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EP096: El amor longevo

Esta semana mis padres cumplieron 54, cincuenta y cuatro con todas sus letras, de casados. El año que viene no sólo serían 55 sino también 80 años de edad cada uno de ellos. Inimaginable para mi cómo una persona decide pasar más de medio siglo con alguien que acumula objetos hasta el punto de tener que caminar “de ladito” por la casa. De alguien que tiene un gallo integrado en la cabeza y se levanta diariamente y sin despertador a las 5am para empezar a arreglarse y hacer ruidos y prender la tele y básicamente, estar chingando. De alguien que afirma que con un champiñón ya se le acaba el hambre y siempre está peleando por reducir la orden del restaurante para luego proceder a meter el tenedor en el plato del otro “para probar”. De alguien que se queda dormido en cualquier lugar y hasta con los ojos abiertos se pone a roncar… y no quedito.

La relación de ellos representa para mi un testimonio y un misterio del amor longevo. Lo que por y desde años nos infiltraron como la relación a la que debemos aspirar. Al día de hoy, la aspiración cambió a fantasía. Hoy este tipo de relación representa la herramienta de la que se valen mercadólogos, artistas y publicistas para vender la construcción social/burguesa del romanticismo. Este fenómeno de uniones tan longevas, especialmente cuando se trata de matrimonios con toda su legalidad, llegan como una flor rara e insólita de esas que sólo por accidente vemos y por consiguiente admiramos.

En efecto, celebro hasta el cielo el aniversario de mis padres y a la vez, en medio de mi admiración también reflexiono sobre el misterio que mencioné su relación me representa. Yo soy el único hijo que tuvieron y por ende, el principal testigo de la dinámica que siguieron como esposos. No voy a negarlo, cuando ellos eran jóvenes, sus treintas sobre todo, su matrimonio estuvo lleno de retos de establecimiento. Sus carreras despegaban, luego estaba yo muy pequeñito y ellos estaban buscando procurarse un lugar para vivir. México era un país que aún ofrecía oportunidades a la clase media, todavía era viable empezar desde cero y a través de trabajo honesto juntar un patrimonio respetable. Ellos eran parte de ese viaje, de esa carrera. Las presiones de salir adelante estuvieron cargadas de duros retos para los dos. Mi madre como una de los primeros médicos de sexo femenino del IMSS en Monterrey fue víctima de obstrucciones y verdaderos abusos, hoy conocidos como bullying, de parte de los doctores “de arraigo” en la clínica donde laboraba. Por otro lado, mi papá batallando por destacar aceptando puestos que pedían relocalizarse en otras ciudades, incluida la ahora llamada #cdmx, le impedían estar mucho en casa.

Al pasar los años, las tensiones laborales fueron cobrando factura en los ánimos y psique de cada uno. Momentos de extrema dificultad llegaron: discusiones, batallas campales, desacuerdos, quejas y reclamos. Quien diga que un matrimonio está exento de estos conceptos está por definición mintiendo. Sin embargo, estoy convencido de que actualmente los matrimonios se rompen por ni siquiera una tercera parte de lo que me tocó ver que ellos pasaron. En verdad, llegó un punto en que la pregunta que me hacía era “¿porqué no se divorcian?”. Hoy entiendo que esa era la pregunta errónea. La verdadera pregunta y con una respuesta aún más profunda debió ser: “¿porqué siguen juntos?”.

Ahora comprendo que pocas veces estamos en medio de una relación y nos detenemos a cuestionar qué es lo que la mantiene unida. No lo hacemos por temor a que la respuesta sea algo como una renta, una deuda, un negocio, un coche. Es más, a veces la respuesta puede ser el sexo. Pues okey pero si esa pareja te está destruyendo en lugar de construirte, si por lo general su aportación es hacerte miserable, entonces ¿para qué estar ahí? Por supuesto que me ha tocado vivir relaciones mega tóxicas y yo no me movía, a pesar de enormes chingaderas que me hacían yo me quedaba. ¿Cuál es la explicación? Ahora comprendo una buena parte del porqué. Así como mis padres tuvieron sus problemas y así como se quedaron juntos, así adopté al concepto de la pareja como un valor mayor, aún mayor a mi paz mental. En determinado momento asocié tener pareja con el éxito personal y la ausencia o pérdida de la misma como un sinónimo de fracaso.

Educarse con estos valores no es malo pero supongo que deben adaptarse a nuestros días, ya que ahora más que nunca, el recurso de anteponerse a sí mismo resulta el mejor instinto de supervivencia emocional (y a veces física) del que podemos disponer. El valioso testimonio de genuino amor, compasión y tolerancia que vi de mis padres esta semana me deja esta lección: aquel gastado concepto de “echarle ganas” a una relación sólo aplica cuando hay un factor clínico inhabilitante que invoca el acto de cuidar de la pareja. Uno nunca tendría que “echarle ganas” a su relación si hubiera un amor verdadero y bien correspondido en todos sus niveles. Estar enamorado de alguien debería resultar obvio y sin reservas para la pareja. Que no hubiera lugar a dudas de que uno es apreciado, validado… ¡amado pues! Dijo una vez Ellen DeGeneres acerca de su esposa Portia DeRossi: Ser amada es bueno; ser comprendida, profundo. Pero luego el actor Jeff Bridges dijo en otra ocasión respecto a su matrimonio de más de 40 años: “Cada pelea es la misma pelea, una y otra vez, en distintas formas. Y básicamente la pelea es: Tú no me entiendes. No entiendes lo que es para mí estar vivo. Y lo que tú me haces a mí. Y el asunto es que, ¡es verdad!. Yo no sé cómo se siente ella, lo que se siente ser ella. Pero creo que eso es algo para celebrar y para respetar y darle honor. Y eso, eso es lo que los dos tenemos en común. Ninguno de nosotros entiende al otro. Así que simplemente tienes que aceptar estar juntos con ese factor ahí flotando. Y pues, normalmente lo que sucede es que, si te quedas con eso el tiempo suficiente, tu amor crece y se hace más grande, tan grande como para tolerar ese malentendido, ese misterio.”

¿Será que las partes saben que su viaje de vida es mejor con la compañía del otro? ¿Será que al menos para una de las partes el amor y la lealtad son los valores mayores? ¿Será simplemente que no imaginan la ausencia del otro ni de todos los privilegios que van incluidos en esa vida en pareja (y muchas veces en familia)? Supongo que la verdad para este misterio reside en cada pareja porque al final de los finales y como decimos en México: Nadie sabe lo que trae el bulto más que el que lo va cargando.

Love is Love =)
(El beso de mis héroes)

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