Una sola función en un solo cine en toda la ciudad, pero hice el esfuerzo y acudí al penúltimo día de proyección de la película La voz de Hind Rajab. Para mi sorpresa, la sala de arte donde la vi estaba casi llena. Había personas conversando durante la publicidad antes de que iniciara y recé porque no fueran a continuar la plática durante la película.
A medida que los minutos pasaban, las voces en la sala se extinguieron y en los últimos veinte minutos, se transformaron en sollozos. Yo mismo experimenté el nudo en la garganta provocado por la inquietante propuesta cinematográfica ante mis ojos. Cuando rodaban los créditos y las luces se encendieron, las personas en la sala bajaban las escaleras con caras de congoja. Un fenómeno que tenía muchísimo de no ver.
En enero de 2024, una niña palestina de seis años quedó atrapada en un automóvil en Gaza. Iba con la familia de su tío, incluida su tía y cuatro primos. De pronto, un tanque con militares israelíes los embosca y les dispara, siendo la niña Hind Rajab, la única sobreviviente. Sepultada entre los cadáveres de sus familiares, el celular de su tía será el medio de contacto para pedir ayuda. Pronto veremos de primera mano, en una dramatización de lo que sucedía en el centro de apoyo Media Luna Roja Palestina, ubicado a unos ochenta kilómetros de la franja de Gaza. Los espectadores seremos testigos de la burocracia y el conflicto que desembocan en pura muerte.
No se hubiera logrado semejante resultado de no ser por las excelentes actuaciones del elenco (que también guardan similitud física con las personas reales involucradas). Mención especial a Motaz Malhees, que encarna a Omar, un rescatista que es el único capaz de alzar la voz y reclamar empatía y acción de sus superiores.
Está de moda mezclar varios géneros en una misma obra literaria o cinematográfica. En este caso, tenemos pistas de recursos antes vistos (La zona de interés, No other land, La bruja de Blair), pero nunca de una manera tan potente y real. Todos los audios de comunicación telefónica de parte de Hind Rajab, su mamá y los rescatistas, son reales. Son exactamente como se recopilaron. Esto es lo que, a mediación de película, convierte a este drama en una película de terror, nos mete en la impotencia del observador, el que no puede hacer nada más allá que indignarse. Nos lleva a un asomo de la guerra organizada por tipos de traje y corbata completamente despegados de la realidad que arrastran a cientos de miles de inocentes a un desgarrador final.
Cuando, en un segundo ataque israelí, la niña es herida, solo podemos conmovernos al escucharla decir «tengo frío», «¡ven por mí!» e imaginarla empapada de la sangre de ella y de sus primos. A pesar de que el equipo de ambulancia rescatista está a solo ocho minutos de distancia, no pueden ir por ella porque se debe negociar antes una ruta segura con los diplomáticos israelíes, los cuales, tratándose de estos casos, demuestran una burocracia literalmente, criminal.
Este párrafo contiene spoilers, si es un tema importante para los lectores, brincar al siguiente. Al final, el salvoconducto de los rescatistas llega después de muchísimas horas, sin embargo, los israelitas no lo respetan y los aniquilan. Hind Rajab perece y no es sino hasta unas dos semanas después que pueden ir al sitio a recolectar los cuerpos. Estas imágenes son reales y las muestran hasta el final de la película. No hay más audios, al igual que Hind Rajab, la directora Kaouther Ben Hania enmudeció. En este momento, recordé a cineastas como Wim Wenders o Wes Anderson, que, para evitarse problemas de cancelación, esquivan el comentario político mientras realizan películas cargadas del tema. Por otro lado, ¿por qué nosotros necesitamos del comentario político de actores y directores para formarnos un criterio sobre lo que acontece en el mundo? «Si lo dice Steven Spielberg, entonces está muy bien» o «¿Qué diría Keanu Reeves al respecto?»

La voz de Hind Rajab, deja atrás el concepto de documental, también el de los encabezados periodísticos de guerra. Esta película trae a la consciencia humana una noción de que, la raza humana, entre sus tantas facetas, también conlleva la monstruosidad. El asunto que queda pendiente sería, ¿es equiparable la atrocidad de participar activamente en una guerra a la indolencia de voltear al otro lado y pretender que no existe? ¿Es la compasión un sentimiento extinto en su forma genuina y que tratamos de reproducir solo con el afán de agradar a los demás y ganarnos su favor?
Se aproxima la entrega de Oscares el 15 de Marzo, dentro de la terna de Mejor Película, ingresaron a dos también listadas en la categoría de Película Extranjera. La voz de Hind Rajab no es una de ellas. Recientemente, me he preguntado el propósito de estas dos distinciones, porque, si van a revolverlas, entonces, ¿para qué se molestan con dos categorías? La verdad es que Hollywood no está produciendo buen cine y, si además se van a curar en salud con mensajes simplistas, PR friendly como «el arte no es político», pronto tendremos que arreglárnosla para cazar propuestas cinematográficas interesantes, moviendo nuestro horario para acudir a las 2 de la tarde, al único cine de la ciudad donde las proyecten; o bien, esperando a ver si o cuándo estarán disponibles en alguna plataforma de streaming, un premio de consolación a la pantalla grande.
