia y sobre todo, la automotivación de siempre continuar y de encontrar en la ira y el coraje la fuente del enfoque a una meta. Siempre hay resultados mejores porque siempre habrá oportunidad de mejorarlos y quien otorga esta oportunidad es uno mismo. Este desempeño al ir acumulando esas vueltas a la alberca me ha hecho darme cuenta de que es en el agua cuando obtengo de pronto una claridad plena a mis problemas, de pronto las soluciones llegan casi sin buscarlas y al salir de la piscina hay un cierto sentido de satisfacción que pocas veces ocurre para mi en otras disciplinas.

Este 2019 estoy celebrando 33 años de nadar y aunque ya no hago más de 2000 metros por sesión ni participo en competiciones, sigo sintiendo el mismo placer al hacerlo. No quiero detenerme porque precisamente ahora que me estoy reponiendo de mi cirugía de la rodilla, la natación está una vez más salvándome la vida. Mi rehabilitación ha tenido mucho que ver con la alberca y pienso en el contraste de mis pensamientos, de mis motivos a estar ahí sumergido. Los años hacen de los recuerdos una fantasía, sueños que en definitiva no sé al día de hoy si constituyen algo que poseo o algo que ya perdí.

Yo sé que habrán días en los que quizás no tenga tantas ganas o me falte la energía, pero eso no está en mi cuerpo; está en mi mente. Exacto eso me alimento mientras entro al agua y empiezo a sentir su fría sensualidad deslizarse a mis costados en las primeras brazadas de este único placer al tiempo que doy inicio a lo que será una revitalizante sesión de fisioterapia a la cual le apodo “entrenamiento”. Mente sana en cuerpo sano. Siempre.

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EP039 Dolor y Gloria

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Acabo de ver la nueva película de Pedro Almodóvar, Dolor y Gloria. Antonio Banderas obtuvo su Palma de Oro este año por su actuación en la misma. Y cómo no iba a ganar con este retrato de adentro que nos compartió el director. Incluso el corte de pelo de Banderas es prácticamente un cameo del de Almodóvar, lo cual nos recuerda quién hizo el guión y dirigió este esfuerzo.

La película es potente hasta en sus silencios. Penélope Cruz hace un papel tan dulce como el que hiciera en “Volver”, incluso me la imaginé en cómo habría sido su personaje de la Hermana Rosa de “Todo sobre mi madre” una vez que se hiciera mamá. Al final lo que hace Almodóvar es darnos una ficción encima de otra ficción, como cuando dos negaciones resultan en una afirmación, la película te va llevando por lugares conocidos tanto de su propio repertorio como de la memoria de uno mismo al estar viéndola.

Hay pasajes que me trajeron a la mente a “La mala educación” y “La ley del deseo”, súper sugerentes de lo que fueron estas dos películas ambas adentradas en tema gay, así como su creador, pero como el paso de los años en un hombre, la intensidad de dicha temática fue atenuándose conforme pasaron las realizaciones, siendo en ésta última una sexualidad si no tan problemática más bien explicativa, compasiva de sí misma y calmándose a través del perdón interior; transmitiendo directo de que el perdón a sí mismo es el perdón que cuesta el doble.

Y hablando del perdón, es imposible dejar de notar la cantidad de uso del color rojo en el filme. Rojo por doquier: ropa, tapices, lámparas, autos, en todos lados. Sin embargo, cada personaje que se asoma a la vida del protagonista, aparece con una o más prendas de este color, mientras que Salvador, el personaje de Antonio Banderas, es el único al que se le permite usar azul. No que no utilice el color rojo también de repente, pero sólo sucede cuando él se siente vulnerable y confesionario de sus faltas. Cuando necesita ese auto-perdón. Mientras que cuando viste azul, su contraparte de actuación seguramente vestirá de rojo. Me recordó la trilogía de películas de Krystof Kieslowski, “Tres Colores”, en su serie, la última parte se llamaba “Rojo”. En ella, el rojo pertenece al color de la bandera francesa que evoca fraternité y ésta en “Dolor y Gloria” siempre está flotando, en especial cuando llegan personajes de la vida pasada del protagonista con los cuales tenía conflictos sin resolución. Pero además, ya en la película de Kieslowski, el rojo implica que para que haya fraternidad, deben haber antes perdón y misericordia. Empatía y disolución de conflictos. Así, al igual que el “Azul” de Kieslowski que emanaba una añoranza profunda e implacable, cuando Banderas viste o se rodea de este color, él se coloca presto a perdonar y a cándidamente seguir adelante con sus amigos y colaboradores dejándonos a nosotros la pregunta de si haríamos lo mismo con alguien del pasado a quien dejamos de hablar por alguna necedad o quizás por algo más profundo.

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Esta película es un viaje al interiorismo, a la introspección y creo que quienes más la pueden disfrutar, son aquellas personas que no tienen miedo de enfrentarse a sí mismos. Karl Lagerfeld no titubeaba en denostar a las personas incapaces de estar solas, las detestaba. En “Dolor y Gloria” vemos cómo nuestra era ofrece muletas para aquéllos que terminan en soledad. Muletas como drogas, alcohol o sexo. La descripción de cómo el dolor de la vida solitaria va ofuscando los sabores del éxito ya que tan cruel como puede resultar, el éxito vendrá con el precio adjunto de la soledad y el efervescente de la creatividad. Creo de hecho que éste fue el factor principal que motivó la realización de esta película.

Aunque para mi en lo personal, “Todo sobre mi madre” continúa siendo mi película favorita de Almodóvar y una de mis predilectas en general, no cabe duda que “Dolor y Gloria” está muy cerquita de ella. Llegadora y sobre todo, relevante; se me quedó debajo de la piel.

Al tiempo que escribo esto, sé que volveré a verla de nuevo antes de que acabe esta semana y sé también que lo haré aunque sea para poder contemplar con ansia una escena tan íntima y memorable como ésta:

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