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EP151: Nadar

Llegué a mis quince años gordito y sedentario. Las consolas de video juegos tenían poco de estar en el mercado y a mí me encantaba pasar horas frente a la TV. Mis papás ya no sabían qué deporte podía interesarme. Papá jugaba béisbol, volibol, tenis, básquetbol. No sé qué tan bien jugaba porque nunca me explicó las reglas ni jugué con él nada de esto; quizás haya sido la razón de mi aburrimiento cuando me llevaba a sus partidos. No obstante, de niño él me metió en clases de judo, a liguillas de soccer y hasta a los boy scouts; todas las actividades en las que él no participaba. Lo que más me gustó de eso fue el judo, lo abandoné después de que me dio hepatitis. Total, decidieron meterme a clases de natación. Yo continué porque se me hacía relativamente fácil y porque tenía un crush con el teacher, ningún motivo más. Después tuve la fortuna de poder hacer el último año de prepa en Estados Unidos. Ese año lo pasé en casa de mis tíos y ellos se encargaron de enrolarme en el programa escolar de natación. Fui expuesto por primera vez a las competiciones deportivas. El proceso de la preparación física y la disciplina del entrenamiento en equipo me atraparon. Ahora entiendo por qué procuran tanto los deportes en ese país, la motivación por ganar de forma individual primero y como parte de un team después te trasciende. Las mariposas en el estómago antes y durante el evento te dan un subidón único. «Espero no hacer el ridículo» es tu único pensamiento al principio, con los años cambia a «ahora sí ganaré el primer sitio». Nada como las tardes de pizza con el equipo después de una competencia, extraño por completo ese ambiente, en especial porque me tocó vivirlo en los ochenta, no imagino cómo será ahora este tipo de convivencia, pero para mí el pegamento de la camaradería llamado triunfo, me brindó grandes amistades y geniales recuerdos.

Continué nadando de manera competitiva por veintitrés años más. Durante ese tiempo, la natación se convirtió en una necesidad; si salía de viaje de negocios o de vacaciones de alguna forma encontraba donde hacer mi entrenamiento, en casa no faltaba ni un día de la semana a la alberca. No imaginaba que este deporte se convertiría en un salvavidas. En 2019 tuve una operación en la rodilla, ¿qué deporte me ayudó a recuperarme? la natación. En 2020 contraje el COVID y las secuelas respiratorias se extendieron por casi un año, ¿qué me ayudó a superarlo? la natación. Estoy ahora mismo volviendo a tener molestia en la rodilla y ya sé qué deporte será de nueva cuenta mi aliado. Si eres un lector padre o madre de familia, debo recomendarte dos cosas: siempre impulsa a tus hijos a una actividad deportiva o que exija destreza física, en el futuro te lo van a agradecer; y, no faltes a sus eventos competitivos, apóyalos, graba sus performances y estúdialos con ellos, si te piden apoyo para elevar su nivel, bríndaselo acorde a tus posibilidades. Procura ser parte de su equipo desde el núcleo familiar. Sólo cosas positivas van a salir, tanto para ellos como para tí. No te lo pierdas, el tiempo pasa rapidísimo. Por otro lado, si sientes la cosquilla de incursionar en actividad física, la natación es un excelente recurso, sé que es difícil de encontrar una alberca que ofrezca este tipo de programas, pero si hay una que se adapte, adelante. Nunca es tarde para empezar a nadar, los beneficios son innumerables. Hoy día, la natación me brinda claridad mental, los problemas o temas que traigo rondando en la cabeza, se resuelven en la alberca. Al término de cada entrenamiento, me siento revitalizado y lleno de energía. Con frecuencia siento pesadez antes de meterme al agua, pero al tiempo que doy mis primeras brazadas y comienzo a sentir el agua deslizarse por los costados del cuerpo, el sentido de satisfacción se activa y cuando menos acuerdo, ya pasaron dos mil metros. ¿Hasta qué edad podré seguir? No sé, pero lo pienso averiguar.

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