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EP175: Flopbusters

EP175: Flopbusters

Hollywood atraviesa un serio problema de taquilla desde el inicio del siglo XXI. Si la renta de videos le quitaba entradas en los ochenta y noventa, los servicios de streaming de la era actual se han convertido en una verdadera amenaza para la industria cinematográfica. Sin embargo, es verdad que en el pecado está la penitencia. Desde que películas como “Tiburón” y “La guerra de las galaxias” acuñaron la palabra “blockbuster” en los setenta, cada estudio se esforzaba por producir el siguiente smash taquillero del año para mantener la maquinita de dinero andando. Les pusieron este nombre a las películas que en realidad eran un fenómeno de popularidad y hacían que las filas de gente esperando comprar un boleto para la siguiente función tuvieran la longitud de cuadras enteras. Las ganancias eran jugosas y muy placenteras para los afortunados que le dieron al clavo. Buscaron replicar el éxito año tras año, por lo general sucedía en verano o navidad. Algunas veces lo lograron con hitazos como “Indiana Jones”, las secuelas de “Star Wars”, “E.T.”, y en épocas más recientes, con “Titanic” y “Avatar”. Con el paso de las décadas y la implementación de complejos multisalas, las filas se redujeron. Ya no eran unos cuantos locales gigantescos ofreciendo funciones limitadas, ahora había un montón de cines cercanos a cada hogar con múltiples opciones de títulos y horarios.

El negocio de producir una película a bajo costo que recaudara millonadas en boletos era el sueño dorado de los estudios. Eventualmente, todos querían tener un “Home alone” o un “Beetlejuice” alineado para cada temporada. El ansia de un blockbuster creció, y pronto dejaron de hacerlos para dos épocas del año únicamente, ampliando la oferta a cualquier semana del año. Ante la proliferación de intentos, las ideas se fueron agotando e inició la guerra de las fórmulas gastadas: innumerables secuelas y franqucias, una inundación de universos Marvel y DC, adaptaciones de video juegos y comics populares y live actions de los clásicos animados. Eso sí, con presupuestos exorbitantes que hacen de la rentabilidad una misión imposible.

Se estima que, para que una película tenga utilidades, necesita una taquilla de 2.5 veces su presupuesto. Con toda la dificultad que es vender boletos de cine en la actualidad, los estudios se han aventado verdaderos riesgos y, a cambio, han obtenido verdaderos fiascos. La más notoria, “John Carter” (2002) con un costo de 456 millones de dólares entre producción y mercadeo, con la decepcionante recaudación de apenas 284, ocasionó a Disney una pérdida de al menos 200 millones de dólares y la cancelación de la carrera de su protagonista, Taylor Kitsch y el despido de Rich Ross, director del estudio en aquel entonces. Pero no termina ahí. La lista de películas con presupuestos superiores a los 160 millones de dólares y fracasos rotundos se ha extendido, tan solo en 2023 y 2024 podemos contar “The Flash”, “Indiana Jones and the dial of destiny”, “Shazam!”, “The Marvels”,  “Argylle”, “The Crow”, “Joker: Folie àdeux”, “Madame Web”, “Megalopolis”, “Furiosa: A Mad Max saga”, “Fly me to the moon”. En 2025 ya hay contendientes para llevarse el fiasco del año, “Blanca Nieves” y “Mickey 17” van a la cabeza, la primera con un costo de 270 millones de dólares y taquilla mundial de 183 (¿qué acaso no aprende Disney de sus errores?) Estas pelis ambiciosas en presupuesto y con fracaso taquillero son conocidas como los “Flopbusters”.

Sin embargo, todos estos títulos se han jugado el pellejo al competir contra el poder de los servicios de streaming, que también hacen sus propias producciones, en muchos casos, tan atractivas para los suscriptores como la cartelera local. Netflix, Amazon Prime, Apple+, Max, Paramount+ están incluyendo nuevos contenidos una semana tras otra, en películas y series por igual. Han devaluado la experiencia de ir al cine e invitan al público a quedarse en casa. Quisiera enfocarme a la producción específica de filmes que buscan competir contra los blockbusters y que vienen respaldados por grandes estrellas y presupuestos tan robustos como los de Hollywood. Estas películas están diseñadas para la TV y no están sujetas a mediciones de taquilla, solo a horas de visualización. Debido a que no hay recaudación monetaria, no es posible saber qué tanto una sola película contribuye al total de dinero recibido por suscripciones de un servicio de streaming. Como regla, son pozos de dinero para atraer y retener audiencias. No son más que otra variante de flopbusters.

Mencionaré como ejemplo inicial a “Damsel”, una película con Millie Bobby Brown (una estrella hecha en Netflix a través del vehículo “Stranger Things”), Angela Bassett, Ray Winstone y Robin Wright. ¡Elencazo! No obstante, quien haya visto la película estará de acuerdo en que no recuerda mucho de ella, más allá de que la trama estaba llena de hoyos, los diálogos en el guión eran pura exposición, las actuaciones eran un cartón y el maquillaje de las protagonistas estaba fabuloso a pesar de la época medieval de la historia. “Damsel” costó 110 millones de dólares producirse pero, ¿cómo considerarlo rentable si no hay boletos imprimiéndose para verla? Los flopbusters tienen estos factores en común:

  1. El guión es fácil de asimilar por un número elevado del público. Debe ser simple y sin riesgos políticos, religiosos, ni propuestas artísticas retadoras. Nada de agenda ni propósito más allá de entretener. Los diálogos son fáciles, irrelevantes, propios de los arquetipos que los recitan. Por otro lado, es importante que el flopbuster pertenezca al género de acción, muchas explosiones, persecuciones y acrobacias.
  2. Es imprescindible conseguir un elenco plagado de caras y nombres famosos. Cualquiera que esté en boca de todos al momento y disponible por tres semanas para filmación. No importa quién mientras sea famos@, que al cabo los personajes son tan genéricos que quien diga “yo”, de alguna forma lo sacará adelante. Aún si detestan el guión, aceptarán, dado el baño de dinero que les ofrecen. Las agencias de representación salivan por este tipo de oportunidades para sus clientes.
  3. Se mercadean ad nauseam. El único propósito de estas películas es hacer que la gente quiera verlas y mantenerlas pagando sus veinte dolaritos mensuales por el servicio de sucripción. En sentido figurado, no son películas. Son comerciales que promocionan la plataforma. Si el trailer muestra toda la trama, ¿qué importa? Más tentación dará de verla, o al menos pretender que es vista. Los flopbusters pueden estar reproduciéndose y el espectador puede a la vez actualizarse en el celular, preparar la cena, limpiar la casa, besar a la novia y de todos modos al final podrá decir: “Palomera. No estuvo mal.”

Y es que los argumentos de los flopbusters son tan genéricos que resultan 100% del tiempo familiares porque los hemos visto mil veces, nada más que no siempre con el actor/actriz que nos gustaría. Por ende, tienen en realización cualquier cantidad de proyectos plagados de famosos recreando historias consabidas para que algún día, en algún hogar, suceda la inevitable conexión de un usuario con algún contenido. Así pues, todos contentos con la pantalla encendida.

El asunto es que, la medición del éxito de estas películas es muy subjetivo. Básicamente está por completo en manos de la plataforma que las promueva. Desde diciembre de 2019, el parámetro que usa Netflix es la cantidad de horas que se haya reproducido, sin embargo, tienen un medidor adicional. Para esta plataforma, una película es considerada como “vista” si alguien la ve por más de dos minutos. (Antes del ajuste que hicieron en 2019 se requería ver al menos un 70%) Netflix argumenta que esta métrica es similar a la de videos de YouTube o artículos del New York Times, aún si los videos del tube duran menos que la mitad de un largometraje o leer un artículo no toma más de diez minutos. Aquí una gráfica que muestra el contraste de los criterios aplicada a películas y series del 2020:

En última instancia, el control lo tiene Netflix y ellos deciden qué información revelan en los reportes semestrales que publican en su sitio oficial. En ellos comparten el dato del total de horas vistas para aquellos títulos que superan las 50,000. Las listas semanales del top 10 pueden ser reales o manipuladas de acuerdo a los estrenos y, como mencionamos antes, el marketing.

En 2024, además de «Damsel», los flopbusters más sonados fueron: (a ver si recuerdan alguno)

«Hit man» con Glenn Powell, «Axel F» última secuela de «Beverly Hills Cop» con Eddie Murphy y el reparto original (se ve que al menos ellos sí se divirtieron), «Back in action» con Jamie Foxx y Cameron Diaz (¿qué tan grande no sería el billete que le ofrecieron para sacarla de su retiro de diez años?), «The Union» con Mark Wahlberg, J.K. Simmons y Halle Berry (¡ni idea!), «Atlas» un sci-fi con J.Lo del que ni ella se acuerda, «Carry on» con Taron Egerton y Jason Bateman (equis), «The six triple eight» con Kerry Washington (producida y escrita por Tyler Perry, quien a este punto, estoy seguro usa la IA para escribir los guiones), «Unfrosted» actuada y dirigida por Jerry Seinfeld (si es antipático en la vida real, ¿también en personaje? Según las críticas de este bodrio, así lo es. «Heart of Stone» con la casi extinta Gal Gadot y un presupuesto de 150 mdd, «Rebel Moon partes 1 y 2» con 160 mdd de costo por ambas.

En Amazon Prime fueron «Road House» con Jake Gyllenhaal (si con Patrick Swayze no fue buena, ¿para qué molestarse en un refrito?), «The idea of you» con lo que queda de Anne Hathaway, «My spy: The eternal city» con Dave Bautista, alguien al que a fuerzas quieren convencernos de permitirle ser otra «Roca», el tema que dejo para el final.

Todas las películas mencionadas costaron más de 80mdd, muchas de ellas, más de 150. Es posible que de pronto, entre las partidas que comprenden los inflados presupuestos, haya facturas carísimas de mobiliarios para las casas de campo de directivos de Netflix, ¿cómo saber? Un dato importante (o escandalizante, depende la óptica) es que al iniciar 2025 tenían 302 millones de suscriptores pagando 20 dlls mensuales, con casi 20 millones de nuevas membresías sumadas durante el último trimestre del 2024. Eso explica el derroche y la cuestionable calidad, hay demasiada prisa por gastar el mar de dinero que recaudan y evitar una inútil carga fiscal.

De regreso a Dwayne Johnson a.k.a «La Roca». El taquillero del siglo. Junto con Tom Cruise, uno de los movie stars sobrevivientes. En 2021 hizo un flopbuster para Netflix a lado de Ryan Reynolds y Gal Gadot de nombre «Red Notice«, con un costo de 200 mdd. De este presupuesto, 80 mdd se usaron para los salarios de ellos tres. En IMDB trae 6.3 de calificación, no tan bajo como podría esperarse. Sin embargo, en navidad 2024, «La Roca» se aventó uno más, esta vez con Amazon, de nombre «Red One«. El agente de Dwayne debe ser mejor negociador que Trump porque les sacó 50 mdd de salario para su representado, lo que representa una quinta parte del costo total del film, coprotagonizado con Chris Evans, J.K. Simmons (again) y Lucy Liu. Debido a que ya estaban muy entrados en gastos y se había programado estrenarla para navidad, en Amazon decidieron que sería mejor llevarlo a salas de cine, por lo que se estima que hubo otros 100 mdd de gastos de promoción.

¿De qué se trata «Red One» como para gastarse 350 millones de dólares y montarse la tremenda faena de recaudar 875 millones de dólares para salir tablas? Aquí la sinopsis: Poco antes de las fiestas, Papá Noel desaparece sin dejar rastro y todo indica que lo secuestraron. Con el tiempo en contra, el jefe de seguridad del Polo Norte contrata a un cazarrecompensas para rescatarlo antes de Nochebuena y salvar la Navidad.

Rotten Tomatoes le dio 30% y durante su corrida por todo el mundo logró recaudar tan solo 185 mdd. Esto rebasa la infame decepción que fue John Carter. No obstante, le dieron luz verde. La dejaron suceder. Tanto así hay de plata. No la he visto, entonces no sé qué decir de ella, pero tan solo con ver el trailer puedo afirmar que me alegro. «Red One» es la prueba del crítico estado del Hollywood actual.

Es abril de 2025 y Netflix ya se apuntó a la competencia con «The Electric State», una peli de sci-fi con mucha acción y desbordada de efectos especiales. Estelarizada de nuevo por la luminaria de casa predilecta, Millie Bobby Brown, y el galán jurásico Chris Pratt. Es, de acuerdo a Netflix, la producción original más cara que han hecho a la fecha, 320 millones de dólares. Por lo pronto ya superó a «Red One» no solo en costo, sino en Rotten Tomatoes con un bajísimo 15% de aprobación pero, ¿qué importa? Los suscriptores siguen aumentando. No hay manera de saber dónde acabará esta carrera que se siente muy cercana a lavandería de dinero.

Algo sucedió en el tiempo que se hizo imposible filmar una película por los 30 u 80 millones de dólares. La industria se polarizó y se repartió entre los indie films de bajo costo y los blockbusters (y también flopbusters) En 2013, Steven Spielberg vaticinó la implosión de los filmes de alto presupuesto y la resurrección de los de costo medio. No dijo cuándo sucedería, ojalá sea lo antes posible porque a como están las cosas, la gente continúa alejándose de las salas y quedando a merced del flopbuster casero. ¿Será que se llegó la hora de reencontrar el entretenimiento en la lectura o el deporte? Pues lo que sea, hacer Tik Toks, ir a festivales de música o al estadio de fútbol, lo que sea, menos andar de viciosos, que para eso mejor ver «Red One» en el Prime.

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