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EP048: ¡Ya llegó el Mariachi!

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No me acuerdo bien desde cuándo pero de repente como que me empezó a gustar la música de mariachi. ¿Rupturas amorosas y desencantos? ¿Enamoramientos y amarres? Qué sé yo, sin embargo, sospecho que tiene que ver un poco con ser mexicano. En serio, ¿qué hace que de pronto estas canciones nos lleguen tan fuerte y directo?

No tengo una respuesta específica pero de que el amor y el desamor tienen mucho que ver, eso que ni qué. Yo normalmente catalogo las canciones como de Lado A y de Lado B. Canciones Lado A son aquéllas que incitan, son una invitación provocadora a vivir una delicia, canciones que justifican la idea de que la tentación se quita nada más cayendo en ella. Puedo citar como ejemplo de canciones Lado A algunas como “Vieras cuántas ganas tengo”, “Si nos dejan”, “Entrega Total”, “Mujeres Divinas”, “Hermoso Cariño”, “Por Amor”.

En las canciones Lado B es donde la tristeza y el despecho encuentran su hogar. En estas composiciones el engañado, el desplazado, el mal herido encuentra su resguardo, casi siempre acompañado de una botella. Es interesante ver cómo las canciones Lado B son más abundantes que las de Lado A. El desamor tiende a proliferar y pocos le cantan a la júbilo de sentirse enamorados. Mientras tanto, la desgracia de un amor mal pagado tiene más frecuencia que los accidentes de glorieta. En el Lado B nos encontramos dos modalidades: las canciones de odio y despecho que encierran mucha ira, mucho rencor y todo el odio jarocho que un amante pueda juntar en su corazón al ser desplazado o maltratado. Prácticamente todo el repertorio de Lupita D’Alessio o Paquita La del Barrio representan perfecto esta idea. La otra categoría de canciones Lado B son aquéllas que te adentran en una profunda tristeza y melancolía que simplemente impiden que el alma herida acepte la realidad a consecuencia de sus propios errores o peor aún, de la maldita indiferencia. Aquí se pone buena la cosa porque los ejemplos de esta modalidad son en extremo llegadores a su simple mención, no digamos a su escucha: “La Diferencia”, “Se me olvidó otra vez”, “De un mundo raro”, “No discutamos”, y mejor ahí lo dejo porque se me va el escrito a mil palabras. Yo creo que José Alfredo Jiménez se emborrachaba al escuchar sus propias canciones. Es más, seguro cada composición era una excusa para tomar más.

A todo esto, debo decir que ser mexicano te permite absorber una canción Lado A o Lado B indistintamente de una manera innata, casi automática. Aún si el alma no está pasando por ninguna pena siempre e inequívocamente habrá conmoción al escuchar una buena interpretación de una de estas canciones. Existe un tercer tipo de canción vernácula que más alejada del tema de los quereres y es aquélla que celebra la nacionalidad mexicana, que da harto orgullo de nuestro país y de haber nacido aquí. Siempre me he preguntado si este tipo de canción tiene un efecto más potente en los que aquí vivimos o en los que se fueron al norte. De cualquier manera, ya sea que causen júbilo o que causen nostalgia, el verde, blanco y rojo siempre nos ponen un brinco en el corazón y cuando se escucha de un buen mariachi y en vivo hasta se pone la carne de gallina y se revientan los botones de la camisa de puritito orgullo. Esto lo sentí cuando me di el regalo de ver al Mariachi Vargas de Tecatitlán acompañado de la Orquesta Sinfónica así como del balet regional ambos del ITESM. ¡Qué espectáculo! Y las canciones que seleccionaron, simplemente una delicia. En verdad nuestra música vernácula es un tesoro que deberíamos crecer. No sé porqué no hay ya nuevas composiciones de este género musical, de pronto se extinguieron. Como si se hubieran ido al cielo todos los compositores junto con Juan Gabriel. Necesitamos nuevas canciones Lado A y Lado B, necesitamos nuevos talentos que nos hagan sentir esa montaña rusa emocional al interpretarlas y no refritos cansados de lo mismo una y otra vez que sólo nos obligan a compararlos con los originales.

Ojalá hubiera tenido una voz privilegiada para ser mariachi cantor, eso hubiera sido yo. Pero no. Así como muchos, me gusta cantar pero tengo muy mala voz, así que bueno, mi estudio de grabación imaginario es por ahora una regadera. Pero eso sí, ¡VIVA MEXICO, CABRONES!

— Quienes me conocen saben bien porqué se me ocurrió el Lado A y el Lado B.

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EP046: Janzu/Renacer

Mi último día de vacaciones en Puerto Vallarta.  Lo que fuera hace unos 30 años un pueblito pintoresco, ahora es de todo: un importante puerto, uno de los principales destinos turísticos de México, un desarrollo enorme de resorts y espacios para convenciones, una oferta gastronómica del más alto calibre y ahora, una reunión de spas con todo tipo de técnicas e instalaciones especializadas.

Cuando salgo de vacaciones, soy de los que siempre están buscando gimnasios y spas, para mi es muy importante la relajación y poder sentir que realmente me estoy desenganchando del negocio lo cual, en mi caso al menos, debe de ir en nivel mente así como en cuerpo.  Frecuento Vallarta en promedio una vez por año y he sido testigo en los últimos 24 años de cómo ha crecido la oferta de spas y masajistas locales.  Creo que actualmente se está viviendo su mejor momento ya que no sólo hay spas independientes en la ciudad, sino que también los grandes hoteles han invertido en espacios tan sofisticados que no le piden nada a instalaciones en Las Vegas, Bangkok o Miami.

En esta ocasión estuve en el Hotel Sheraton Buganvilias y su spa “Maiavé” tiene unos dos años de apertura. ¿Qué les puedo decir? Es fantástico, en verdad me ha parecido impecable no sólo en limpieza e instalaciones, sino también en el trato del personal.  Las atenciones recibidas realmente te hacen sentir que estás en un espacio protegido, ajeno al mundo exterior.  El año pasado pude tener un tratamiento aquí y quedé tan complacido que repetir esta vez era un anhelo desde semanas antes de llegar.  Sin embargo, ahora en su menú de servicios me ofrecieron una nueva terapia acuática llamada “Janzu”. Yo había escuchado una conversación en el pasado acerca del “Watsu” (Water + Shiatsu), pero al parecer esto era totalmente distinto.  Así que de inmediato les dije ok e hice mi reserva.

Hace unas horas que recibí mi Janzu y fue tal mi experiencia que ahora estoy escribiendo al respecto. Para empezar, el Janzu es una técnica terapéutica de origen hindú  y su esencia yace en el poder curativo del agua. Se tiene que hacer en una alberca climatizada a una temperatura de unos 30 a 32 grados celsius. En algunos lugares del mundo lo hacen al aire libre en lagos o ríos (!!!).  Debe de ser desempeñado por un terapeuta entrenado el cual te guiará en una serie de movimientos rítmicos y de trayectoria a lo largo de la alberca. Durante el proceso, deberá haber una sincronía colaborativa del cliente con el terapeuta en cuestión de movimiento y respiración ya que una buena parte de la sesión será llevada a cabo sumergido. (Te proporcionan un clip para la nariz).

Debo admitir que al inicio del ciclo me desconcerté un poco sobre la dinámica que seguiría, pero eventualmente pude agarrar literalmente “la onda” y fluir en el tratamiento.  Mi terapeuta se llama Arturo Aguilar y él fue entrenado por uno de los colaboradores de quien originalmente trajera esta técnica desde la India a México, Juan  Pathik Villatoro.  Arturo me pudo dar una inducción de lo que se busca lograr con el Janzu (palabra que en chino significa “río pacífico”) y simbólicamente te exhorta a desconectarte de tus preocupaciones en el agua, como una metáfora de “limpieza interior”, a la par que incentiva el pensamiento reflexivo en un efecto de regresión al lugar donde no hay problemas, no hay prejuicios, no hay nada más que la calidez y el cuidado de una madre; su vientre.  Por esta razón, el efecto del Janzu puede ser desde terapéutico en función de dolor y tensión muscular, migrañas y stress; hasta una experiencia genuinamente liberadora y transformadora.

Sin duda mi experiencia fue una de resultados holísticos; pude llegar en medio de los movimientos, la temperatura del agua y la iluminación en la alberca a un nivel de introspección y de meditación profunda.  Creo que el hecho de que yo tenga años de practicar la natación ayudó muchísimo a elevar el resultado ya que en lugar de estar distraído con la respiración,  yo estaba más bien arribando a un momento de consciencia que pocas veces he sentido.  En momentos de la sesión me encontraba levitando en el vacío, sujeto tan sólo de los tobillos por Arturo y pensando en las cosas de las que puedo prescindir en la vida, ya que me di cuenta de que son ésas las que determinan el verdadero lujo/confort y no las que poseo, como nos han enseñado a pensar.

Al término de la sesión, yo me sentía revitalizado, en mis pensamientos y en mis músculos. Rejuvenecido y alerta gracias al espíritu del agua. Ahora entiendo porqué le llaman al Janzu la terapia del renacimiento. No sé si sea algo universal, pero decididamente creo que debería de ser algo que todos tratemos al menos una vez.  Le agradezco a Arturo su indispensable participación en mi experiencia Janzu y espero que pueda repetirla en el futuro muy próximo.

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EP037 El mes del orgullo

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Junio es el mes del orgullo LGBTQ+ y en muchos lugares del mundo se celebra y se conmemora con un desfile cargado de convicciones: historia, tolerancia, alegría, escándalo y mucho más, para todos hay.  Claro que con todo y todo, hay aún demasiados grupos que se oponen a todo esto, grupos que si pudieran extinguirían por completo algo que nunca se va a callar, que nunca se va a marchitar.  Y es que negar la realidad no la desaparece, es más, nos hace preguntar el porqué hay tanta insistencia de la gente por gobernar la vida de otros.  Se me hace inconcebible que gente heterosexual prejuiciosa sea la autoridad que decide cómo la gente homosexual debe vivir.

Claro que tenía pensado escribir algo sobre el orgullo gay en este mes, pero ha cambiado en mi mente un poco el tema y el contexto de lo que iba a redactar desde que vi la noticia de un grupo de heterosexuales en Boston que solicitaron permiso municipal para llevar a cabo su desfile de “día de orgullo heterosexual”. Está de sobra que diga que esa marcha es totalmente innecesaria porque pues, según han expresado, piensan vestirse o desvestirse y hacer desmadre igual que lo hacen los gays en su desfile pero, ¿qué no hacen eso ya en halloween? ¿en carnaval? ¿en mardi gras?   Ellos lo defienden con la premisa de que “si ellos pueden, ¿porqué nosotros no?” y la respuesta es sencilla: ¡pues porque la gente heterosexual no ha sido oprimida con represalias sociales ni señalamientos ni mucho menos con cárcel o palizas públicas por ser heterosexual!  O sea, el matrimonio heterosexual tan sólo tiene como 4,000 años de existir ¿cierto? y nadie, ni siquiera la gente gay, ha tratado jamás de detenerlo o regularlo. Especialmente en México, siempre encuentras personas oponiéndose a que haya legalización del matrimonio mismo sexo, ¡han ido hasta el extremo de establecer un desfile y día de (defensa a) la familia! Querrán decir, de la familia que ellos desean tener, lo que sea que eso signifique.  La verdad es que ahora y de acuerdo al censo 2017 de la INEGI, tan sólo el 53.8% de los hogares mexicanos son tradicionales biparentales, por ende, la población generalmente sujeta a prejuicio y señalamiento social se encuentra en el 18.0% formado por hogares monoparentales y más fuerte aún, en el 28.1% catalogado como “otros hogares” mismo que más crecimiento está teniendo de todos. Aquí es donde está todo el colorido del arcoiris; parejas sin hijos, parejas mismo sexo con o sin hijos, hogares de un solo miembro, hogares de más de dos adultos sin hijos, entre otros.

Recuerdo el día de la masacre en Orlando del “Pulse” precisamente en el mes del orgullo del año 2016.  Veía incrédulo la noticia, fue una coincidencia que mi madre estuviera a mi lado.  Las lágrimas fueron inevitables y cuando empezaron a pasar los rostros y nombres de cada una de las 50 víctimas que murieron tomé su mano en doloroso silencio, ella me miraba sin saber qué hacer ni qué decir.  Fue ahí cuando más contundente me llegó el mensaje: si pudieran, habría una purga, un exterminio, habría muerte.  Tal como la hay en muchos países árabes, tal como la hay en Chechenia o en Rusia… o en México. En nuestro país se registran en promedio 381 personas asesinadas al año por ser o ser percibidas como del grupo LGBT.  Este número no disminuye, se incrementa cada año que pasa;  lo cual me hizo querer escribir acerca del origen de este movimiento de “orgullo gay”, porque ese desfile que vemos cada año lleno de gente vestida de todas maneras, escanadalosa, que más bien parece que está de fiesta, tiene un origen más oscuro de lo que parece.

El inicio del movimiento gay empezó de manera oficial en 1970, cuando ser gay era penado por la ley.  Sin embargo, lo que marcó su origen fue un incidente ocurrido el 28 de junio de 1969 en este lugar:

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Este era el “Stonewall Inn” en Greenwich Village en Manhattan, un bar gay acostumbrado a las redadas de la policía y el subsecuente encarcelamiento de sus clientes, hasta que en esa noche de junio las cosas fueron algo diferentes a la rutina. Esa noche la clientela del Stonewall, unos 200 parroquianos enfurecidos ya por la discriminación, se resistieron a su arresto y explotaron en un levantamiento contra los policías que recibieron una dura lección sobre la frustración que conllevaba formar parte de la comunidad LGBT en ese momento.

Estas revueltas no se detuvieron y fueron estas personas quienes iniciaron esta lucha que no termina de ganarse por completo pero que ha heredado a nuevas generaciones un momento de mayor aceptación o al menos en ciertas latitudes, uno exento de persecución y de vergüenza.

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En efecto, jóvenes de 28 años hoy se reúnen en dinner parties o cocktail parties sin pensar que hombres gay de 60, cuando tenían 28 años iban más bien a funerales tan frecuentes como 2 ó 3 a la semana.  Ellos no sólo lamentaban la partida de sus amigos sino también la negación de la población heterosexual a un problema que los estaba matando alrededor del mundo. Esta indiferencia era particularmente álgida para quienes eran conscientes de esta injusticia y a pesar de su compasión preferían guardar silencio y alinearse al estándar, a lo que otros (iglesia, políticos, familiares) dictaban como la “normalidad”.

La epidemia de VIH y Sida fue la que marcó una transformación al movimiento, especialmente en 1987 cuando se fundó en Estados Unidos la coalición gay “Act Up” la cual tuvo una lucha sin cuartel para que las farmacéuticas hicieran accesibles los precios del AZT, la única medicina conocida a ese momento contra los síntomas del sida.  (El tratamiento era vendido por $10,000 dlls anuales y por una sóla farmacéutica, Burroughs Wellcome).  Eran constantes las manifestaciones y los arrestos de decenas de partidarios por todo el mundo ya que Act Up trascendió fronteras a pesar de que se autodefinía como una red anarquista y sin líderes.  Una de sus más impactantes acciones contra el sistema fue lo que ellos nombraron como el Día de la Desesperación.  Fue el 22 de enero de 1991 cuando se colaron en un estudio de la CBS a gritar “Luchen contra el SIDA y no contra los árabes!” mientras que la Operación Tormenta del Desierto tomaba los encabezados del momento. Adicional a este incidente, hubieron otros más coordinados de forma simultánea que finalmente le dieron su nombre al día y una proyección a la organización que hizo visible la problemática para todos.

Estos hechos fortalecieron las marchas gay en Estados Unidos, en Francia, en España por lo que la cantidad de participantes vestidos en todo tipo de atuendos implicaría un mensaje de tolerancia universal: independientemente de cómo me veo, ¿me vas a tolerar?  Este concepto se extiende a muchas minorías, pero en la paleta de colores LGBTQ+ esto define el origen de la bandera que las representa.  Antes de la emblemática bandera del arcoiris y hasta 1978, era un triángulo rosa la simbología que denotaba a la comunidad, incluso a pesar de haber sido la macabra insignia utilizada por los nazis en la Segunda Guerra para discriminar, secuestrar y luego asesinar a la gente gay en sus campos de concentración. Precisamente lo inapropiado del triángulo rosa como símbolo LGBTQ+ originó a que un artista de nombre Gilbert Baker creara la primera bandera gay para utilizarse en San Francisco en la marcha organizada por el ahora icónico Harvey Milk.  Aunque esa bandera tenía ocho colores, la que se usa en la actualidad trae casi siempre seis, mismos que representan una idea cada uno: rojo por la vida, anaranjado por la salud, amarillo por la luz del sol, verde por la naturaleza, azul por la armonía y el morado por el espíritu. La bandera de Baker añadía rosa por sexualidad y celeste por las artes.  Asimismo, estos colores representan el espectro del tejido social de las minorías y más que añadir etiquetas, busca la visibilidad y la identidad de las personas a no sentirse solas y a atreverse a ser ellos mismos y sobre todo, a saber que son dignos de amor y pertenencia. Liberados de cualquier sentido de vergüenza o culpabilidad por ser quienes son y empoderados por su comunidad para decirle a cualquier intruso prejuiciado: “¡detente ahí, tú no vas a venir a agüitar mi desfile!”

Si la gente heterosexual quiere su día de afirmación, creo que hay muchas causas por las que pueden luchar: la violencia intrafamiliar, los derechos de aborto o los de control de natalidad, el asesinato de reporter@s, la proliferación del secuestro y sobre todo, la impunidad de tanta gente que roba, que abusa, que viola, que asesina. Esos serían logros y luchas a respetarse, es más, estoy seguro que mucha gente LGBTQ estaría dispuesta a unírseles. Pero el privilegio histórico y adjudicado no se celebra, no se presume. Se usa como palanca para levantar a la sociedad hacia el progreso que debe traer la evolución de la humanidad.

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EP033 La nacionalidad débil

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Ya de regreso después de un viaje de dos semanas al viejo continente. Como siempre visitar Europa resulta revitalizante, no importa cuántos kilómetros haya uno caminado cada día, al final del viaje uno se va diciendo “¡listo para la otra!”.

En esta ocasión el motivo principal del viaje fue asistir a la boda de mi prima Tanya, quien tiene nacionalidad mexicana por el lado materno, así como alemana por su papá. Después de mucha espera y resistencia finalmente decidió casarse con Chris, un londinense de árbol genealógico muy inglés a decir por su familia que conocí durante el evento.

En esta boda habrían invitados de muchos orígenes debido al viaje de vida que tanto él como ella han tenido. Chris, por ejemplo, vivió algunos años en Canadá y Tanya en México, Alemania, Francia y Bélgica, en ese orden cronológico. La boda se llevó a cabo en un lugar de ensueño llamado Landgraaf, en Holanda. Este pueblito se localiza en el punto en que convergen Holanda, Bélgica y Alemania y el evento fue en un hotel boutique llamado Wienselerhof. Así que de pronto yo veía gente de todos lados llegar y aunque hacía frío, al parecer los mexicanos éramos los únicos que lo sentíamos. Por más aclimatados al frío del ambiente, la gente que llegó temprano a la recepción era de lo más cálida y platicadora.

Se llegó la hora para que diera inicio la ceremonia y no se trataba necesariamente de una misa religiosa. Más bien fue una celebración del amor dirigida por una guía espiritual que en su speech nos convidó algunas ideas de lo que, de acuerdo a varias culturas, es el amor. Eso sí, los novios emitieron sus votos, se intercambiaron sus anillos, se dieron su beso y posteriormente, nos dieron una tarjetita donde venía la letra de “All you need is love” de los Beatles para que nos pusiéramos a cantarla acompañados de un cuarteto de cuerdas al tiempo que ellos abandonaban el salón.

Intrigante la logística para nosotros los mexicanos, enseguida de esto siguió la partida de pastel con brindis en otro salón distinto mientras que arreglaban últimos detalles del comedor donde servirían la cena. El pastel era de helado y tenían aparte tartas de muchos sabores para el que quisiera otra cosa. Todo fue muy, muy agradable y preciso. (Ok, precioso también)

Dentro de los invitados por parte de la familia de la novia se encontraba mi primo Stevan. El es norteamericano de nacimiento, su papá es hermano mayor de mi mamá por tanto él se apellida Gonzalez. Stevan se casó hace diez años con Alexis. Ella es vietnamita de origen y nacionalizada estadounidense. Stevan y Alexis tienen dos niños adorables que aparte de sus rasgos orientales se apellidan Gonzalez y sólo hablan inglés. Stevan y su familia son de mis personas favoritas y cada que veo a su hijo menor, Evan, simplemente tengo que dejar lo que sea que esté haciendo para platicar con él.

Mientras tanto, el día anterior a la boda, en una comida familiar fue que me tocó conocer a los sobrinos alemanes de Tanya. Uno de ellos hijo de su hermano Fabián y una bebita de semanas hija de Dorian, hermano menor de Tanya y gemelo de Sebastian, soltero aún. Todo esto me resultaba algo interesante y globalizado, pero había algo que inconscientemente me estaba dando qué pensar. No sabía bien hasta que llegó un momento en que durante la cena Tanya se acercó a la mesa donde estaba yo y se sentó un momento para platicar conmigo. Entonces fue que me llegó. Tanya y sus hermanos hablan alemán como lengua oficial de su país de ciudadanía, hablan español porque su mamá se los inculcó a como pudo, hablan inglés porque se los educaron formalmente en escuela y Tanya en particular habla también francés y flamenco. Ella y su novio van a vivir en Bruselas, así que el francés y el flamenco serán los idiomas de casa. Entonces al hablar con ella le pregunté cómo veía la trascendencia de la cultura mexicana en su familia. Su respuesta fue bastante objetiva y rápida, como si ya la supiera desde mucho antes. Ella me dijo que su “mexicaneidad” tenía tres niveles de fuerza: en lo familiar, lo cual jamás abandonaría; en lo individual, que trataría de aferrarse hacia el futuro lo más posible y finalmente, en lo conyugal/parental, lo cual inevitablemente se tendría que ir. Cuando tenga hijos, ellos serán belgas y hablarán como lengua materna francés y flamenco, por su padre, inglés y quizás alemán adquirido de la escuela. Sería muy difícil orientarlos a México y al español. La verdad, tiene toda la razón.

Entonces fue que pude visualizar al resto de mi familia en el extranjero y vi que esa era la constante. Luego empecé a acordarme de los amigos y amigas que tengo viviendo en otros países y pude ver cómo eventualmente la herencia mexicana se ha ido diluyendo ya que sus hijos rara vez visitan nuestro país y prefieren el estilo de vida del país más desarrollado, Estados Unidos o Canadá por lo general. Seguramente en la tercera generación ya ni el idioma será conservado, especialmente si la lengua nativa es el inglés. La nacionalidad débil es la que se diluye, la que se esfuma y es una pena que tengamos tanta riqueza cultural pero que sea la que se sacrifica ante la “globalización del amor”, por así decirlo.

Entonces fue que le contesté a Tanya mi parecer. La invité a que recordara tres cosas fundamentales mexicanas para que al menos este legado lo pasara a sus futuros hijos:
1. Recuerda el amor incondicional que en México se le tiene a la madre y lleva esa cualidad como una medalla de honor en la formación de tu familia.
2. México tiene una riqueza culinaria sin igual, pero ella proviene del enorme respeto que nuestros ancestros tenían a la tierra, de donde todo brota, donde todo nace. Hay mexicanos que han olvidado por completo este concepto pero eso no significa que haya muerto. En todo el planeta necesitamos más personas alertas a esta noción de dependencia a la naturaleza y si nutres a tus hijos de este concepto, habrá perenne una esperanza de recuperación.
3. Las tradiciones más simples es donde los recuerdos se resguardan. Las culturas capitalistas más voraces nos venden que todos debemos estar buscando a como dé lugar momentos extraordinarios. Hacer caso a este marketing puede ser un error del que nos arrepintamos ya que son los momentos ordinarios los que más se quedan en la memoria y los que más se extrañan cuando la muerte de un ser querido sucede. Nuestro día de los muertos nos lo recuerda cada año cuando los altares están precisamente hechos a partir de los placeres y costumbres más ordinarias de aquellos a quienes veneramos.

Ella me escuchó muy atenta con lagrimita de Remi en el ojo. Nada me dará más gusto que verla un día en su papel de mamá.

Me regresé con mucho optimismo y mucha esperanza, ver a mi familia en un momento tan feliz me dejó con un gran reto: a ver cuánto tiempo me dura.

Food 4 Thought, mexico

EP024 Auto-destrucción

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Dados los eventos sucedidos esta trágica semana en Tlahuelilpan, Hidalgo no he hecho otra cosa más que dedicar pensamiento a tratar de entender la conducta humana. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar para auto-destruirnos? Puede haber intención inconsciente, puede haber intención deliberada; pero la conducta auto-destructiva frecuentemente termina en un suceso mortal. Aunque militares constataban un firme presagio de tragedia y trataban de detener a personas que prácticamente se bañaban en gasolina con tal de robar el combustible; ellos seguían haciéndolo sin parar, invitando incluso a otros, niños incluidos, a unirse también. ¿Es la ignorancia un factor de auto-destrucción o es una fuente inadvertida de accidentes? Habiendo hoy por hoy y para todo mundo tanta información disponible, y quiero decir aquí que quien roba bidones de gasolina no es , por ende, alguien de bajos recursos; la gente elige no accesarla. La excusa no es pobreza y la causa no es excusa. Veo en México dos espectros de fuerte auto-destrucción. Veo a personas que creen vivir en carencia haciendo cosas con las que se dañan y vemos a personas que a plena vista lo tienen todo y de igual manera se entregan al auto-sabotaje.

Quisiera ahondar en el primer caso, en el que mexicanos utilizan la conducta auto-destructiva como mecanismo de defensa, haciendo parecer que los retos cotidianos rebasan su capacidad para cumplirlos; fallando deliberadamente en cada prueba de vida (laboral, social, académica, familiar) para de esta forma suprimir la responsabilidad y el estrés que les provocan. Las demandas que hacen los pobladores afectados de esta tragedia las hacen de forma violenta, envalentonada y escudándose en su “pobreza”, en su “marginación”. Esta actitud de los sobrevivientes y de los familiares afectados es también un escape auto-destructivo, ya que la insistencia en demostrar incompetencia y carencia les da una falsa creencia de que así serán liberados de que se les exijan respuestas sobre sus decisiones de vida. Esta incompetencia les da, a su propio criterio, un justificante de sus delitos al grado de defender su “derecho a robar”. Mantener interminablemente esta imagen social de pobreza, de estancamiento para así recibir beneficios populistas del Gobierno y/o de los Partidos, o bien, para ser dispensados de responsabilidades y consecuencias de sus actos es, de hecho, ser auto-destructivo. Es buscar proactivamente el lado perdedor y esto, en definitiva, es uno de los hábitos más oscuros del ser humano.

Es un hecho que rezos y plegarias no sirven de mucho para las víctimas ni para México en general. Lo que sirve es una conciencia de parte de la población a alejarse de esta auto-destrucción. Pareciera que la gente se aleja deliberadamente de la educación, de la cultura, del conocimiento. ¿Desde cuándo el refinamiento y la buena educación dejaron de ser aspiracionales? Porque yo recuerdo cómo en los años setenta y ochenta la gente buscaba una educación superior, se le inculcaban a los niños valores más civiles y pues, aunque de pronto en los años recientes, se viralizó la existencia y detalle de las actividades delictivas y más aún, se glorificaron por los medios de entretenimiento; los padres dejaron de cuidar lo que les llegaba a sus hijos, se hizo virtualmente imposible monitorear los estímulos que les llegan y finalmente, la paternidad distante no les dio las herramientas para discernir lo que les ayuda de lo que los destruye.

Creo que estamos en un momento clave de renunciar a la auto-destrucción, de que nuestros jóvenes y niños elijan la violencia hacia los demás o hacia ellos mismos. Yo tengo ya 30 años de cumplir mis deberes civiles como mayor de edad y 26 de pagar impuestos por mi labor remunerada. En todos estos años, al tiempo que me voy haciendo viejo, también he sido testigo de cómo cada administración nuestros gobernantes llegan más corruptos y más voraces, que cada vez son más los que desean entrarle al juego político con la firme idea de tener esa oportunidad de delinquir y que ahora más que nunca quien progresa en este país no es el más capaz o el más talentoso sino el más astuto, el más conectado y el más dispuesto a venderse…. y venderse es auto-destrucción.

Nosotros vemos la suntuosidad y opulencia que muchos políticos y burócratas ostentan, si caemos en la trampa de envidiarlos inevitablemente buscaremos imitarlos. Pero nosotros no vemos lo que todos ellos hacen o han hecho para agarrar su dinerito. Esa parte queda reservada a puertas cerradas, donde son amenazados para hacer algo, donde los han golpeado para que entiendan la política, donde han cedido a sus esposas o hijas para conservar su puesto y estatus. Donde se da la orden para asesinarlos. Es aquí el punto final de mi post de hoy. La conducta auto-destructiva anida los siguientes hábitos, entre otros: suicidio social (alienarse de los demás, ostracismo), dañar a otras personas deliberadamente, la incompetencia forzada, el sacrificio innecesario, gasto excesivo de dinero, sabotaje de relaciones cercanas, el descuido físico y mental y finalmente, negación a salir de esta peligrosa espiral. De esta forma, puedo aseverar que sin duda, la persona que elige la corrupción y el delito, o sea, el atajo de vida, el “éxito” artificial, es porque se sabe incapaz de lograrlo por sus propios medios y no quiere superarse para ello porque aceptar ese reto le valdrá un boleto para su posible fracaso. El miedo al fracaso, la vulnerabilidad misma, es de lo que la vida se trata. Quien enfrenta sus miedos sabe que el éxito se oculta detrás de ellos; éstas son las personas que no viven para morir sino para evolucionar y de este tipo de personas es de lo que está hecha la esperanza viva de un país.

Marketing, mexico

EP017 EXMA 2018

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Esta semana tuve la oportunidad de asistir al Congreso EXMA 2018 en Ciudad de México. Es la Expo Marketing más grande del país con una serie de expositores en el tema del Marketing actual.  Tengo que decir que el tema me es apasionante y jamás me cansa. Aunque hoy mi actividad económica no tiene mucho que  ver con la materia, siempre procuro actualizarme y exponerme a nuevas ideas y tendencias.

Después de dos días enteros de pláticas y presentaciones de expertos de varios países, pude ver que hoy más que nunca lo que más prevalece en el tema del MKT es el Branding.  El valor de marca. ¿Qué hace a una marca más valiosa hoy en día? Por mucho tiempo vimos que una marca valía por sus productos y la hegemonía que ejercía sobre el mercado.  Sony siempre fue sinónimo de estatus tecnológico y personas de la edad de mis padres pensaban enérgicamente que si una televisión no era Sony entonces no iba a servir.  ¡Quién diría cómo las cosas cambiarían! Sony perdió por completo su “edge” y ahora sus principales vacas lecheras son las cámaras y videocámaras profesionales, su productora de películas y en mucha menor escala el car-audio. ¿Será la soberbia uno de los peores enemigos de un global brand?

Las marcas hoy están contritas sobre el elixir, la piedra filosofal del marketer: LA EXPERIENCIA DEL CONSUMIDOR. Entendieron finalmente que las marcas que crecieron como la espuma mediante la generación de esta experiencia (e.g. Starbucks, Victoria’s Secret, Neiman Marcus) hoy enfrentan un nuevo reto ya que esta variable se elevó.  ¿Es la experiencia digital lo que constituye esa meta? ¿Es la experiencia de conectividad? ¿de lujo y estatus? De pronto las plataformas sociales se multiplicaron y hay una(s) para cada generación y las más arraigadas generan algoritmos que parecen salidos de novelas de Isaac Asimov.  La inteligencia artificial de aplicaciones como Facebook, Uber, Instagram, Trip Advisor o Pinterest se están de pronto volviendo más capaces que sus propios creadores y el consumidor responde a ellas de manera ciega e inadvertida. ¿Porqué me sugiere Facebook a las personas que me sugiere como amigos? ¿Porqué de veinte unidades disponibles de Uber eligen precisamente a la que me tocó? ¿Porqué me llegan emails promocionando destinos de viaje con los que sueño? ¿Son las cosas que considero de buen gusto las que yo elijo ver o las que me son enviadas como alertas en Pinterest? Llega un punto en que no sabemos si estos intereses que desarrollamos son espontáneos o son producto de algoritmos que van detectando poco a poco destellos de atención de nuestra parte.  Es atemorizante porque esto mismo lo podemos extrapolar a las noticias que nos llegan explicando así la proliferación de información tendenciosa y/o falsa.

Así que, ¿qué es la experiencia de consumidor entonces? Pues una experiencia digital se queda corta puesto que esta experiencia debe de ser percibida con todos los sentidos. Todos. Mientras más cercana al consumidor, más intensa se vuelve la conexión con la marca. Pero ahora esta conexión se vuelve aún más difícil de lograr debido a que pocas marcas logran proyectar un genuino mensaje de congruencia en sus valores.  Una cosa es lo que la marca dice, otra es lo que la marca hace y otra más es lo que la marca es y a partir de esto vemos cómo marcas se desmoronan ante mensajes erróneos a su público. Por ejemplo, no olvidemos a Kendall Jenner en su ahora infame comercial de Pepsi, o el escándalo de Volkswagen con su fraude de emisiones contaminantes o los eternos emproblemados de Dolce y Gabanna.  Las marcas ahora deben demostrar su propósito claramente, comunicarnos el porqué están aquí con nosotros, en algunos casos luchando las mismas batallas (Nike, Benetton), en otros, cambiando paradigmas sobre quiénes somos y nuestra libertad de identidad (Dove, Google) y más allá de necesidades, buscan cumplir nuestros deseos (Harley Davidson, Amazon).

Vemos cómo las marcas pueden representar o tener valores y cualidades propias de individuos y crean puentes hacia nuestra preferencia evocando estos conceptos. Al final del día, el mejor vendedor es el mismo cliente y la marca que logre hacer que su comprador sea su recomendador principal es la marca que se mueve dentro de la excelencia.  Finalmente vemos hoy cómo los conceptos se parten y que ahora ya no sólo hay consumidor sino también hay comprador. La marca que conoce perfectamente a su consumidor y a su comprador es la marca estratega (refresqueras, sería el mejor ejemplo de esto), mientras que las marcas que los desconocen van a ciegas o tuertas (como los bancos o los desarrolladores de vivienda). Los tiempos han cambiado las reglas del juego de forma tan violenta y veloz, como en la industria discográfica, que aquéllos que no supieron adaptar ni el producto ni el negocio vieron cómo sus emporios se desplomaron. No puedo pensar en mejores ejemplos de esto que Nokia y Kodak.

Creo que lo mejor que he visto últimamente en comunicación de marca es la campaña de Nike en la que se autoproclama como partidaria de la rebeldía al status quo, a que nosotros podemos ser insurrectos hacia las cartas que el destino nos repartió.  No importa nuestra raza, nuestra condición física, nuestra orientación. Lo que importa es que queremos cambiar, y cambiar para mejorarnos; y Nike se atreve año tras año en respaldar esta postura con cada campaña de forma tal que el gran ganador es Colin Kaepernick, despedido de la NFL y protagonista de esta última campaña de Nike.  Estamos juntos en esta experiencia llamada vida y esta marca está ahí con nosotros para ayudarnos en cada batalla no importa cuál elijamos.  Esta es toda una marca y una con mucho valor.

No te preguntes si tus sueños son una locura, sino si son lo suficientemente locos.