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EP088: El Macho Sigma

Todos hemos escuchado hasta el cansancio el concepto de “Macho Alfa”. Casi siempre lo relacionamos con la versión viciada del mismo, lo que constituye “masculinidad tóxica”. Imagina a Donald Trump, a Charlie Sheen, a Donald Draper de Mad Men o a DiCaprio en el Lobo de Wall Street y voilá, tienes a tu macho alfa bien representado… en su peor versión. En realidad el macho alfa engloba un conjunto de características y rasgos de la personalidad que no necesariamente son así de nocivos. Es más, en cada sociedad personas así son hasta reconocidas y frecuentemente admiradas hasta la imitación. En su versión afirmativa, ejemplos de machos alfa se podrían encontrar en Barack Obama, Jeff Bezos o Elon Musk. Las películas hollywoodenses están plagadas de este estereotipo, no siempre en su formato más positivo: El Padrino, El Caracortada, Cocodrilo Dundee, Rocky, John McClane (Duro de Matar) y Leonidas de “300”. Tanto ha sido el furor de este arquetipo que ya no sólo es Hollywood el principal propagador, Bollywood y Nollywood están hasta el tope de personajes así. ¿Y porqué? La emergente cultura tardocapitalista, los ebullicientes reaccionarios masculinistas que ven como virtuosos a estas figuras incorregibles, incapaces de mostrar titubeo o arrepentimiento los necesita para vender. Las premisas comunes van más o menos así: UN SOLO HOMBRE contra toda adversidad es capaz de aniquilar a quienes se opongan a su voluntad (llamados por ende “villanos”); obtener algún beneficio dinero o especie para sí o para un grupo de poder y, finalmente, conseguir a la(s) chica(s) como recompensa más para ella(s) que para él.

Así iba mi entendimiento del concepto macho alfa hasta que me topé con el de macho sigma. Mi curiosidad siempre me gana así que inicié la investigación. Inevitablemente caí al hoyo del conejo. Una cebolla de muchas capas que aún me tienen rumiando. Cuántos hombres se han sentido menos por no ser los afortunados poseedores de una fisiología o estructura ósea digna de un alfa o por no ser el alma de todas las fiestas. A cambio llegan a menospreciarse, a desarrollar ansiedades y neurosis, dudar de sí mismos y sumirse en el espacio de la introversión anónima. Pues las cosas no son así. Una cosa no niega la otra. Resulta que esta “jerarquía” psico-socio-sexual tiene ya varias décadas de investigarse, inició con estudios de jaurías de lobos allá por los 40’s y se fueron adaptando los hallazgos a los comportamientos masculinos en nuestras sociedades. No fue sino hasta el 2010 que un “influencer” ultraderechista llamado “Vox Day” quien acuñó el término Macho Sigma al notar que no todos pueden y deben ser alfa.

Siguiendo esta línea, el macho sigma ha llegado al discernimiento que la masculinidad está siendo poco dinámica en inventiva y se ha hecho más bien hasta predecible para el marketing a tal punto que se ha ido encajonando en un reflejo comparativo de las jerarquías animales, como la de los lobos, gorilas y hasta chimpancés. Sin embargo, eso es sólo la superficie ya que al destapar las capas de la masculinidad, el fenómeno de la autoconfianza masculina desdobla en muchas manifestaciones. La siguiente es una representación de esta jerarquía masculina que vemos en la mayoría de las culturas de acuerdo a estos nuevos preceptos:

Jerarquía Socio-Psico-Sexual masculina

Es notable que el Sigma y el Alfa están a mismo nivel y apuntan a las estrellas, sin embargo, el Sigma no se comporta como Alfa por propia elección. Se auto-coloca fuera del concurso y convención social. De hecho, el hombre Sigma es muy parecido al alfa en muchos niveles de carisma, energía, sexualidad e incluso liderazgo. La diferencia está en que el Sigma no quiere reflectores, no necesita reconocimiento constante, depende más en su inteligencia que en su carisma y en cuanto a liderazgo, sabe que su éxito depende muchas veces del desempeño del equipo que forme pero no necesita que lo adulen o señales como el líder a cada momento. En otras palabras, el Sigma es capaz de lo mejor y de lo peor; hace las cosas por sus propios intereses y es capaz de adoptar conductas Alfa pero sólo por un tiempo limitado y consciente de que es con el fin de obtener algo que le interese.

El Sigma es el arquetipo del contra-sistema: ligando es un imán pero no de largo recorrido, no es raro que el Sigma permanezca un perenne soltero y si un día conectara sexualmente con alguien de muy alto perfil, preferirá siempre guardar el secreto y evitar ser el chisme de la semana; cosa que para un Alfa no sólo sería imposible de callar, haría extremo alarde al respecto. El Alfa prefiere que todos sepan que está en la cima. Al Sigma no se le dice cómo vestirse ni cómo comportarse, le gusta romper reglas al trabajar por su cuenta, es administrado con su tiempo y organización y su más grande prioridad es la conservación de su estilo de vida. Le cuesta mucho trabajo adherirse a expectativas o sueños de terceros, por eso normalmente desiste de tener pareja. Su espacio personal es vital, éste le permite seguir aprendiendo, desarrollándose porque necesita por lo general un amplio espacio personal para lograr sus metas. Y hablando de metas, nadie se fija metas como el Sigma. Son los mejores en este respecto y pueden pasar todo un día en la oficina trabajando para conseguir su meta A y luego llegar a casa, cenar o ejercitarse, para luego continuar trabajando en su meta B. Debido a este extremo enfoque, los sigmas consideran el silencio como algo ultra valioso. De hecho, los mejores viajes para el Sigma son los que hace solo y por su cuenta ya que no va “de vacaciones” sino en búsqueda de experiencias. Pasar horas tirado en un camastro a lado de una piscina o en la playa es imposible para el Sigma, al cabo de un rato estará inquieto preguntándose el propósito de estar ahí sin hacer nada.

Estoy tentado a pensar que el Sigma haya tomado preponderancia en nuestra década como resultado de los movimientos que estamos viviendo: #metoo, #blacklivesmatter y la activación de la capacidad económica de los millenials y Gen Z’s en la sociedad. Es este conjunto de características lo que lo hacen algo intrigante y misterioso. Me pregunto si el concepto se irá diluyendo con el tiempo como sucediera con el del hombre “metrosexual”; pero creo en definitiva que es una muestra del avance social en contra del establecimiento tradicional machista y la manósfera. Si te da curiosidad saber cómo son los perfiles Beta, Delta, Gama y Omega éste es un buen lugar.

Algo que queda un poco encontrado con la atmósfera cambiante son precisamente los cánones que prevalecen internos aún en la contraparte femenina. La evolución les ha enseñado a las mujeres que es preferible encontrar una pareja que les aporte ingresos en lugar de costos. Este precepto sigue aún muy arraigado y se manifiesta en un conjunto de creencias insidiosas, entre ellas:

+ Las mujeres prefieren Alfas fuertes.
+ Los Alfa son dominantes, asertivos, adheridos fuertemente a valores cristianos y tradicionales.
+ Las mujeres terminan prefiriendo al “chico malo” que al “buena onda”.
+ Una vez que un hombre es enviado al “Friend Zone” su destino será convertirse en el mero
observador de la vida de la chava que le gusta ya que su orgullo no se levantará del suelo
tan fácilmente.

Por estas razones, me queda claro que es muy tentador para un hombre el creer que para aspirar a tener dinero, sexualidad e influencia debe pertenecer al más alto escaño de la jerarquía y así obtener el éxito que desea para sus metas. Sin embargo, este grupo de uber-machos pone a través de actitudes y conductas peculiares muy en alto el precio de la membresía. Es por eso que debido a la imposibilidad de que todos los hombres se comporten así; antes de sentirse inadecuados, sobre todo ahora que la extrema derecha se ha popularizado en varios países, la proliferación del concepto Sigma ha cobrado la importancia que no había visto desde su incepción.

Creo que para derribar estos tótems sagrados de la masculinidad tóxica se pueden procurar ciertos preceptos orientados a rescatar esta armonía que se busca no sólo entre humanos, sino entre humanos y naturaleza. Muchos de ellos tendrán que ver con adoptar la empatía, la compasión y la consciencia. Uno de los más importantes que se me ocurre es que el pensamiento creativo y la imaginación siempre serán superiores a las tradiciones. No hay tradición que no pueda ser derribada, ajustada, actualizada. Aferrarse a ellas porque “siempre lo hemos hecho así” o porque “no hay nada que pueda sustituirlas” aún cuando en efecto sí lo haya, me parece un símbolo de estancamiento y honestamente, de estupidez.

Es la elección de cada quien adherirse o zafarse. Cada una representa un reto con factura. Un futuro con dos espectros de realidad esperándote. Estamos hablando un alcance indefinido, de un legado como ser humano. Supongo que tiene mucho que ver con la presencia o ausencia de sueños así como los anhelos de libertad de cada persona. Esta comodidad de buscar pertenecer a través de una simple conducta, aunque sea tóxica, es desquiciante. Alejarse del grupo trae añoranza y despojo pero creo que la vida en ese lado ofrece mejores vistas; recompensas a la larga que valen la pena el atrevimiento a ser su propio perfil y sobre todo, sin mirar atrás.

1 comentario en “EP088: El Macho Sigma”

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