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EP205: A las puertas del Xanadú.

Los ochenta fueron sin duda una de las décadas más prolíficas en música. Me gustaba que las canciones sonaran muy distintas unas de otras; que los artistas, fueran mainstream o alternativo, crearan con su música, vestimenta y filosofía un estilo conceptual completo y único. Una infinidad de bandas y solistas con tanto qué decir, convertían el puesto número uno de Billboard en un santo grial. Conseguirlo aunque fuera por una semana era la prueba de fuego, incluso para los grandes nombres de la industria (Tina Turner, Fleetwood Mac, Dire Straits, Pink Floyd solo lo consiguieron una vez; Bruce Springsteen, ninguna, por ejemplo). Lograr diez semanas al hilo en la cima sería insólito, romper un récord. En toda la década solo una canción alcanzó ese mérito: «Physical» de Olivia Newton-John en 1981. Es un hecho que, después de ella, varios no solo lo han logrado, sino que lo han superado: «La Macarena» (14 semanas), «Despacito» (16 semanas), «I will always love you» (14 semanas), «The fate of Ophelia», (10 semanas) y la más reciente, «Choosin’ Texas» de Ella Langley (20 semanas). Entre los artistas que han llevado varias canciones al número uno por más de diez semanas están: Drake, Mariah Carey, Adele, Boyz II Men y Santana. Sin embargo, ninguno de estos casos durante los ochenta. ¿Será que ha bajado la competitivad creativa? ¿Será que el marketing es capaz de comprar esas semanas en el top?

Olivia Newton-John tenía un enorme talento y una personalidad magnética a su favor. Ha pasado una semana desde el fallecimiento de Dolly Parton, una estrella que hacía de este mundo un mejor lugar, y quise recordar también el legado de Olivia, una cantante que buscó transmitir con su música un mensaje positivo en el público y que ayudó con su patrocinio a causas universales, como la conservación del medio ambiente y la lucha contra el cáncer. Desde que vi «Vaselina» a mis nueve años, me convertí en su fan. Había algo que me atraía de ella, le seguí la huella hasta que poco a poco, desapareció del mainstream. Se lo atribuyo a su diagnóstico de cáncer de mama, en agosto del ’92. Este fue un mal recurrente en su vida, sostuvo la batalla por treinta años hasta perderla en 2022 a sus 73 años de edad. A pesar de su enfermedad, tuvo una vida muy realizada, encontré anécdotas acerca de ella que desconocía, algunas rozan en lo bizarro.

Olivia nació en Cambridge, Reino Unido, hija de un físico ganador del premio Nobel, pero a los cinco años de edad, su familia se relocalizó en Melbourne, Australia. Su inicio en la música tiene similitudes con el de Kylie Minogue. En 1965, con solo 14 años de edad, cantaba con compañeras de la preparatoria en un grupo que llamaron «Sol Four». A los 15, ganó el concurso de talentos «Sing Sing Sing» y como premio, la mandaron a Inglaterra a grabar canciones para ser lanzadas comercialmente. Fue en esta década que, se juntó con su mejor amiga, Pat Carroll, y formaron un dúo llamado «Pat y Olivia». Hicieron giras por Reino Unido y aparecieron en programas de variedades por televisión. A Pat le ofrecieron participar en un show musical en Australia llamado «The Go!! Show» y ahí conoció a John Farrar, con quien se casó en 1969. Con el tiempo, John Farrar se convertiría en el compositor de los más grandes éxitos de Olivia: «You’re the one that I want» (1978), «Magic» (1980) y «Physical» (1981), las tres números uno en Billboard, así como «Hopelessly devoted to you» (1978) y «A little more love» (1978).

En 1974, Olivia participó en el concurso «Eurovision» representando a Reino Unido. Por elección del público a través de una votación telefónica, le fue asignada una canción que no la convencía del todo llamada «Long Live Love». Su performance quedó en cuarto lugar, eclipsado totalmente por un nuevo grupo proveniente de Suecia de nombre ABBA, que ganó la competición con su éxito «Waterloo». No obstante, este resultado no afectó en nada su evolución profesional, más bien introdujo a ABBA al público europeo y australiano. De hecho, en esta década, Olivia consiguió dos números uno de Billboard: «I honestly love you» (1974) y «Have you ever been mellow» (1975), ambas también escritas por John Farrar. Fue en estos años que se dio a conocer en Estados Unidos como cantante de música country y llegó a ganar cuatro Grammys dentro de este género. Cuando apareció en 1978 en la película «Vaselina» junto a John Travolta ganó estatus de estrella global.

Dos años después, estelarizó «Xanadu», una película musical que mezclaba elementos fantásticos y visuales que no fue bien recibida por la crítica. Con el tiempo se convirtió en película de culto. Soy de la opinión de que, en su momento, fue mal evaluada; porque no era en sí un largometraje, sino un videoclip promocional de alto presupuesto y larga duración, algo que Prince también haría años después con «Purple Rain». Si buscan valor dramático o histriónico en Xanadu, estarían hurgando en el lugar erróneo. Xanadu tiene un excelente soundtrack, musicalizado por Jeff Lyne y la Electric Light Orchestra y, si bien falla en algunas secuencias dialogadas, fue un arriesgado vehículo comercial de sonido e imagen lanzado antes de que existiera MTV o la cultura del videoclip musical.

Hubo tres relaciones importantes en su vida. Dos matrimonios, Matt Latanzi (1984-1995) y John Easterling (2008-2022). La tercera fue con un camarógrafo llamado Patrick McDermott y duró nueve años. Era el tipo de relación inestable, rupturas y reconciliaciones constantes. En Junio 30 de 2005, mientras estaban en un periodo de separación, McDermott desapareció en altamar durante un viaje de pesca en San Pedro, California. Ni la tripulación o los pasajeros notaron su ausencia. Encontraron las llaves de su carro, pasaporte y cartera en el barco. El coche seguía estacionado cerca de la marina. No fue sino hasta julio 11, cuando faltó a una reunión familiar, que lo reportaron oficialmente como desaparecido. Los guardacostas dictaminaron que se perdió en la marea sin poder recuperar el cuerpo. Lo curioso fue el rumor que surgió once años después. Investigadores privados y algunos periódicos aseguraban que McDermott estaba vivo, que en realidad fingió su muerte para escapar de deudas y se había refugiado en México bajo un alias. Trataron de convencer a OIivia de esta teoría, pero ella la desechó y siguió convencida de su fallecimiento. A pesar de ello, sus allegados aseguran que el misterio de la muerte de McDermott la apesumbró hasta el último día de su vida.

No todo fue éxito en la vida de Olivia. La reunión con Travolta en la película «Two of a kind» de 1983 fue un fracaso crítico y taquillero. El tema «Twist of fate» no fue tan popular en ese año; sin embargo, tuvo un fuerte resurgimiento en 2017 al aparecer en el último episodio de la segunda temporada de «Stranger things». También en 1983, en sociedad con su amiga Pat Farrar, fundó la marca Koala Blue y abrieron la primera boutique en la avenida Melrose, en Hollywood. La idea era ofrecer una probadita de Australia en Estados Unidos. Como segunda parte del plan de negocio y capitalizando el nombre de Olivia, expandieron la marca a través de franquicias hasta alcanzar sesenta tiendas en varios países. El rápido crecimiento ocasionó un déficit de proveduría que, aunado a una recesión económica a principios de los noventa, originó varias demandas legales por parte de los franquiciatarios. Koala Blue cerró todas sus tiendas y se declaró en quiebra definitiva en 1992. Ese mismo año lanzó su recopilatorio de éxitos, «Back to basics», y haría su primera gira desde su disco «Physical». El tour se canceló debido a su primer diagnóstico de cáncer de mama (el segundo vendría en 2017).

El repertorio ochentero de Olivia concluyó con dos álbumes de bajas ventas orientados a un público adulto, «Soul Kiss» (1985) y «The Rumor» (1988). El cambio de dirección para las siguientes décadas fue orientado hacia música que alimentara el alma y no a llenar los bolsillos. Grabó varios discos navideños y destacan sobre todo, sus discos con cánticos budistas dedicados al agradecimiento y la celebración de vivir. También se hizo copropietaria del centro holístico Gaia Resort en Byron Bay, Australia. Siempre se reconoció como budista y se tomaba a pecho su religión. En 1978 canceló todos sus conciertos en Japón como protesta contra las masacres de delfines perpetrada por los barcos atuneros japoneses. Fue embajadora de la ONU para el cuidado del medio ambiente y patrocinadora de varias fundaciones a favor de la salud infantil y la investigación contra el cáncer.

En buena parte de las últimas entradas de @elecopersonal se ha mencionado el término «legado». Me pregunto si el legado es el motor principal de los artistas de este calibre, si los impulsa a crear más, a generar más presencia. «Cuando ya no esté, me recordarán por todo lo que hice y lo que les dejé». Pero ya muertos, ¿qué importa? Los muertos no van a ver a la gente cantar sus temas ni bailar sus ritmos. Los muertos no se enteran de las reproducciones en Spotify ni de los tributos que les hacen. ¿Es posible experimentar la trascendencia en vida o es algo que queda al albedrío de los que nos sobreviven? Solo los que vivimos podemos definir que alguien trascendió; el muerto, nunca se enterará. Supongo que es por eso que muchos artistas continúan dando conciertos hasta edades muy avanzadas; son prueba fehaciente del amor de sus fans, una brújula de su trascendencia en tiempo real. El post-éxito de Xanadu o de «Twist of fate» de Olivia Newton nos pertenece a los vivos pues ella, nunca lo conoció. Sin embargo, lo que ella sí vio, fueron los avances científicos para combatir el cáncer a los que ella contribuyó. George Michael y Elton John, dos de los principales donadores de recursos a instituciones de investigación contra el SIDA, fueron testigos de los avances médicos en esa lucha, por mencionar otros casos.

¿Será entonces que el legado más valioso es aquel que se atestigua en vida y que no se posterga para la eternidad? No muchos tienen la fortuna de conseguir lo suficiente para vivir como desean o incluso rebasarlo; pero muchas menos personas viven en la abundancia y la aprovechan para ayudar a resolver las enfermedades o las hambrunas que afligen a media humanidad. Y es que, parecería que la riqueza y el poder se aceptan como los requisitos para la trascendencia. Probablemente, pero por lo general bajo una luz negativa. ¿Acaso somos nosotros el remedio? ¿Es nuestro granito de arena hacer la vida de los que nos rodean más amable, de cuidar nuestras relaciones y fortalecerlas? Se me tildaría de idealista por pensar que en eso consiste el legado viviente, en el impacto que tenemos en los demás y que está ante nuestros ojos y bajo nuestra tutela. Me llega más bien como una decisión consciente, casi diría que una responsabilidad personal, una que, de ejercerla, otorga a cambio orgullo y satisfacción en esta vida y no en el más allá.

Fue un placer revisitar el repertorio de Olivia Newton-John, muchas canciones me regresaron a gratos momentos de la niñez. Aquí mi top 10 + 1:

11. Make a move on me
10. Heart attack
9. Suspended in time
8. Suddenly (con Cliff Richard)
7. A little more love
6. You’re the one that I want (con John Travolta)
5. Magic
4. Hopelessly devoted to you
3. Twist of fate
2. Physical
1. Xanadu


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