escritura, espiritualidad, Experiencias de vida, Food 4 Thought, inner self, la experiencia humana, Life Adventure, mexico, relaciones, Self-improvement, story telling, vida

EP152: El origen de la familia.

Pasé los días de Semana Santa en Fort Worth, TX en compañía de mi primo, su adorable familia y sus papás, mis tíos. Mi tío Alfredo es el hermano mayor de mi mamá y un PhD en agronomía que trabajó prácticamente toda su vida en Estados Unidos como profesor e investigador. No tengo duda de la gran cantidad de papers académicos publicados en su carrera; de hecho, mi primo también siguió el camino investigador y lo hizo en el campo de la medicina como reconocido médico especialista en Hepatología y catedrático. En la primera cena que tuvimos, mi tío me mostró un libro que había escrito acerca del origen de nuestra familia. El libro fue un compendio de notas y apuntes que recolectó a lo largo de años de investigación. Mi primo Esteban se encargó de juntarlos y ordenarlos, pasarlos a un documento editable y después tomó la faena de aprender a maquetar y así poderlo llevar con un impresor local que entregó un ejemplar de doscientas veinticuatro páginas con pasta dura y lomo, del libro proyecto de mi tío, fotografías de archivo incluídas.

Sólo tuve que hojear unas cuantas páginas para quedar enganchado. El documento está redactado en un formato de crónica literaria con un lenguaje objetivo y detallado de los hechos, mencionando fuentes y personajes históricos. Estoy seguro de que este documento lo elaboró bajo los mismos preceptos de imparcialidad respetados en sus investigaciones académicas. Se remonta a los tiempos de la invasión de los moros y la liberación española. Continúa hacia la época de la colonia en México, puesto que el primer antepasado de nuestra familia por el lado de mi abuelo que llegó a la Nueva España, era nativo de la ciudad andaluza de Jerez en la segunda mitad del siglo XVIII. No se sabe si después de arribar al puerto de Veracruz pasó por Ciudad de México o se fue directo al noreste a radicar en las áreas rurales en los territorios de Galeana, Nuevo León.

La evidencia indica que somos descendientes de españoles, pero me deja atónito el hecho de que siempre me sentí atraído por la región de Andalucía, tanto que el año pasado estuve de vacaciones por allá y regresé ansioso de una nueva visita en el futuro cercano. Lo cierto es que el espíritu emprendedor y aventurero, el de hacer brecha, ha sido una constante en la familia por parte de mi abuelo. El fue un notable precursor de las escuelas normales mexicanas cuando el sistema se encontraba en formación y requería de gente preparada, dispuesta a cambios frecuentes de residencia. Mis abuelos vivieron en Monterrey, General Terán, Tamatán (Tamaulipas), Ciudad Guzmán (Jalisco), Nayarit. Los sacrificios estaban a la orden del día, pero la labor de formar maestros era lo principal.

Para mi abuela, la vida fue difícil desde temprana edad. Su papá murió cuando ella era muy chiquita, tenía nueve años. Se quedó con su mamá y si ahora es difícil salir adelante como viuda con una hija menor, sólo puedo imaginar la situación a inicios del Siglo XX, todavía afectados por la Revolución de 1910. A esta problemática se sumaba un agravante: mi bisabuela no estaba casada y por consiguiente, mi abuela era «hija natural», como se les nombraba. Este infundado prejuicio social fue la cruz y el secreto que cargó por toda su vida, evitándolo, desviando temas, y sobre todo, esquivando la existencia de su familia política una vez que su madre se casara con el que se convertiría en su padrastro y padre de dos medias hermanas. No sabemos mucho de esta vena familiar, yo ni siquiera sabía de la existencia de esta información hasta este fin de semana. Al parecer la orfandad prematura de padre fue un factor presente en la familia, es por ello que mi abuelo, ya casado con la abuela, la motivó a estudiar enfermería como un salvavidas a este tipo de situaciones. Su argumento era que si él faltaba, «la vida le iba a ser muy difícil». No se equivocaba. Ésta quizás haya sido la decisión más valiosa en la vida de mi abuela, gracias a su determinación, ella se jubiló como enfermera en el sistema público de salud y pudo vivir una vejez muy digna e independiente.

Esteban y yo tuvimos varias conversaciones sobre el escrito de su papá y los hallazgos que explicaban muchos de los misterios y curiosidades de nuestra familia. Puse en perspectiva la vida que llevamos él y yo en nuestro tiempo, nuestra educación, nuestro patrimonio, las comodidades de las que gozamos. Luego comparamos con lo que la familia avanzó, pensando en mi abuela de nueve años y su mamá en medio de la desolación y la incertidumbre financiera. Le agradezco a mi tío haber tomado tanto tiempo para armar y ofrecernos un texto tan esclarecedor, tan objetivo de nuestra identidad. ¿Quién hace semejante faena hoy día? Mi tío incluso viajó a distintos lugares, en México y España, para corroborar información en registros públicos y para conducir entrevistas con personas involucradas en los sucesos que describe. Llegó al grado de hacerse un examen de ADN para amarrar datos y ampliar conclusiones. Yo que veía a mi tío como un señor jubilado muy tradicional me dejó sorprendido. ¡Qué ejemplar y valiente determinación por el conocimiento!

La noche antes de mi partida, tío Alfredo sufrió un infarto. Al día siguiente lo visité en el hospital y tuve la oportunidad de despedirme antes de regresar a México. El día de mañana estará en el quirófano, espero de verdad que todo salga bien. Sin embargo, en mi despedida no pude evitar ponerme emocional cuando le hablé sobre su relato. Como narradores, llegamos al punto de cuestionar por qué escribimos y a quién le importa el producto de nuestra inspiración. Asumimos la ausencia de lectores y no obstante, concluimos nuestros proyectos porque la consciencia nos dice que no hay otra opción. Una vez terminado el trabajo, vemos lo erróneo de nuestras dudas. Con tan sólo una persona que lo lea, nos damos por satisfechos. Quiero mi copia del libro de mi tío. Algo me dice que no seré el único y un día, sus nietos también lo leerán y se sentirán agradecidos de conocer sus raíces. La historia compartida une a las familias y las familias unidas conforman naciones fuertes.

Dedico esta entrada a mi tío Alfredo, por siempre agradecido de su legado y de haber contribuido a hacer de mi primo Esteban un ser humano tan valioso y tan entero.

Deja un comentario