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EP009 Pérdida.

perdida

En mi vida he tenido muy pocas veces la experiencia de despedir a seres queridos de este mundo.  Pongo énfasis en “queridos”.  Mis pérdidas han sido más bien de seres vivos que se apartan de mi vida de forma tan abrupta como la muerte. Cuando pierdes a alguien que amas porque decidió alejarse de ti o porque te dio las razones para alejarte de él/ella, el proceso de dolor inicia y creo que es algo tan complejo como la misma muerte.  Frecuentemente ambas situaciones se presentan de forma fortuita y violenta, esto es particularmente traumatizante. A veces, ambas tienden a tornarse predecibles y esperadas; las conductas que la traen son similares.  Sin embargo, veo cómo el individuo sobreviviente, el que se queda con la tristeza de seguir adelante tiene que cargar no sólo con su propio dolor, sino también con lo que la sociedad le pone encima.

Tratar de lidiar con la pérdida desde un sitio de privilegio económico lo hace más llevadero, al menos se puede intentar entender la situación, aceptarla eventualmente y salir adelante recordando que la muerte no significa necesariamente el fin de una relación; que se puede continuar el amor hacia esa persona aunque sea de una forma espiritual e íntima. Pero cuando el evento es enfrentado por alguien carente de recursos, el dolor se afronta duramente, implacable. Es lamentable que la sociedad no sea consecuente con los débiles; la dureza de constatar que se está sin apoyos morales o económicos por parte de empleadores, gobierno o familiares puede ser devastador. Salir adelante en estas condiciones es en sí un reto y obliga a simplemente hacerlo, poniendo todo el énfasis en el plan B y sin opción cancelando todas las emociones, cambiando la aceptación del proceso natural de duelo a solamente negación irracional de los hechos y seguir adelante con la vida porque hay una renta que pagar.

Ahora, si eso es lo que sucede con la muerte física, ¿qué sucede con la muerte del amor? Lo más delicado de este tema para mi no es el que un amor muera.  Es más, a veces es mejor dejar que muera un amor. ¿Porqué? Evitar esa realidad, de que un amor agoniza puede traer el verdadero problema: que tu corazón sea el que muera.  Durante o después de una relación fallida lo que hay que proteger es tu propio corazón, tu capacidad de amar. Despedirte de los sentimientos y luego convencerte artificialmente de que ya no estás para entregar tu corazón a nadie… ¿en serio te convierte en alguien más fuerte? Podremos andar de persona en persona buscando al amor perfecto y nunca encontrarlo.  O podemos elegir no entregarnos nunca más a nadie porque nadie es lo suficientemente bueno para nosotros. Cualquiera de las dos conductas no son más que defensas psicológicas, negación a la realidad de que amar a alguien nos hace vulnerables y ser vulnerables nos da vergüenza, porque nos proyecta débiles y la sociedad no es noble con los débiles.  Pero la muerte, ya sea física o del amor o del corazón no perdona. El dolor de una de ellas vas a enfrentar algún día y qué triste sería que viviéramos sólo constatando cómo nuestro cuerpo se avejenta con el paso de los años, pero que nuestro corazón también. Podrás decir que eso no es tu caso, que puedes vivir una vida sin amor, puede ser que así lo pienses; pero como nadie se engaña a sí mismo, sutilmente saldrá a la luz. Poco a poco, en el trato con los demás, en tu diálogo interior,  se irá asomando la pérdida de tu propio corazón.

Amar de nuevo, nunca dejar de amar, amar incondicionalmente, empezar a amar… son todas signos de vida, de que somos humanos y que podemos perdonar y aceptar y seguir adelante en crecimiento. Sé que la duda principal es ¿y cómo? ¿cómo le hago para ello? ¿Cómo hago para sanar? Quiero esta respuesta, ojalá hubiera una sola fórmula pero entiendo que para cada uno de nosotros existe una respuesta distinta y única a esta cuestión porque esa respuesta es precisamente la que hará que alguien nos acepte y ame por la persona que somos.

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