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EP056: Realidad-Deidad

El día de hoy aparece la noticia de que una vez más llega a la frontera sur una caravana de migrantes que buscan ingresar a México ya sea a “encontrar un trabajo” aquí o como transición para llegar a los Estados Unidos por la vía ilegal.  A diferencia de otras ocasiones, los migrantes indocumentados fueron detenidos en su propósito de cruce a nuestro país y en su desesperación, empezaron a usar fuerza y violencia en su intento.

Los que vivimos más al norte de México sabemos cuál es el destino final de estas personas.  Sabemos que muy pocos logran realizar su meta de cruzar el río Bravo y adentrarse en los Estados Unidos.  La gran mayoría, y me refiero a aquéllos que lograron literalmente sobrevivir su éxodo, terminan varados ya sea en alguna ciudad fronteriza mexicana o en alguna urbe de mayor tamaño como Monterrey convirtiéndose inequívocamente en mendigos o delincuentes.  En realidad pocos de ellos optan por buscar un trabajo debido a su estatus de indocumentados y es raro que alguien les brinde la oportunidad de un trabajo doméstico ante el total desconocimiento de su origen o de sus motivaciones.  Es en verdad triste y a la vez preocupante este fenómeno social tan deshumanizante que no parece tener fin.

Comparativamente al siglo XIX en Estados Unidos, cuando la gente llegaba con una gran esperanza y búsqueda de libertad desde otros lugares del mundo como Irlanda, Italia, Inglaterra e incluso de medio oriente y África, la recepción era muy distinta a lo que es hoy.  Había más humanismo, más empatía y sobre todo, más trabajos.  Hoy por hoy, el aumento de la población ha ocasionado un cambio en la forma de ver a la gente inmigrante debido a la escasez de oportunidades laborales y de vivienda.  En la actualidad el rechazo a la población inmigrante ha escalado a niveles de violencia y discriminación nunca antes vistos a veces hasta por parte de los altos mandatarios de los países desarrollados.

Entre los países latinos que más migración tienen hacia los Estados Unidos se encuentran México, Guatemala, Cuba, República Dominicana y El Salvador; con Honduras entrando ya reciente a este grupo.  En 2017, un 27% de los residentes estadounidenses nacidos en el extranjero provenían de México, mientras que un 17% de otros países latinos, incluyendo Cuba y El Salvador.  Entendemos las razones de esta migración para países con gran opresión y pobreza, como Cuba, Salvador y Honduras.  Sólo puedo imaginar qué forma de de vida o de gobierno se requieren para orillarte a pensar que la única solución es irse a vivir sin ninguna pertenencia a otro país desconocido permanentemente.  Más aún con todas las dificultades que conlleva ese trayecto en el cual hasta la vida se puede perder.

Pero, ¿cuál es el futuro? A pesar de las obvias dificultades de nacer y crecer en esos países, la natalidad no parece tener freno.  Los gobiernos en extremo corruptos y en algunos casos militarizados,  se sirven sin misericordia de los escasos recursos de sus territorios para sus propios intereses originando así ante la gran desesperación células de población altamente criminales y violentas.  Es entonces que se crea este fenómeno de migración que hoy tanta controversia dispara.  ¿Llegará algún día el punto en que la solución sea que otras naciones absorban las fronteras de países con tan profundos problemas socioeconómicos, independientemente de su soberanía, y asimilen por completo territorio y población?  Difícil decirlo, pero si es tanta la gente que anhela salirse de su país, entonces su realidad no es para nada satisfactoria.

He conocido gente mexicana que se ha ido a vivir a Estados Unidos o Canadá y conozco personas que quieren irse porque ya tienen parientes viviendo allá. Casi siempre, legal o ilegal, terminan lográndolo.  Sin embargo, algo que he percibido en ellos es que, en efecto, terminan ganando más dinero, pero también les surge una nostalgia enorme por México.  Añoran la comida, los amigos, la fiesta, las costumbres, la familia.  Y lo manifiestan en redes sociales cada semana sin falta.  Decía Maya Angelou que “cuando tengas, compartas y cuando aprendas, enseñes”.  Creo que como migrante mexicano en Estados Unidos, a pesar de la nueva abundancia adquirida, en pocos casos veo que mis compatriotas terminen compartiendo o enseñando a otros en aquel país. Creo que cuando uno tiene un propósito de vida basado en el poder externo, como el dinero, las decisiones que se toman terminan siendo brevemente eficaces; como dejando asuntos pendientes (la autorealización o el poder de liderazgo, por ejemplo) o destapando incesantes necesidades basadas más en el tener que en el ser; por eso y a pesar del nuevo ingreso, parecería que de todas formas el dinero no alcanza.

Cada uno tiene un propósito y cada quien elige cómo darle a su tiempo significado o trascendencia.  Cualquiera que sea el camino, indudablemente todos estamos haciendo lo mejor que podemos.  Por eso creo que Dios es la Realidad que te rodea y que cuando uno siente agradecimiento por esa Realidad, uno cambia el contexto de sus oraciones y entonces uno alaba a Dios y seguro nada pone más contento a Dios que cuando lo alaban.  En ese éxodo migrante, en esa búsqueda de una Realidad de agradecimiento, no me queda más que tratar de entender y empatizar con quienes nos muestran sus mejores esfuerzos para conseguirlo.  En muchos casos, con mucho más coraje y valentía que lo que su sufrimiento nos deja percibir de primera impresión.  Lo que más deseo es que un día la gente latina en sus propios países de origen pudieran descubrirse rezando oraciones de “gracias Dios por lo que me brindas, eres grande como sólo Tú” en lugar de “te pido Dios te apiades de mi y de los míos”.

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