Una cosa es escribir y otra es en dónde hacerlo. En un papel, en una piedra, en una barda, en una computadora, en un banner arrastrado por un avión; los escritos cobran vida en múltiples modalidades. Tradicionalmente, leíamos la literatura en un libro. Hoy, vamos más allá del papel y lo hacemos desde una tableta, un kindle, un celular o una laptop. La expansión agigantada de los soportes tecnológicos, abrieron paso a la cultura digital y por ende, a múltiples modalidades de difusión y expresión de la literatura.
La literatura digital es un campo de estudio nuevo y en pleno desarrollo. A veces cuenta con imágenes, a veces, también con sonido, pero lo más característico, es su naturaleza interactiva. Trasciende la experiencia de la simple lectura y juega con la vertiginosidad sensorial. Es por eso que la llamaron «literatura expandida», un ensanchamiento de la actividad literaria hacia el campo del lenguaje audiovisual y la proliferación de canales de difusión. Establece una diferencia entre lo digital y lo digitalizado, entendiendo por el último como una transferencia del papel a bytes. Se concibe digital desde que surge la idea en la mente creativa del autor y mantiene un respeto al legado expandido de antaño: pintas en muros, manifiestos entregados persona a persona en las calles o los diarios personales. Se nutre de algoritmos y crece a partir de las redes sociales. En el mundo de hoy, parecería que una historia solo llega a pertenecerle completamente a alguien hasta que la cuenta y por ende, se han desarrollado infinidad de medios para hacerlo.
Cierto, la expansión no se ha limitado a la literatura; de hecho, inició con el cine y la escultura. Productores y directores comenzaron a grabar en directo obras de teatro y musicales. Produjeron documentales con entrevistas a los involucrados, resaltando la carga emocional en sus testimonios. Pronto, se olvidaron de la pantalla grande para enfocarse en películas destinadas a la televisión. En el ámbito de la escultura, los artistas la convirtieron en paisaje y arquitectura a la vez, como si la obra de arte no se bastara a sí misma y pidiera evolución.
El término de «literatura expandida» no tiene una fecha específica de nacimiento, pero su uso se ha vuelto frecuente quizá de unos quince años a la fecha. Por esta liminalidad entre lo físico y lo digital, no es posible delimitar los tipos de literatura digital en función de su carácter narrativo, lírico o ensayístico. Por la novedad del concepto, desprendido de los géneros literarios tradicionales, se deberían proponer modelos que crucen las variables de la expansión: conectividad, automatismo (algorítmico), interactividad, interfaz, direccionalidad (hipermedialidad), autoría (individual/colaborativa) y lenguaje (verbal, visual, sonoro, imagen-movimiento).
Cada vez más, vemos propuestas ilustradas de narrativa atadas a la historia. Existen libros que contienen ligas hacia versiones en línea de los personajes y sus aventuras, ilustraciones incluidas. En una feria del libro, adquirí de autores independientes ejemplares con signos QR en la última página que, en un caso, conecta a una playlist en Spotify a manera de soundtrack y, en otro, conduce a una interacción en linea donde se pueden elegir finales alternativos a la historia.
Asimismo, miles de escritores se inclinan más por la experiencia de la autopublicación y crearse por sí mismos una base de seguidores/lectores. Se dan de alta en wattpad, FanFiction, wordpress, inkitt e inkspired y se van a la carga contra los autores de siempre, publicados en las editoriales de siempre, distribuidos en los canales de siempre. Existen personas contratadas por estas editoriales para detectar nuevos talentos a partir del número de fans que tienen en estas plataformas, lo cual se traduce en ventas mínimas aseguradas. Con una oferta monetaria y el tour promocional de por medio, los influencers se vuelven autores con textos publicados. Este proceso de legitimización por parte de las instituciones literarias (crítica, teoría y academia) ha originado un horizonte ilimitado en el que cualquier cosa puede ser considerada como expresión artística literaria.
Dado su frecuente carácter experimental, la literatura expansiva requiere, en la mayoría de los casos, una apertura de criterio para acercársele. El close reading se libera y lo que se abraza es la propuesta, una que fue conceptualizada para los tiempos contemporáneos, en la forma más nativa del pensamiento y la creatividad. Desde una pinta de Acción Poética que dice «Estamos a nada de serlo todo», hasta un ensayo subversivo en la dark web exponiendo círculos de tráfico de armas en el país. La literatura expansiva puede ser tomada como el zeitgeist de la generación en turno, como la máxima expresión del ahorita, la brecha entre lo oculto y lo visible, como un escape hacia lo radical. ¿Será nihilismo o existencialismo? Cada cual decide.
En Tokio hay una librería que se llama Marioka Shoten. Abre por horas muy limitadas y en ella solo venden un libro. Nada más uno, nunca dos. El libro elegido por el dueño estará a la venta por una semana únicamente. El local estará por completo volcado sobre ese libro: decoraciones, obras de arte que conversan con la historia, objetos leit motif vinculados a los personajes, escenarios, etc. Al término de la semana, se alistan para la instalación del siguiente título en la lista. Es un marketing atrevido de literatura expansiva, uno en el que se genera la expectativa en el público por conocer el libro de la próxima semana e ir a sumergirse en el universo del autor. Es transformar el 2D del papel empastado en una experiencia holística y multisensorial en 3D. Como dicen, de lo bueno, poco.
Me pregunto qué tan conscientes estamos de la literatura expansiva a la que estamos expuestos día a día. Es probable que, de forma irónica, el exceso de pantallas nos esté robando una parte de esa noción, lo cual demuestra la máxima de que «content is king«, el contenido manda. Independientemente de la calidad, quien lance más contenido tendrá más oportunidad de atrapar las miradas. Nunca antes se había visto un momento en el que podíamos ser universales de criterio, irrespetuosos de las reglas y hospitalarios a los estímulos de tantos creadores, porque todo el mundo sube contenidos, los baja, los comparte, los critica, los alaba, en otras palabras, los percibe. Se ha formado una aldea global expansiva, desdefinida y propositiva, a la que todos estamos invitados. Lo importante es sacar el ticket en viaje redondo.









