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EP195: El Mumblecore.

La experiencia de ser escritor independiente está llena de micro satisfacciones. Los esfuerzos para auto publicarse y auto promoverse los textos son titánicos. No solo hablo de la energía y el dinero que toma la escritura, la corrección y todo el camino de publicar un libro; me refiero también a la angustia que le sigue. ¿Será aceptado? ¿Quiénes van a leerlo? ¿Qué opiniones irán a tener? Si esto sucede en un ámbito reducido de público y de riesgo, solo puedo imaginar la presión que debe haber para los autores detrás de ambiciosas publicaciones por las grandes casas editoriales.

Si es así en el mundo de las letras, en el cine se multiplica exponencialmente. Grandes producciones que han llevado estudios, casas productoras y patrimonios enteros a la ruina. Cuando Robert Redford inauguró el Sundance Film Festival en 1981, seguramente tenía una visión de en lo que se convertiría en un futuro. Sin embargo, la realidad lo rebasó. Existen ahora filmes «independientes» que en realidad son vehículos de productoras reconocidas que se cuelgan el manto del bajo presupuesto y entrar por la traspuerta a las premiaciones (e.g. Moonlight, Nomadland, Whiplash). Más o menos el playbook de las cervezas «artesanales» que son propiedad de grandes cerveceras y se comercializan a precios con márgenes de utilidad mucho más amplios.

En medio de ese océano rojo de competencia, a comienzos de siglo surgen en Estados Unidos los esbozos de un movimiento fílmico en la tradición de aquéllos en Europa como Dogma 95, la nouvelle vague o el cinema verité. Le llamaron «Mumblecore» y se trataba de un grupo de cineastas en el circuito independiente que, ante la escasez de recursos y los riesgos de pérdidas en su inversión, buscaron crear propuestas de bajo presupuesto valiéndose de una cinematografía compacta en escenarios y producción. La intención era retratar un entorno naturalista en diálogos y personajes, haciéndolos más afines al público en general y sobre todo, reales.

Se estima que el término «mumblecore» se acuñó en 2005 con la aparición de la película de Andrew Bujalski, «Mutual Appreciation«. Su director de sonido, Eric Masunaga, fue quien le asignó ese apelativo en función de la naturalidad de los diálogos que, con frecuencia, sonaban como balbuceos de personas ordenando en la mente lo que iban a decir, tal como sucede en las conversaciones cotidianas en la vida real.

De esta forma, las películas del mumblecore reunían características como bajos presupuestos (a veces los escenarios eran las casas de los actores o directores), naturalismo (los directores no se enfocaban tanto en lo que decía un guión, sino en cómo lo decían los actores) y sobre todo, el aspecto personal/confesionario (los filmes eran acerca de ellos y las vidas de sus allegados, casi siempre enfocados en cómo manejan su ingreso a la vida adulta o sus relaciones interpersonales). Como es de esperarse, la improvisación solía ser una constante imprescindible en estos filmes.

Entre los principales exponentes del mumblecore que sobrevivieron esa etapa y lograron una carrera exitosa en el mainstream está la directora Greta Gerwig. Ella se enfocó en robustecer su conocimiento de cultura general y plasmarla en sus películas a través de la frescura de diálogos dichos por, principalmente actrices, de personalidad efervescente; tal como lo mostró en Frances Ha (2012) y lo continuó en cine para masas en la actual década (Lady Bird en 2017 y Barbie en 2023).

Hannah takes the stairs (2007) con Greta Gerwig.

Tal parecía que el mumblecore representaba la tan esperada democratización del cine así como la expulsión del establecimiento que exigía reglas y estándares para que una película fuera «de calidad». Era un movimiento sin manifiesto, algo así como el watt pad para las letras de hoy. El mismo Bujalski dijo que, «las influencias detrás del mumblecore importan menos que las anti influencias», tratando con esto de distanciarse de una etiqueta o agrupamiento. Por lo tanto, cada director del mumblecore tiene sus propios métodos: improvisación en los diálogos pero conservando las peripecias o «giros de tuerca» en la trama, el apego al video digital o el uso del blanco y negro. Lo que prevalece como tronco común es la intención de dejar atrás las convenciones, incluso las del cine independiente del siglo pasado. Es este apetito insaciable por darle un golpe a la ficción (lo falso) y abrir paso a personajes e historias reales. Este factor es lo que hace al mumblecore emocionante.

«Frances Ha» (2012)

La película «Blue Jay» de los hermanos Duplass, junto con la antes mencionada «Frances Ha«, ejemplifican, en mi opinión, el corazón de este movimiento que después engendró el alterno Mumblegore, que no es otra cosa más que terror creativo de bajo presupuesto.

«Blue Jay» (2017) de los hermanos Duplass.

Aquí una lista de los pioneros del movimiento:

  • Noah Baumbach: “Greenberg” (2010), “Frances Ha” (with Greta Gerwig; 2012)
  • Andrew Bujalski: “Funny Ha Ha” (2002), “Mutual Appreciation” (2005), “Computer Chess” (2013)
  • Lena Dunham: “Tiny Furniture” (2010), “Nobody Walks” (2012)
  • Mark and Jay Duplass: “The Puffy Chair” (2005), “Baghead” (2008)
  • Greta Gerwig: “Hannah Takes the Stairs” (with Joe Swanberg and Kent Osborne; 2007), “Nights and Weekends” (with Joe Swanberg; 2008), “Frances Ha” (with Noah Baumbach; 2012)
  • Aaron Katz: “Dance Party, USA” (2006), “Quiet City” (2007)
  • Frank V. Ross: “Audrey the Trainwreck” (2010)
  • Ry Russo-Young: “Orphans” (2007)
  • Lynn Shelton: “Humpday” (2009), “Your Sister’s Sister” (2011)
  • Joe Swanberg: “Kissing on the Mouth” (2005), “LOL” (2006), “Hannah Takes the Stairs” (with Greta Gerwig and Kent Osborne; 2007), “Nights and Weekends” (with Greta Gerwig; 2008); “Drinking Buddies” (2013)

Al final, el llamado de esa sirena llamada Hollywood logró atraer a muchos de los involucrados en la lista anterior. Trabajar para estudios y plataformas de streaming gigantescos, aceptando sueldos y presupuestos elevadísimos, fue tomado por el público como evidencia de que, en realidad, para muchos de ellos, acercarse al mumblecore fue una subida oportunista al tren del momento. Este fue el ocaso de un breve momento en el cine independiente que, si bien trajo varias propuestas relevantes, al final se agotaría debido a una filosofía que se quedó atrapada entre la cruda realidad y la superficialidad.

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