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EP010 Streaming

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Netflix nació en agosto de 1997. Aparentemente uno de sus dueños fue a rentar al ahora desaparecido Blockbuster local y al regresar sus películas tuvo que pagar $40 dlls en cargos por retraso. Esto lo enfureció y ahora Netflix es la empresa exitosa y hegemónica del entretenimiento que conocemos. No siempre fue así de exitosa, de hecho la empresa no vio ganancias sino hasta el año 2003 al facturar 272 millones de dólares al año.

En 2004, dos de cada tres hogares contaban con un reproductor de DVD. Hoy, este formato está en vías de extinción y ya muchas casas omiten por completo este dispositivo, mucho menos una colección de DVD’s que representa dinero tirado y estacionado en la mente de muchos pragmatistas.

Para mi, el mainstreaming del streaming ha sido un viaje favorable en más de un aspecto. Me confieso amante del buen cine y de la música en general desde muy temprana edad. Mi primer LP en vinyl que compré se llamaba “15 super hits del ’81”, con eso digo todo. A partir de ahí, mi colección de discos se hizo realmente extensa, al punto de incómodamente extensa tanto en espacio físico como en sacrificio financiero. Al día de hoy, agradezco a Spotify, itunes y youtube enormemente por existir. Me han simplificado a todo mi consumo musical, la forma en que reproduzco, descubro y organizo mi música. Los reproductores ahora mezclan tecnología wifi con bluetooth y en verdad solucionan la vida. Es más, ahora tengo un nuevo problema: ¿dónde reproducir mis CD’s sin tanto problema de cableado? Resulta que ahora tengo que conseguirme un discman, sí, aquéllos portátiles, para poder conectarlo por medio de un cable auxiliar al reproductor Bose 100% inalámbrico. Claro que tenía uno, pero la tecnología me obligó a tirarlo en aquel entonces, y ahora aquí estoy de nuevo buscando aferrarme a la nostalgia. De mis discos de acetato no quiero ni hablar, tuve una pérdida fuera de mi control y en un lamentable hecho todos se perdieron. Al menos ahora no tengo que preocuparme de tener una tornamesa y amplificador para reproducir eso.

Volviendo un poco a Netflix. Así como Spotify me ayudó a simplificar mi necesidad musical como nada antes lo había hecho, Netflix hizo de alguna manera algo similar nada más que en este caso en particular, las complicaciones de tenerlo crecieron por igual. Pues resulta que ahora tengo cientos de miles de horas disponibles de entretenimiento al alcance de mis dedos y vaya que lo he capitalizado. Esto ha afectado en cierta forma otro de mis placeres personales: la lectura. Mientras que antes solía leer un libro o dos al mes, aparte de las revistas que consumía, al día de hoy leer un libro entero en el año se me hace un logro. Ahora se tiene uno que empeñar, determinarse a no encender la TV y dosificarse el uso de la misma, de lo contrario la única lectura recreativa que tendremos será la que encontremos en el Facebook.

¿Será Netflix un signo de los tiempos? ¿Será lo que representa las pocas ganas de leer de la gente, en especial de las nuevas generaciones? ¿Es el conducto por el cual quieren adormecernos, tenernos en casa ajenos y mudos de lo que pasa a nuestro alrededor? En Estados Unidos las compañías de celulares iniciaron la venta de planes que dan ilimitado el streaming de Netflix. Solía ser como en México, redes sociales eran ilimitados en uso, pero ahora vieron que eso es potencialmente peligroso, tener a tanta gente enganchada en las mismas ideas o trending topics. Mejor tenerlos callados y absortos en una serie o película por horas y horas.

Algo aún más incisivo en la influencia de Netflix en nuestras vidas contemporáneas: es el termómetro del nivel de intimidad que las parejas registran. En este momento en el que el sexo es algo tan impersonal, algo que antes era el máximo nivel de intimidad en alguien, hoy está literalmente a menos de una cuadra o media hora de interacción app de distancia, la verdadera intimidad viene cuando las parejas disfrutan de una noche de sábado Netflix más que incluso del sexo. Quien desea estar con alguien en un sofá viendo el streaming TV en compañía de otra persona, entonces eso va en serio. No me dejarán mentir cuando digo que hoy, el silencio compartido es la nueva intimidad, la manera de saber si alguien está enamorándose o enamorado de ti es estar en presencia del otro por horas sin decir palabras mientras estén abrazados o como dicen, empiernados. (sexo aparte)

Quiero disfrutar de la nueva tecnología, quiero ser parte del movimiento entretenimiento masivo, en verdad lo deseo; pero también quiero seguir comprando y teniendo mis CD’s y Dvd’s, sobre todo los que vienen en edición especial con cajas metálicas o libritos con fotos y letras de canciones incluidos. También quiero seguir leyendo, hacer el tiempo para leer ficción lo cual ya de plano jamás hago. Quiero estar en el cine con mi pareja agarrados de la mano o comiendo palomitas para luego comentar en un restaurante la película y el libro que en turno leemos, el CD del artista que nos gusta a ambos. Quiero la intimidad tradicional de regreso, supongo que para conseguirla no se trata de que sólo yo la desee, se necesita que sea también el anhelo compartido de la otra persona. Netflix nos brinda muchas horas de entretenimiento siempre y cuando contemos con una buena conexión wifi pero, ¿por añadidura nos ofrece una conexión aún más potente que el streaming: la conexión humana?

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