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EP098: Por amor al arte.

Me encontraba alimentando los dígitos de mi tarjeta de crédito para pagar la anualidad del WordPress y recordé cuando hice lo mismo para pagar el recibo de la luz, el del gas y lastimosamente, los impuestos. Pero aquí había una diferencia: En esto no sentía yo una carga. Es difícil el tener que pagar por un servicio intangible, no lo niego; pero es un hecho, lo hago por puritito capricho personal. Estoy a punto de llegar a mis primeras 100 entradas y tan sólo eso es un aliciente a no detenerme. Creo que a este punto me costaría más dejarlo que seguirle. Una vez más, esa vocecita interior a la que siempre me refiero parece tomar nombre y se hace llamar “Amor al Arte”.

En consecuencia, me llegó la idea de cómo la escritura, la pintura, la escultura, las artes en general exigen dedicación de quienes las practican y que todos inician siendo unos perfectos amateurs en su disciplina. ¿Cómo saber que en realidad se tiene talento? ¿Cómo saber si es mejor aceptar retirarse y optar por el trabajo diurno en vez?

¿Bajo qué circunstancias decide una persona dejar todo y dedicarse 100% a ser artista aunque sea en calidad de aficionado? Dado que sólo el tiempo y la constancia harán de este mismo individuo un profesional; ¿cómo se puede dar cuenta un amateur que no está en estancamiento creativo? ¿Necesita comprometer su creatividad para emprender un nuevo estilo que, aunque no sea el suyo es lo que se considera más comercial? ¿que ya no necesita de maestros? Con frecuencia vemos que las respuestas a estas cuestiones suelen ser algo fuertes para el orgullo. El artista creativo debe contar con la humildad como su principal aliado hacia el aprendizaje y el crecimiento.

Platicaba con mi amigo Alberto Arredondo al respecto. Para ser franco, le hablé por teléfono pensando en este escrito y con la intención de preguntarle su experiencia dado que él decidió hace varios años el hacer de la pintura su principal actividad. Hablamos de cómo hay que adaptarse, cómo hay momentos en que tienes que “preferir a fuerzas” comprar pinturas y lienzos antes que ropa o gadgets teconlógicos. Me imagino que sobran los ejemplos en los que este punto se agudiza hasta llegar al grado de comprar insumos en lugar de comida.

Nuestra llamada duró casi 60 minutos pero al colgar pude darme cuenta que en esta conversación lo escuché con un inusual entusiasmo y una energía tan refrescante que me contagió. Aunque mi llamada era casual y más que otra cosa para explorar este tema antes de elaborarlo, Alberto comenzó a hablarme de arte como nunca lo había escuchado y a tal detalle que a terminé tomando lápiz y papel y me puse a escribir algunos conceptos que me compartió. A este punto y después de tantas participaciones en muestras, exhibiciones colectivas, concursos, clases, y con tanta obra que tiene; honestamente considero a Alberto como un profesional. Pero mi llamada era más para indagar sobre cómo fueron esos primeros días; los días de arranque como artista pictórico de tiempo completo.

“Nada fácil” — Me respondió. Supongo que todo tiene su momento. Al inicio fueron algo caóticos, me comentó: optimizar el espacio de su casa para incluir un taller, identificar bien quiénes serían buenos maestros, pero sobre todo, elegirse un estilo. Después de más de diez años de dejar atrás la vida corporativa, Alberto recibe encomiendas para pinturas, continúa sus participaciones en concursos y vende su arte en general a todo público. En lo personal tengo dos de sus cuadros, los cuales veo y disfruto cada día. (ojo: no son los que aquí comparto)

Obra de Alberto Arredondo

Conocí a Rocío Caballero en Ciudad de México en el año de 2006. En ese momento, a pesar de que ya tenía tiempo pintando, Rocío era una artista buscando ampliar y elevar su obra y su alcance. Me enamoré de su estilo y su temática de inmediato. Tengo la fortuna de también contar con algunas de sus creaciones, las cuales me fascinan y no dejo de admirar. Quince años después, me regocija ver cómo Rocío ha expuesto obra en exhibiciones exclusivas tanto en México como en Estados Unidos. Su mística de fantasía urbana y ensoñaciones me deleitan y me intrigan. Un día me topé con un libro pasta dura de toda su obra a ese momento en un museo que visitaba y sin pensarlo lo compré. Nunca tuve oportunidad de preguntarle cómo fue que se lanzó de lleno a la pintura, pero más aún, cómo decidió no renunciar nunca a ella.

Al día de hoy, Rocío es una de las principales exponentes del talento pictórico mexicano. Su constancia y su superación personal son un verdadero ejemplo. El día que visité su taller, me maravillé con todos los lienzos que ella tenía para elegir. Ahora sus pinturas se pueden apreciar en libros y museos principalmente.

El mes pasado visité por primera vez la ciudad de Durango y al llegar al Museo Palacio de los Gurza, el cual funge como el museo de arte contemporáneo duranguense, me sorprendió ver una exposición con la obra de un artista local, Rogelio Rodrigo Angel. Sus cuadros son hechos sobre tablas de triplay viejo que usan transportistas en las cajas de sus pick-ups y que van a reemplazar por nuevas. Su temática es constante: la fisonomía femenina en un ambiente etéreo, quizás onírico. Rogelio no se dedicó al arte de inmediato en su vida, tuvo que pasar por cierto viaje personal. Ha declarado que “la pintura es el reflejo de su vida”, supongo que de ahí otra de sus declaraciones: “Interiorizar conmigo mismo me cuesta mucho trabajo, al pintar me doy cuenta de la persona que soy y lo que estoy viviendo o viví. Creo que no he descubierto a Rogelio, me falta interiorizar, pero dentro de poco me encontraré con él”. Rogelio comenzó su pasión por la plástica desde chiquito y en cuanto a su arte, él reconoce que “la pintura es quien te va llevando, la intuición es la que hace que te dejes llevar. No te resistas.” Leyendo su trayectoria y punto de vista, desprendo que el caos se teje a mano y que es el caos interior mismo el que conduce a algunos a expresarse creativamente y sin alternativa. En el museo me informaron que el día de la inauguración casi la mitad de su obra fue vendida pero que pudieron haberse colocado más, sólo que él no es mucho de vender sus creaciones. De cualquier manera, me dio mucho gusto descubrir a Rogelio en Durango y constatar una vez más que el arte es como la naturaleza: brota por todos lados.

Obra de Rogelio Rodríguez Ángel

Bien me dijo Alberto que en la obra artística hay que buscar siempre que sea Clara, Concisa y Contundente, mientras que en la producción, Consistente. Parece cosa sencilla; dista mucho de serlo. ¿Habrá una mezcla ideal de cada factor o se debe contar con el 100% de cada uno? Lo bonito es ver a los artistas lanzarnos todos sus mejores intentos por llegar a ese elixir llamado “éxito”. Y hablando de éxito, ¿cuál entonces será ese éxito para el artista? ¿Transmitir una idea o una ideología? ¿Alcanzar la fama o la popularidad comercial? ¿lograr la perfección artística ante sus propios ojos o incluso a los de alguien más? Nada fácil de saber pero intenso el proceso de averiguación. Tanto como la resolución de decir: “terminé” y dejar los pinceles o el teclado en paz. La adrenalina de sacar a la luz la obra final y ofrecerla al criterio y escrutinio del público te puede elevar o destruir el espíritu creativo.

Principiante o master el mensaje es el mismo: que fluya y que se exprese, no hay opción. ¿Qué fue lo que le dijo Carrie Fisher a Meryl Streep un día? “Toma tu corazón roto y conviértelo en arte”. Claro y Contundente, como si fueran gritos; los gritos de la vulnerabilidad.

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