Food 4 Thought, inner self, Life Adventure, mexico, vida

EP090: Un Nuevo Mundo.

Estaba por caer la noche en Lo De Marcos.  Había sido un día brillante, de aquéllos que llegan a los 40 grados y te queman las plantas de los pies al caminar sobre la arena seca. Ideal para pasarlo en el mar jugando cerca de la costa o flotando aislado en la lejanía de las profundidades.  Muchos optaban por sólo asolearse en compañía de una hielera con las bebidas refrescantes de su predilección.   

A pesar de localizarse en Nayarit, Lo De Marcos aún era desconocido por los grandes resorts.  Seguía conservando lo pintoresco del pueblito mexicano y toda la gente que vivía ahí se conocía.  Por eso no había salvavidas en la playa, ni restricciones hoteleras, mucho menos palapas o camastros separados para huéspedes de nadie.  Cada quien llevaba lo suyo y cada quien recogía lo suyo al retirarse.  Así de fácil. 

Empezaba el cielo a transformarse en un gigantesco mural siqueiriano mezclando rojos y anaranjados con violetas hasta el infinito.  Era esa la señal para que Lucio y Paloma salieran a caminar descalzos por la playa de extremo a extremo.  Sin embargo, esas caminatas se habían hecho más cortas cada día desde que la enfermedad comenzó a tomar lo mejor de Paloma quien dedicaba esas ocasiones más a repasar su memoria que a conversar con su esposo.  Ella sabía el poco tiempo que le quedaba y hurgaba necia en sus recuerdos como para cerciorarse de que eran algo que ella aún poseía y no historias que ya mejor debía dar por perdidas. 

Lucio trataba de persuadirla a no pensar en esas cosas, sobre todo durante sus caminatas vespertinas; su momento favorito del día.  Pero ese día Paloma se comportaba más insegura que de costumbre, sólo hablaba con preguntas y muchas de ellas no eran fáciles.   

— ¿Alguna vez me fuiste infiel? ¿Alguna vez sentiste que yo no era suficiente para ti? – Preguntaba inquisitiva Paloma a Lucio como buscando más un tranquilizante “sí” – Anda, dímelo. Puedes confiar en mí, yo no te lo reprocharía y menos después de 46 años de casados.  

Lucio sentía el dolor de Paloma en sus preguntas.  Ella le dejaba ver el miedo enorme que sentía mientras su momento se acercaba.  Pero Lucio no iba a mentirle, le molestaban esas preguntas pero a la vez sabía que era preciso contestarlas: 

— Quizás quieras oír la respuesta del viudo liberado en el cual tú crees que yo me quiero convertir.  Y entiendo de verdad que tus dudas broten y que desees recurrir a tu memoria que resulta poco confiable estos días.  Pero Amor, voy a detenerte ahora mismo. Voy a detener tu pensamiento para hacerte saber que tú cambiaste mi vida.  Tu mirada fue siempre ese candado que me impidió desprenderme de ti desde el día que te conocí. Te amé cada día que te vi llegar a la prepa, cada clase que sentía tu presencia a mi lado, cada año escolar que terminaba y cada verano que iniciaba junto a ti.  Mi vida eras tú y aún casándonos no pude conseguir alivio; constantemente sentía ese fuerte latido al imaginar que un día me abandonarías.  Tu belleza era tan escurridiza que se me escapaba de las manos como si fuera oro líquido.  Tanto fue así que llegué a convencerme de que cada día contigo era un privilegio.  Cada guiso que preparabas, cada botella de vino que compartíamos, cada paseo por el parque.  Pero si hay algo que nunca olvidaré han sido todos los momentos como éste. Tú y yo a solas. Inventaron después los teléfonos celulares, pero nunca los llevábamos cuando salíamos. Nos bastaba con los dos, sin interrupciones.  Oportunidades se me presentaron a lo largo de estos años, no te mentiré; pero yo no tenía tiempo para aventuras.  Sabía que las horas pasadas con otra serían invariablemente un desperdicio y que cuando llegara a esta edad, sería la única cosa de la cual me arrepentiría.  Puedo afirmarte con seguridad que nunca estuve enamorado de nadie más…¡ni siquiera por un día! Y si tú hubieras tenido un amorío, hubiera fingido ignorar el hecho porque con o sin amantes tú me hacías feliz y yo he sido pleno amándote sólo a ti.  Así que si un día se te vuelve ocurrir convencerme de lo contrario, debes saber que será inútil y que no sabes de lo que hablas.  Que si un día me faltas, después de mi gran tristeza yo me sentiré renacer, como si amaneciera en un mundo nuevo.  Y en esta nueva vida de este nuevo mundo yo te volvería a buscar y yo te volvería a elegir. – Lucio hizo una pausa sintiendo que no podría continuar, pero componiéndose agregó: “Así que no me hables ahorita de infidelidades porque te mando de regreso a la casa.”  

Las olas del mar se oían suaves al estrellarse, era un sonido más bien placentero.  Paloma escuchó a Lucio abrumada de tantas cosas que quería recordar mientras él hablaba.  Se acordó del día de su boda; recordó el día en que tuvo a su primer bebé y a él acompañándola.  Eran recuerdos muy válidos; pero ella necesitaba algo mayor y sabía que estaba ahí, en algún lugar de su memoria perdido y empañado.  Y trajo a cuenta que de aquel recuerdo que buscaba ella tenía prueba. Paloma palpó entonces su abdomen y sintió la cicatriz.  Y recordó.  Recordó que ella llevaba el riñón de su esposo consigo.  Y entonces se detuvo y lo abrazó tan fuerte como el miedo y el amor que habitaban en ella a la vez.  

Cuando se separaron para seguir la caminata, ella detuvo a Lucio de golpe con su brazo y se agachó para recoger de la arena el fragmento de vidrio de alguna botella quebrada que dejaron por ahí.  Lucio miró a Paloma con una sonrisa de agradecimiento y supo que enfrente de él se encontraba el salvavidas de Lo De Marcos. 

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