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EP047: Gracias Totales

¡Nada como saber vender! Esa actividad que a muchos les causa pavor y pánico a otros acelera y da motivo para levantarse y salir de casa por la mañana. Creo que vender fue una actividad que desde niño me salía natural. Eso sí, admito que conforme crecí se fue haciendo más complicada. No sé si haya sido por la sofisticación de los mercados, por la proliferación de competidores en todas las industrias y ramos, o porque los estándares de servicio se han elevado con los años a niveles insospechados.

He vendido categorías de productos y servicios algo variados: materias primas, electrónicos de consumo, enseres domésticos, maquinaria industrial, recubrimientos cerámicos, seguros y fianzas y en algún momento hasta chicharrones (!!!). Honestamente diré que de todo esto, las categorías más intrincadas y retadoras de venta han sido los aires acondicionados y los seguros. La estacionalidad de los primeros trae demasiada presión en los fabricantes ya que el canal de retail sabe muy bien como sacar provecho de ello y aquéllos que son poderosos en su participación de mercado siempre buscarán retrasar su decisión de compra lo más posible. Esto con el fin de presionar y obtener “espontáneamente” mejores propuestas económicas de parte de las marcas productoras que sólo buscan ejercer su plan de venta y producción que se plantearon antes de la temporada fuerte. Ese juego ahí es un estira y afloja de millones y millones de pesos donde el gallina será el que pierda más. Alto estrés, muy alto para todas las partes.

Por otro lado, en seguros la venta es algo compleja pero por otras razones. Una de las más frecuentes es la desinformación del consumidor en estos temas. Es igual que las membresías de gimnasio, que las consultas de nutriólogo: sabemos que es por nuestro bien, pero nunca parece ser buen momento para empezar. Nos cuesta mucho discernir entre bienestar y placer. Esto complica mucho la labor de venta de un plan de ahorro o de retiro. El hecho de ser intangible y a largo plazo causa mucha ansiedad a los consumidores mexicanos. En Estados Unidos, la gente sabe que debe tener este tipo de herramientas vigentes en sus vidas y prácticamente tres de cada cinco personas tiene una forma de cobertura en vida. En gastos médicos, después del Affordable Care Act, mejor conocido por su alias “Obama Care”, el que no tenga un seguro médico terminará pagando multas al Tío Sam. En Europa, prácticamente todos tienen una cobertura y muy en especial los que tienen dependientes económicos. Es algo que ni siquiera se cuestionan, ahí la conversación se trata más bien de cuánto asignar del ingreso anual al ahorro.

En México, sólo 1 de cada 10 mexicanos tiene seguro de gastos médicos y apenas un 23% tiene alguna forma de ahorro para el retiro. Es alarmante que ni siquiera el 30% del parque vehicular circula con póliza de seguro. Al parecer la mitad piensa que al no traer póliza el problema de incurrir en un siniestro será de la otra persona. O que nunca envejeceremos y siempre tendremos quién vea por nosotros. O que nunca nos enfermaremos, al menos de forma grave. Este pensamiento obstaculiza la labor de venta pero si a eso agregamos el abuso de parte de bancos que utilizan call centers para empujar todo tipo de cargos fijos en tarjetas de crédito, tenemos que la tolerancia de los consumidores se ha visto muy afectada. Este telemarketing tan intrusivo ha desvirtuado mucho el medio de acercamiento para asesoría genuina y legítima de cobertura financiera dejando al cliente potencial con alto grado de renuencia y escepticismo respecto al producto.

¿Me han llegado a colgar el teléfono? Sí. Un par de veces al menos. ¿He tenido que suspender una junta y retirarme? También. Dos veces. Pero ¿sabes? este lado oscuro de las ventas es precisamente el que le da más luz a mi labor. Es cuando uno siente que está haciendo algo trascendente. Eventualmente, conforme pasa el tiempo en el mismo negocio, empiezo a enfocarme más en cómo seré recordado por mis clientes que en el beneficio económico de la venta. Hay una máxima en el medio asegurador que aprendí en la convención MDRT: “A la gente no le importa qué tanto sabes, les importa cuánto te importan ellos a ti.” Pues sí, es verdad. La gente no se acuerda de lo que dijiste o quién seas, se acuerdan de cómo los hiciste sentir. El día de mañana cumplo once años en esta industria, con mi negocio. Así que puedo decir con toda confianza que en estos años de actividad no todos mis amigos se convirtieron en mis clientes, sin embargo, todos mis clientes se convirtieron en mis amigos. Para mi es agradecer cada día de que hayan más asegurados con una mentalidad de acción a protegerse a sí mismos y a los suyos. Más aún, por haberme dado la oportunidad de hacerlos sentirse más satisfechos de sus decisiones y que me recomienden para continuar mi labor. Es el raro momento en que convergen humildad y orgullo, uno que me da tremenda motivación a seguir adelante.

Nunca duré más de cuatro años trabajando para una empresa por un sueldo. Siempre pensé cuando recibía mi quincena que si creía que ese sueldo me representaba estaría totalmente equivocado. Sabía perfectamente y con gran convicción de que mi sueldo no era yo. Y aún así y como todo mundo seguía yo en la contienda de dar el kilo y demostrar capacidad. Las cosas no han cambiado mucho en ese sentido, lo que sí es distinto es que ahora los logros y las batallas ganadas no son anónimos o adjudicados a una enorme corporación. Ahora sí tienen nombre y apellido. Nunca me cansaré de agradecer a mis clientes por haberme dado la oportunidad de servirles ni de reconocer que sin ellos, mis primeros once años de agente no habrían sucedido. Como dijera alguien a quien admiro y extraño: ¡GRACIAS TOTALES!

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EP046: Janzu/Renacer

Mi último día de vacaciones en Puerto Vallarta.  Lo que fuera hace unos 30 años un pueblito pintoresco, ahora es de todo: un importante puerto, uno de los principales destinos turísticos de México, un desarrollo enorme de resorts y espacios para convenciones, una oferta gastronómica del más alto calibre y ahora, una reunión de spas con todo tipo de técnicas e instalaciones especializadas.

Cuando salgo de vacaciones, soy de los que siempre están buscando gimnasios y spas, para mi es muy importante la relajación y poder sentir que realmente me estoy desenganchando del negocio lo cual, en mi caso al menos, debe de ir en nivel mente así como en cuerpo.  Frecuento Vallarta en promedio una vez por año y he sido testigo en los últimos 24 años de cómo ha crecido la oferta de spas y masajistas locales.  Creo que actualmente se está viviendo su mejor momento ya que no sólo hay spas independientes en la ciudad, sino que también los grandes hoteles han invertido en espacios tan sofisticados que no le piden nada a instalaciones en Las Vegas, Bangkok o Miami.

En esta ocasión estuve en el Hotel Sheraton Buganvilias y su spa “Maiavé” tiene unos dos años de apertura. ¿Qué les puedo decir? Es fantástico, en verdad me ha parecido impecable no sólo en limpieza e instalaciones, sino también en el trato del personal.  Las atenciones recibidas realmente te hacen sentir que estás en un espacio protegido, ajeno al mundo exterior.  El año pasado pude tener un tratamiento aquí y quedé tan complacido que repetir esta vez era un anhelo desde semanas antes de llegar.  Sin embargo, ahora en su menú de servicios me ofrecieron una nueva terapia acuática llamada “Janzu”. Yo había escuchado una conversación en el pasado acerca del “Watsu” (Water + Shiatsu), pero al parecer esto era totalmente distinto.  Así que de inmediato les dije ok e hice mi reserva.

Hace unas horas que recibí mi Janzu y fue tal mi experiencia que ahora estoy escribiendo al respecto. Para empezar, el Janzu es una técnica terapéutica de origen hindú  y su esencia yace en el poder curativo del agua. Se tiene que hacer en una alberca climatizada a una temperatura de unos 30 a 32 grados celsius. En algunos lugares del mundo lo hacen al aire libre en lagos o ríos (!!!).  Debe de ser desempeñado por un terapeuta entrenado el cual te guiará en una serie de movimientos rítmicos y de trayectoria a lo largo de la alberca. Durante el proceso, deberá haber una sincronía colaborativa del cliente con el terapeuta en cuestión de movimiento y respiración ya que una buena parte de la sesión será llevada a cabo sumergido. (Te proporcionan un clip para la nariz).

Debo admitir que al inicio del ciclo me desconcerté un poco sobre la dinámica que seguiría, pero eventualmente pude agarrar literalmente “la onda” y fluir en el tratamiento.  Mi terapeuta se llama Arturo Aguilar y él fue entrenado por uno de los colaboradores de quien originalmente trajera esta técnica desde la India a México, Juan  Pathik Villatoro.  Arturo me pudo dar una inducción de lo que se busca lograr con el Janzu (palabra que en chino significa “río pacífico”) y simbólicamente te exhorta a desconectarte de tus preocupaciones en el agua, como una metáfora de “limpieza interior”, a la par que incentiva el pensamiento reflexivo en un efecto de regresión al lugar donde no hay problemas, no hay prejuicios, no hay nada más que la calidez y el cuidado de una madre; su vientre.  Por esta razón, el efecto del Janzu puede ser desde terapéutico en función de dolor y tensión muscular, migrañas y stress; hasta una experiencia genuinamente liberadora y transformadora.

Sin duda mi experiencia fue una de resultados holísticos; pude llegar en medio de los movimientos, la temperatura del agua y la iluminación en la alberca a un nivel de introspección y de meditación profunda.  Creo que el hecho de que yo tenga años de practicar la natación ayudó muchísimo a elevar el resultado ya que en lugar de estar distraído con la respiración,  yo estaba más bien arribando a un momento de consciencia que pocas veces he sentido.  En momentos de la sesión me encontraba levitando en el vacío, sujeto tan sólo de los tobillos por Arturo y pensando en las cosas de las que puedo prescindir en la vida, ya que me di cuenta de que son ésas las que determinan el verdadero lujo/confort y no las que poseo, como nos han enseñado a pensar.

Al término de la sesión, yo me sentía revitalizado, en mis pensamientos y en mis músculos. Rejuvenecido y alerta gracias al espíritu del agua. Ahora entiendo porqué le llaman al Janzu la terapia del renacimiento. No sé si sea algo universal, pero decididamente creo que debería de ser algo que todos tratemos al menos una vez.  Le agradezco a Arturo su indispensable participación en mi experiencia Janzu y espero que pueda repetirla en el futuro muy próximo.

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EP045: El Soundtrack 49

Pues llegó el día. El día en que me coloco en la antepuerta del quinto piso como edad cronológica, aunque internamente, aseguraría que mi edad enegética es de 23 y de chingas vividas, de 60. De hecho, es verdad que así como dicen que algunos días son mejores que otros, lo mismo va para los años. Puedo dar fe de dos de mis mejores años: 1993 y 2010. Ambos años tienen todo que ver con el resurgimiento, con la esperanza y el optimismo de presenciar nuevas etapas, nueva vida. 2019 ha sido un año diferente, por primera vez mis retos han sido de índole física y de recuperación. Sin embargo, el año también ha sido de inicios increíbles y un precursor definitivo de nuevos puentes con la gente y con el negocio. En estos momentos, me siento acelerado y vibrante, y como de costumbre, reflexivo. Creo que mi beat, mi evolución actual como resultado de mis decisiones pasadas trae una banda sonora que decididamente incluirá los siguientes tracks:

1.- Here comes the rain again, Eurythmics. Puedo contar con los dedos de una mano mis cumpleaños en los que no ha llovido. Siempre me dicen que la lluvia es signo de abundancia, quizás por eso la danza de la lluvia o los “rainmakers” son tan venerados. Pues bueno, el verano fue un interminable horno pero tan pronto inició septiembre y enseguida las lluvias llegaron. Nunca he tenido una fiesta de cumpleaños en la que la lluvia no sea un factor modificante. OK pues venga, que llueva y llueva, ya era necesario.

2.- Está allá, Laura Pausini. ¿Está el vaso medio lleno o medio vacío? ¡A quién le importa! Si te alejas un poco del vaso podrás ver una jarra llena de agua o una llave lista para llenar cualquier recipiente. Los límites existen y saber dónde, cuándo y para quién van drigidos a veces más bien te liberan y te catapultan, ahora más que nunca entiendo que la canción es uno mismo y la vida es el danzante; es ir llevando el verano en el corazón… ¡a estallar nuestra luz!

3.- For you, Rita Ora/Liam Payne. Se me eriza la piel cuando escucho esta rola. Todo el tiempo perdido pensando que el amor se encontraba en alguien más, que la felicidad depende de mi persona pero estando con otra. Todo lo que esta canción dice, todo lo que comunica me llegó profundo al momento que entendí que el mensaje que tanto me llegaba se trataba de mi. Esperándome una vida a mi mismo, nunca en busca de mi propio amor, de sentirme menos merecedor hasta que entendí que ese nuevo valor que le asignan a la fama y al pseudo liderazgo es una ilusión salida de un miniteclado o de una videocam. La verdadera realidad, la total conciencia reside en la medida en que vas dedicando tu energía y tiempo a lo que más amas tú. Feliz de tu vehículo de expresión y de experiencia: tu cuerpo. Celebrando tu medio de percepción de la naturaleza: tu espíritu. Honesto en tu conector humano: tu voz.

4.- Praise you, Hannah Grace Mucho han pasado juntos, mi cuerpo y mi corazón. Es hora de reciprocarlos con placer y con gozo. Así que escuchar más a mis necesidades físicas y afectivas es ir agradeciendo el sistema de apoyo que me brindan quienes me aman y me rodean cada día con su calidez y honesto cariño. Ahora sí, a comer más chocolate y si es acompañado, ¡pues qué mejor!

5.- Animal, Hello Seahorse! Exclama Denisse: “¡Ay qué tristeza!”. Seguir atacándose así, mantener las heridas abiertas, perdida la calma original, afilando los colmillos, sacando maestría para castigar… nadie ganará. Como un animal, de padres a hijos, de amantes a amantes. Dejando pedazos de gente regados por todos lados. Por años y años. Esto debe y va a parar ya. Ni de aquí pa’afuera ni de afuera pa’acá dentro. El animal que lame sus heridas es el que viene del combate, así como el animal más bello es el que habita libre en su reino y no disecado en propiedad de alguien.

6.- Calma antes de la tormenta, Soraya Segunda parte a la lluvia que cada año bautiza este día. Constantemente me llega el escalofrío de que la(s) persona(s) que más amo se despida(n), desaparezca(n). ¿Porqué? Porque así lo he vivido. Mi primer crush cuando tenía 18 años un día fue y se quitó la vida. Viví una tormenta interior, no sabía ni qué hacer, en total desconcierto y soledad tuve que afrontarlo ya que era algo muy secreto. Poco sabía que esta situación se iba a repetir una y otra vez a lo largo de los años. No en la muerte física tal cual, pero sí en la muerte del amor y el dolor de que una persona con la que tuviste tanta cercanía, tanta intimidad, de un día para otro se convierte en un total extraño. Entiendo ahora que las personas entran a tu vida para enseñarte lecciones sobre ti mismo y sobre el mundo que te rodea; sobre la ternura y la fragilidad e igualmente sobre el carácter y la crueldad. Recuerdo un regalo que me hiciera mi madre un día en un cumpleaños previo: era un corazón rojo, muy rojo en relieve metálico y me escribió una nota en la que me decía cómo desearía que yo tuviera un corazón así, flamante y brillante… intacto. Pero sabiendo ella que eso era virtualmente imposible, me recomendó que lo mejor era verlo como si fuera una foto, sabiendo que ese mismo corazón está aquí, que es el mismo que hoy tengo pero así como un rostro, él ha cambiado con el tiempo.

Así que en este punto, supongo es cuando esta gran aspiración me llega más fuerte y directa: Cuando no tienes nada de qué avergonzarte, cuando sabes perfectamente quién eres y conoces tus verdaderas convicciones, entonces estarás situado en sabiduría.

¡Bienvenidos 49! Sin nada qué demostrar y todo por vivir. Con mi cuerpo como una franca invitación a tener lo mejor que la vida ofrece y el corazón latiendo y listo para cualquier tormenta, por más cruda que sea. Al final, supongo que a quien realmente amas y quien realmente te ama sólo estará en tu coincidencia de tiempo y espacio limitadamente, pero después de aquí, después de Tierra, tengo fe de que seguro habrá una nueva reunión. Mientras tanto, los mejores momentos al lado de mis almas gemelas serán vividos y serán recordados mientras mi mente y corazón tengan el gran privilegio de la lucidez.

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EP040 Salvavidas

No recuerdo haber tenido nunca durante mi infancia problemas de sobrepeso. Yo siempre fui un niño robusto sí, pero saludable; nunca fui realmente delgado ni obeso, ni siquiera cercano a gordo. No sino hasta que tuve 13 años y en un verano me fui a pasar una visita extendida con mi tía a Ciudad de México que vivía por allá del rumbo de Indios Verdes. Fue en ese viaje que descubrí los tianguis de mercado y por ende, la garnacha. Bendito antojito mexicano, fue mi fuente de placer ese verano cada día de mis dos meses de estancia. Los tacos de pastor, las memelas, el huarache, los sopes, las flautas; Dios mío, me la pasé comiendo fritangas a más no poder hasta que llegó el momento de mi regreso y pues sí, regresé a casa con una apariencia algo distinta de como me fui. Mi madre fue la primera en notarlo; bueno, gritarlo más bien dicho. Obvio no paré ahí, entre el gozo de la comida y en el darle la contra a mi mamá, me fui desbocando hasta llegar a mis 107 kilitos de peso a los apenas 15 años. Aunque me miraba bien bonito yo, ese peso permaneció un ultra secreto por años. Sufría con la ropa pero logré comprar cosas tan holgadas (gracias ochentas) que no se notaba mucho el problema. No sólo comencé con un régimen de dieta, sino que también tuve que buscar alguna forma de ejercicio físico para deshacerme de todo eso. Elegí la natación. Inicié lento pero le fui agarrando gusto y poco a poco empezaba a sentir que se movía un poco de esa garnacha atrapada. Para cuando cumplí 17 años y terminé la prepa, fui enviado a Estados Unidos, específicamente Fayetteville, Arkansas, a hacer el último año de high school. Mis anfitriones durante ese año fueron mis tíos Alfredo y Rosanne, a quienes les debo el haberme ayudado a seguir con este deporte. Mi primo Stevan, menor que yo y cursando junior high en ese entonces, nadaba competitivamente. Un día lo vi nadar y simplemente me pregunté si algún día iba yo a poder nadar así.

Eventualmente me inscribí en el equipo de natación y comencé mis prácticas con ellos. En verdad creo que fueron de los mejores días de mi vida en el deporte. Conocí a gente increíble y llegar cada día a nadar en equipo era algo que nunca había vivido antes. El compañerismo, la presión previa a las competencias, la emoción al estar ya en ellas y la celebración posterior de todo el equipo en alguna pizzería no los cambio por nada. La sensación de la adrenalina en las competencias, la magnitud del reto físico que al principio en mi cabeza radicaba en saber no si ganaría, sino más bien de si tendría la fuerza y condición para terminar todas las pruebas! Eventualmente descubrimos que lo mío eran los eventos de rendimiento más que los de velocidad: 200 y 400 metros combinados, 400 libres, 100 mariposa, 200 libres y por el estilo. Esto le ponía más presión al asunto ya que eran tremendamente demandantes, recuerdo terminar algunos de ellos con mis piernas y brazos temblando. Poco a poco mejoré y finalmente llegó ese punto donde contábamos el tiempo en que terminaba cada prueba y comparábamos con los tiempos registrados de otros estudiantes de otras escuelas. La juventud estaba a mi favor y yo sentía que nada que me propusiera estaba fuera de mi alcance. Creo que el deporte en general, al hacerse competitivo así, se convierte en una adicción, la adrenalina en una droga; lo innegable es que ningún deporte me hace sentir al término de un entrenamiento como la natación.

Seguí en ese deporte al graduarme y regresar a Monterrey. Al ingresar al ITESM inscribirme en el equipo representativo fue de las primeras cosas que hice. El coach se llamaba José Urueta. Iba con grandes sueños y los entrenamientos eran duros y largos. Dos veces al día: a las 6am nadábamos 5000 metros y a la 1:30pm, corríamos o hacíamos pesas. Pero un buen día, la desilusión llegó: me cortaron del equipo. Nadaba mejor que otros ahí pero como era de primer año, el coach pensó que podíamos esperar para ingresarnos ya que habían más nadadores de lo que podían entretener. Yo salí ese día disparado de ahí en total ira. Me dirigí al club deportivo de mis papás y me metí en esa piscina a nadar toda mi furia hasta que se disipó. No quise esperar a nada. Nunca regresé al equipo del Tec. Sin embargo, no me detuve de nadar y de seguir compitiendo. Ingresé al programa de Masters y empecé a competir para clubes privados. Esto lo hice hasta cumplir 38 años. Hoy, de alguna manera agradezco a Pepe Urueta de haberme cortado, fue una de las primeras lecciones de vida que tuve para poder encontrar fuerza en la decepción, a darme cuenta de que la ira puede ser aventar la toalla o puede ser también armarse de mucha determinación y simplemente hacerlo sin mirar atrás.

La natación me salvó la vida, si no hubiera yo tomado ese deporte, quizás hubiera seguido en mi espiral de obesidad pero más que eso, jamás habría aprendido lo que es la disciplina, la perseverancia y sobre todo, la automotivación de siempre continuar y de encontrar en la ira y el coraje la fuente del enfoque a una meta. Siempre hay resultados mejores porque siempre habrá oportunidad de mejorarlos y quien otorga esta oportunidad es uno mismo. Este desempeño al ir acumulando esas vueltas a la alberca me ha hecho darme cuenta de que es en el agua cuando obtengo de pronto una claridad plena a mis problemas, de pronto las soluciones llegan casi sin buscarlas y al salir de la piscina hay un cierto sentido de satisfacción que pocas veces ocurre para mi en otras disciplinas.

Este 2019 estoy celebrando 33 años de nadar y aunque ya no hago más de 2000 metros por sesión ni participo en competiciones, sigo sintiendo el mismo placer al hacerlo. No quiero detenerme porque precisamente ahora que me estoy reponiendo de mi cirugía de la rodilla, la natación está una vez más salvándome la vida. Mi rehabilitación ha tenido mucho que ver con la alberca y pienso en el contraste de mis pensamientos, de mis motivos a estar ahí sumergido. Los años hacen de los recuerdos una fantasía, sueños que en definitiva no sé al día de hoy si constituyen algo que poseo o algo que ya perdí.

Yo sé que habrán días en los que quizás no tenga tantas ganas o me falte la energía, pero eso no está en mi cuerpo; está en mi mente. Exacto eso me alimento mientras entro al agua y empiezo a sentir su fría sensualidad deslizarse a mis costados en las primeras brazadas de este único placer al tiempo que doy inicio a lo que será una revitalizante sesión de fisioterapia a la cual le apodo “entrenamiento”. Mente sana en cuerpo sano. Siempre.

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EP036 Interno o Internado

Durante mi viaje de hace un mes a Europa, tuve un percance el cual me sucedió a los tres días de haber llegado. Al ir un poco demorados a la función del musical basado en la vida de Tina Turner en Londres, tuvimos que correr un tramo y fue en eso que sucedió: sentí mi rodilla tronar fuerte, no había una razón clara del porqué pero tuve un dolor que me dobló ahí mismo en la calle. Sentía como si me hubieran vaciado una taza del café más caliente que pudieron encontrar a la par que me estuvieran instalando un clavo con un martillo en la mera rodilla. Sólo pensé lo peor, que tendría que ir a atenderme y que el viaje llegaría a su fin dejando los 10 días que faltaban en el bote de basura. Me repuse, tomé aire y valor y eso sí, mucha determinación ya que ese show sería uno de los highlights de todo ese viaje, no iba a dejar de verlo sólo por una rodilla lesionada. Podría estar con gran dolor en ese teatro, pero no iba a dejarlo pasar. Y así fue. El musical está tan espectacular que logró hacerme olvidar que lo que traía no solo era doloroso, sino que terminaría eventualmente en un quirófano.

Ese día de quirófano fue hoy. Escribo esta entrada ahora mismo desde mi cama de hospital pensando en todo y en nada. Apreciando los efectos de la anestesia, de los calmantes, valorando si podré hacerme de un par de ellos para usarlos en mi casa después cuando los perros de los vecinos estén llevándome al límite de mi tolerancia. También me he quedado algo intrigado del porqué elegí no publicar nada ni de mi incidente mientras el viaje ni de mi hospitalización 30 días después. Podría suponer que seguí mi línea de que lo privado es privado y no hay nada más privado que la salud propia. Podría ser el haber elegido sólo compartir sonrisas y cosas geniales de mi viaje porque a quién le interesa leer quejas en Facebook. Podría también pensar que quería aprovechar un momento para estar en soledad en un lugar totalmente ajeno a mi cotidianidad. Antes de hoy, sólo había estado en una situación así dos veces en mi vida con espacios de 10 años entre cada una y siendo la más antigua de la misma rodilla igual. En las tres ocasiones, los visitantes fueron los mismos, lo cual en sí ya es una bendición que en veinte años estas personas estén hoy y aquí viviendo esta vida juntos.

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Sin embargo, también reflexioné de las veces que he ido a visitar a hospitales a amigos, familiares o a clientes. No sé si haya sido oportuno el momento en que haya llegado pero siempre he visto sus rostros alegrarse de verme porque en verdad que nada como tener a alguien con quien platicar cuando se está tan vulnerable. ¡Tan sólo traer esa espantosa bata te resta ánimos y fuerza! Ahora más que nunca entendí esa lección de que sólo nos tenemos a nosotros mismos y que nada cuesta y todo otorga el visitar a un buen amigo en su momento flojo. Vivimos ahora internados pero en nuestro mundo interno, convencidos de que lo que tenemos enfrente en ese momentito es vital: ese e-mail, ese post, esa foto, ese texto. Creo que es inevitable interactuar así, como otras personas que no conocemos y a las que no les importamos diseñaron para toda la humanidad. Es inevitable, la tecnología nos ha devorado la humanidad, la conexión humana. Algoritmos predicen de quién vas a ser ciber amigo, quiénes irán a ver el mismo concierto, con quién muy probablemente vas a tener sexo pero no una relación. De esta forma veo que todo mundo tiene hasta colecciones de amigos para la semana, pero ¿quiénes son los amigos de fin de semana? ¿Quiénes son los que agarran el teléfono y de hecho, te marcan? Ahora que parece que hablar en voz es una osadía, porqué no hacer la prueba y hablar, simplemente tener conexión así, de primera intención y más directa. La verdad es que pocas personas sabían que iba estar internado y es parte por privacidad y parte porque he hecho pocos amigos de fin de semana.

Planeo disfrutar mi convalecencia precisamente buscando ampliar mi círculo de amigos de fin de semana, espero tener éxito porque hasta mi túnel del carpo se ha inflamado de tanto textear.

Última nota: Me alegro de haber comprado una férula y parches de calor en el viaje y continuar, el doctor no sabe cómo lo hice porque el daño era mucho mayor que los síntomas. De cualquier manera, ahora sí que lo bailado nadie me lo quita, especialmente de lo que fue uno de los mejores viajes de mi vida.

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EP031 Rehab

Siempre he sido muy apegado al deporte, he hecho casi de todo: natación, pesas, escalar, spinning, bicicleta de montaña, squash, racquetball, jogging. Algo en común de todo esto es que son más deportes no basados en equipo y orientados al desempeño personal. Alguna vez intenté soccer y americano. No me gustaron mucho pues no lograba entender bien el concepto competitivo ahí entonces no me divertía mucho. De esta forma, continué en las disciplinas que más me nutrían por décadas. Sin embargo, conforme pasó el tiempo y mi cuerpo se fue haciendo menos resistente a la exigencia que le imponía, fue que empezaron a surgir las dolencias y los achaques. Tengo ahora 48 años y lo que veo es que en esta edad es más costoso construir nuevo músculo y como siempre me enfoqué en hacer mi cuerpo sin ayuda de ciclos o esteroides de ningún tipo, pues los entrenamientos son aún más demandantes en esfuerzo y en disciplina. Asimismo, cada vez cuesta más no sólo encontrar la energía y voluntad para entrenar sino también para alejarme de las lesiones. Ahora todo es con más cuidado porque no sólo es más fácil lesionarme, ahora las recuperaciones duran más, mucho más, que hace veinte años.

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Pues bueno, resultó que no pude evitarlo y caí eventualmente en un par de lesiones. Una en cada brazo. De mi brazo derecho, desarrollé una tendinitis (conocida también como el famoso “tennis elbow”) que me causa dolor hasta levantar una cafetera. Del brazo izquierdo una inflamación del túnel del carpo que me ocasiona unos calambres espantosos en la mano al jalar cualquier peso o al estirar mi brazo. Ambas lesiones han sido bastante insidiosas y hay días que parecería que ya pasaron pero luego al día siguiente regresa con más furia aún. Finalmente decidí tomar apoyo de fisioterapias para rehabilitarme y darle un enfoque más clínico a este asunto. Fue así que llegué a una centro de rehabilitación y me enrolé con un set de 20 sesiones de fisioterapias. Mi fisioterapeuta asignado se llama Mikey. Y es aquí que quiero compartir cuál ha sido mi experiencia de este viaje. Mientras que normalmente llegaba yo a mi gimnasio y no había un lugar en el que me sintiera más pleno que en esas instalaciones, de pronto estoy inhabilitado para levantar nada y sólo llego a hacer soft cardio. No he podido ni nadar que es lo que más me entristece. Ahora hasta siento debilidad o vulnerabilidad al pararme en el gym, siendo que mis lesiones no son del todo discapacitantes; es sólo que el dolor, que el saberme lesionado, me baja la guardia y el ánimo. Entonces, conforme fueron pasando mis terapias, fui conversando más con Mikey y observando a mis compañeros de horario que coincidían en tiempo y lugar en sus esfuerzos por reincorporarse. Resultó que Mikey, al igual que tres elementos más de la clínica, estaban en Monterrey temporalmente haciendo su servicio social y venían del Estado de Hidalgo. En estas horas de terapia pude entender porqué se nos llama “pacientes” al tiempo que llegó un punto en que pensé deberían llamar a los fisioterapeutas “pacientes” también.

En verdad me sentí de pronto afortunado de mi padecimiento a la vez que hasta exagerado ya que comparativamente a lo que fui testigo ahí, lo mío no es NADA. Pude ver a un hombre que después de un lamentable accidente automovilístico ahora tiene su cabeza deforme y lucha cada día por volver a caminar, por mover su brazo siquiera, por volver a hablar. Escuché a una señora con tal dolor que le llamaba a su fisioterapeuta “malvada” al hacer los ejercicios que le aplicaban. Con todo esto, lo que pude ver en Mikey y sus compañeras era un genuino interés y un humilde valor para atendernos a todos sin importar la gravedad o la dificultad, sin escuchar los reclamos, simplemente mantener su sonrisa y su afabilidad para lograr el propósito de vernos otra vez bien.

Qué admirable saber que en México somos así, que aún tenemos personas que buscan que sus trabajos se traten de los demás, que busquen restablecer. Siempre pensé que mi país estaba hecho de gente así y en estos días, cuando la fe en general se tambaleaba, me restablecí de optimismo para todo: para mi deporte, para mi vida, para el futuro profesional de Mikey, para mi México. ¡Vaya que fue una redefinición de la palabra rehabilitación para mi! Yo sólo espero ser tan afortunado de cruzarme con personas así en la vida, pero para ello supongo que el truco es caminar por las sendas donde se encuentran y quitarme de las que de seguro traen precisamente lo opuesto.

Mientras tanto, sigo en mi lucha por restablecimiento y regreso a la actividad. Espero sea más pronto que tarde pero ahora lo hago con dos ingredientes clave: paciencia y optimismo.

¡Gracias a Mikey por todas sus horas dedicadas a mi persona y que tenga un futuro profesional admirable y lleno de éxito!

Self-improvement

EP025 KonMari

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Al inicio veía los programas de “Acumuladores” (“Hoarders” en inglés) y sentía un intermedio de náusea y fascinación a la vez.  Parecía una visita inadvertida al universo de una persona con profundos problemas internos, la verdad es difícil decir uno en específico: baja autoestima, pereza extrema, apego y codependencia, TOC, personalidad limítrofe, se me ocurren.  Eran montañas y montañas de cosas apiladas, retacadas, tiradas, colgadas, enterradas, y con ellas todo tipo de plagas bajo un mismo techo.  Los vecinos de estas personas invadidos de cucarachas y ratones sin poder hacer mucho más que hablar al exterminador más frecuentemente de lo normal.  Una vez vi a una mujer que tenía múltiples gatos como mascotas viviendo dentro de su casa, incluyendo tres cadáveres ya planos del tiempo que llevaban muertos.  Luego vi la película con Jessica Lange y Drew Barrymore llamada “Gray Gardens” que retrataba a Edith Bouvier y su mamá, primas de Jackie Kennedy, en una situación similar pero en los Hamptons.  Esta película me recordó a una amiga que se crió en el corazón de San Pedro Garza García y pues, en efecto, vivían en el más prestigioso código postal de México pero su casa era un viaje al pasado en total acumulación y descuido.

Pues cuántas veces no vemos hasta en nuestras propias familias, hasta en nuestra propia casa(!) que de alguna manera nos ponemos a guardar y guardar cosas hasta que de pronto ya ni siquiera percibimos la falta de espacio para disfrutar del hogar.  Entonces es que de pronto empezamos a ver flashazos de “make overs” en distintas vías, por ejemplo, “Queer Eye for the Straight Guy” (ahora sólo “Queer Eye” al expandir su proyección a todas las orientaciones y sexos), “Renovators”, “House Hunters”, “Income Property”, “Extreme Makeover, Home Edition”, y hasta “Mega Cribs” en MTV.  Honestamente, más de la mitad de estos shows no son más que vehículos de ensueño porque lo que hacen es llevarle el presupuesto a la persona con suerte de la semana y cambiarle toda su casa sin preguntarle mucho de nada en el proceso. Claro que quedas apantallado con lo que logran al final de cada episodio y dices “ojalá un día yo….”.  Lo que es un hecho es que la preocupación por mantener nuestras casas en orden se ha disparado. Tan solo este año, la red social Pinterest ha registrado 14 millones de búsquedas de términos relacionados con la organización en el hogar y esto ha detonado la aparición de un nuevo oficio: Consultor(a) de organización en el hogar. El origen de esta nueva vocación surge de Japón y no es algo nuevo, de hecho, se viene trabajando desde hace tiempo pero los conceptos que antes tomaron los ingenieros para adaptarlos a las empresas (las 5 S’s) ahora las re-trabaja la nueva gurú japonesa, Marie Kondo, en un nuevo concepto que ella bautizó “KonMari”.

Yo recuerdo haber estado en algún puesto laboral que me expuso al programa de las 5 S’s japonés, en el cual, los hábitos que se fomentaban en los empleados y trabajadores en general iniciaban con una “S” en japonés:

JAPONES
Seiri
Seiton
Seiso
Seiketsu
Shitsuke

CASTELLANO
Clasificación y Descarte
Organización
Limpieza
Higiene y Visualización
Disciplina y Compromiso

Ahora, el método KonMari nos dice tres cosas básicas:

  1. Al ordenar, hay que distinguir las siguientes categorías: Ropa, Libros, Papeles, Misceláneos (cocina, baño y garage) y objetos con valor sentimental.  En este orden se debe atacar el problema.
  2. Sólo se han de conservar los objetos que nos brinden felicidad al tocarlos, usarlos, tenerlos.
  3. De todo objeto que nos deshagamos vamos a despedirnos con gratitud por el servicio y utilidad que nos haya brindado.

El twist aquí es que Marie Kondo o la Consultora Certificada en su método que contratemos sólo estará unas horas del proceso, estiman que una casa de dos dormitorios tomaría probablemente no menos de 10 lecciones de 3 a 5 horas cada una.  El resto lo hace el dueño por su cuenta a lo largo de unas 6 a 8 semanas.  Lo más interesante de todo es el costo de esta consultoría: de $60 a $150 dólares la hora. Así que una casa como la descrita aquí tomaría un presupuesto de unos $7,500 dólares. Certificarse como Consultor de KonMari tiene sus costos y camino de superación también. Tan sólo asistir a un seminario de Marie Kondo cuesta $2,000 dólares!

Bueno, pues yo ya vi al menos 3 episodios del show de Marie Kondo y mientras que en algunos veo un proceso verdaderamente terapéutico en los dueños, en otros veo que hay cambios internos que modifican semblante y conducta de los interesados.  El furor que hay ahora por Marie Kondo es de locos y hay ya detractores de sus métodos. Muchos diseñadores o consultores de decoración de interiores aseguran que si le dijeran a sus clientes “bueno aquí te dejo, me voy por hoy nos vemos pasado mañana a ver cuánto pudiste avanzarle” seguro se quedarían sin su cartera.  Por otro lado, gente critica que ella recomiende deshacerse de cosas que no traen felicidad, o sea, cosas inútiles y sin uso, y no incentiva a comprar nada nuevo.  Claro que muchos detractores vienen del mundo de la moda ya que hoy lo que busca esa industria es el “Fast Fashion”, prendas de precio bajo que duran poco en sus materiales y construcción así como en su diseño para que los consumidores las usen tres o cuatro veces y luego las descarten. Este proceso es altamente contaminante al medio ambiente, pero con lo que no contaban es con que la mitad de los compradores del fast fashion conservan sus prendas aunque en todo un año no las usen una sola ocasión.  Lo que creo es que el aproximamiento KonMari es sólo uno de tantos para deshacerse del acumulador que llevamos dentro. Es un hecho que llenarse de cosas al grado de que tenemos que caminar “de ladito” por la casa o bien, que de sólo mirar todo lo que hay tirado nos gane la pereza de siquiera empezar es de verdad contrapunteado con el bienestar físico y mental.

La desorganización provoca estrés, genera cansancio y quita tiempo. También afecta a la concentración. Según un estudio de la Universidad de Princeton, el desorden nos entorpece a la hora de concentrarnos en una sola tarea porque afecta a nuestro cortex visual. Otra investigación de la publicación especializada Personality and Social Psychology Bulletin revela que las personas que viven en casas desordenadas tienen más probabilidades de sufrir depresión o fatiga.  Entonces, si es bueno para nosotros el cultivar el hábito del orden y la limpieza, ¿porqué nos resistimos tanto? No será el único hábito bueno del que nos gusta alejarnos: hacer ejercicio, ahorrar, estudiar, leer, trabajar, cocinar, etc. Quizás el tratamiento KonMarie debería empezar dentro de nosotros antes que otra cosa.